Documento preparatorio para el Sínodo de la Familia

El Papa ha convocado para octubre de 2014 un Sínodo Extraordinario sobre "la Familia en el contexto de la Evangelización". A continuación ofrecemos el "Documento preparatorio" y "el cuestionario" enviado a toda la Iglesia.

I – El Sínodo: familia y evangelización

La misión de predicar el Evangelio a toda la humanidad ha sido confiada  directamente por el Señor a sus discípulos y es la Iglesia quien lleva adelante  tal misión en la historia. En el tiempo que estamos viviendo, la evidente crisis  social y espiritual llega a ser un desafío pastoral, que interpela la misión  evangelizadora de la Iglesia para la familia, núcleo vital de la sociedad y de  la comunidad eclesial. La propuesta del Evangelio sobre la familia en este  contexto resulta particularmente urgente y necesaria. La importancia del tema  surge del hecho que el Santo Padre ha decidido establecer para el Sínodo de los  Obispos un itinerario de trabajo en dos etapas: la primera, la Asamblea General  Extraordinaria del 2014, ordenada a delinear el “status quaestionis” y a recoger  testimonios y propuestas de los Obispos para anunciar y vivir de manera creíble  el Evangelio de la familia; la segunda, la Asamblea General Ordinaria del 2015,  para buscar líneas operativas para la pastoral de la persona humana y de la  familia.

Hoy se presentan problemáticas inéditas hasta hace unos pocos años,  desde la difusión de parejas de hecho, que no acceden al matrimonio y a veces  excluyen la idea del mismo, a las uniones entre personas del mismo sexo, a las  cuales a menudo es consentida la adopción de hijos. Entre las numerosas nuevas  situaciones, que exigen la atención y el compromiso pastoral de la Iglesia,  bastará recordar: los matrimonios mixtos o interreligiosos; la familia  monoparental; la poligamia, difundida todavía en no pocas partes del mundo; los  matrimonios concordados con la consiguiente problemática de la dote, a veces  entendida como precio para adquirir la mujer; el sistema de las castas; la  cultura de la falta de compromiso y de la presupuesta inestabilidad del vínculo;  formas de feminismo hostil a la Iglesia; fenómenos migratorios y reformulación  de la idea de familia; pluralismo relativista en la concepción del matrimonio;  influencia de los medios de comunicación sobre la cultura popular en la  comprensión de la celebración del casamiento y de la vida familiar; tendencias  de pensamiento subyacentes en la propuestas legislativas que desprecian la  estabilidad y la fidelidad del pacto matrimonial; la difusión del fenómeno de la  maternidad subrogada (alquiler de úteros); nuevas interpretaciones de los  derechos humanos. Pero, sobre todo, en ámbito más estrictamente eclesial, la  debilitación o el abandono de fe en la sacramentalidad del matrimonio y en el  poder terapéutico de la penitencia sacramental.

A partir de todo esto se comprende la urgencia con la cual el episcopado  mundial, cum et sub Petro, considera atentamente estos desafíos. Por  ejemplo, si sólo se piensa que en el actual contexto muchos niños y jóvenes  nacidos de matrimonios irregulares no podrán ver jamás a sus padres acercarse a  los sacramentos, se comprende el grado de urgencia de los desafíos puestos por  la situación actual, por otro lado difundida ampliamente en la “aldea global”, a  la evangelización.

Esta realidad presenta una singular correspondencia con la amplia acogida que  está teniendo en nuestros días la enseñanza sobre la misericordia divina y sobre  la ternura en relación a las personas heridas, en las periferias geográficas y  existenciales: las expectativas que se derivan de ello acerca de las decisiones  pastorales sobre la familia son muchas. Por lo tanto, una reflexión del Sínodo  de los Obispos sobre estos temas parece tanto necesaria y urgente, cuanto  imperativa, como expresión de la caridad de los Pastores, no sólo frente a todos  aquellos que son confiados a ellos, sino también frente a toda la familia  humana.

II- La Iglesia y el Evangelio sobre la familia

La buena noticia del amor divino ha de ser proclamada a cuantos viven esta  fundamental experiencia humana personal, de vida matrimonial y de comunión  abierta al don de los hijos, que es la comunidad familiar. La doctrina de la fe  sobre el matrimonio ha de ser presentada de manera comunicativa y eficaz, para  que sea capaz de alcanzar los corazones y de transformarlos según la voluntad de  Dios manifestada en Jesucristo.

En relación a la citación de las fuentes bíblicas sobre el matrimonio y  la familia, se indican en el presente texto sólo las referencias esenciales. Así  también para los documentos del Magisterio parece oportuno limitarse a los  documentos del Magisterio universal de la Iglesia, integrándolos con algunos  textos del Pontificio Consejo de la Familia e invitando a los Obispos que  participan en el Sínodo a referirse a los documentos de sus respectivos  organismos episcopales.

Desde siempre y en las más diversas culturas no ha faltado nunca la enseñanza  clara de los pastores ni el testimonio concreto de los creyentes, hombres y  mujeres, que en circunstancias muy diferentes han vivido el Evangelio sobre la  familia como un don inconmensurable para la vida de ellos y de sus hijos. El  compromiso del próximo Sínodo Extraordinario es impulsado y sostenido por el  deseo de comunicar a todos, más incisivamente este mensaje esperando que, de  este modo, «el tesoro de la revelación encomendado a la Iglesia vaya llenando  los corazones de los hombres» (DV 26).

El proyecto de Dios Creador y Redentor

La belleza del mensaje bíblico sobre la familia tiene su fundamento en la  creación del hombre y la mujer, ambos hechos a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,24-31; 2, 4b-25). Unidos por un vínculo sacramental indisoluble,  los esposos viven la belleza del amor, de la paternidad, de la maternidad y de  la dignidad suprema de participar así en la obra creadora de Dios.

En el don del fruto de la propia unión asumen la responsabilidad del crecimiento  y de la educación de otras personas para el futuro del género humano. A través  de la procreación, el hombre y la mujer cumplen en la fe la vocación de ser  colaboradores de Dios en la custodia de la creación y en el crecimiento de la  familia humana.

El Beato Juan Pablo II ha comentado este aspecto en la Familiaris  Consortio: «Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26s): llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al  mismo tiempo al amor. Dios es amor (1Jn 4,8) y vive en sí mismo un  misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen y conservándola  continuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer  la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de  la comunión (cf. Gaudium et Spes, 12). El amor es por tanto la vocación  fundamental e innata de todo ser humano» (FC, n. 11).

Este proyecto de Dios creador, que el pecado original ha trastornado (cf, Gn 3,1-24), se ha manifestado en la historia a través de las vicisitudes del  pueblo elegido hasta la plenitud de los tiempos, cuando, con la encarnación del  Hijo de Dios no sólo quedó confirmada la voluntad divina de salvación, sino  también, con la redención, fue ofrecida la gracia para obedecer a esa misma  voluntad.

El Hijo de Dios, el Verbo hecho carne (cf. Jn 1,14) en el vientre de la Virgen Madre,  vivió y creció en la familia de Nazaret y participó en las bodas de Caná  enriqueciendo la fiesta con el primero de sus “signos” (cf. Jn 2,1-11).  Él ha aceptado con alegría la hospitalidad familiar de sus primeros discípulos  (cf. Mc 1,29-31; 2,13-17) y ha consolado el luto de la familia de sus  amigos de Betania (cf. Lc 10,38-42; Jn 11,1-44).

Jesucristo ha restablecido la belleza del matrimonio proponiendo nuevamente el  proyecto unitario de Dios, que había sido abandonado por la dureza del corazón  humano, aún en la tradición del pueblo de Israel (cf. Mt 5,31-32;  19,3-12; Mc 10,1-12; Lc 16,18). Volviendo al origen, Jesús ha  enseñado la unidad y la fidelidad entre los esposos, reprobando el repudio y el  adulterio.

Precisamente a través de la extraordinaria belleza del amor humano – ya  celebrada con matices inspirados en el Cantar de los Cantares y  prefigurada en el vínculo esponsalicio exigido y defendido por Profetas como  Oseas (Os 1,2-3,3) y Malaquías (Ml 2,13-16) – Jesús ha confirmado  la dignidad originaria del amor conyugal del hombre y de la mujer.

La enseñanza de la Iglesia sobre la familia

También en la comunidad cristiana primitiva la familia aparece como «Iglesia  doméstica» (cf. CCC 1655). En los llamados “códigos familiares” de las  Epístolas Apostólicas neotestamentarias, la grande familia del mundo antiguo es  considerada como lugar de la solidaridad más profunda entre mujeres y maridos,  entre padres e hijos, entre ricos y pobres (cf. Ef 5,21-6,9; Col 3,18-4,1; 1Tm 2,8-15; Tt 2,1-10; 1P 2,13-3,7; cf. además la Epístola a Filemón). En particular, la Epístola a los Efesios ha visto en  el amor nupcial entre el hombre y la mujer «el gran misterio», que hace presente  en el mundo el amor de Cristo y de la Iglesia (cf. Ef 5,31-32).

En el curso de los siglos, sobre todo en la época moderna hasta nuestros días,  la Iglesia no ha hecho faltar su constante y creciente enseñanza sobre la  familia y sobre el matrimonio que la fundamenta. Una de las expresiones más  altas ha sido propuesta por el Concilio Ecuménico Vaticano II, en la  Constitución pastoral Gaudium et Spes, la cual, refiriéndose a los  problemas más urgentes, dedica un capítulo entero a la promoción de la dignidad  del matrimonio y de la familia, como aparece en la descripción de su valor para  la constitución de la sociedad: «Así, la familia, en la que distintas  generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabiduría y a  armonizar los derechos de las personas con las demás exigencias de la vida  social, constituye el fundamento de la sociedad» (GS 52). De especial  intensidad es el llamado a una espiritualidad Cristocéntrica para los esposos  creyentes: «los propios cónyuges, finalmente, hechos a imagen de Dios vivo y  constituidos en el verdadero orden de personas, vivan unidos, con el mismo  cariño, modo de pensar idéntico y mutua santidad, para que habiendo seguido a  Cristo, principio de vida, en los gozos y sacrificios de su vocación, por medio  de su fiel amor, sean testigos de aquel misterio de amor que el Señor con su  muerte y resurrección reveló al mundo» (GS 52).

También los Sucesores de Pedro, después del Concilio Vaticano II, han  enriquecido con su Magisterio la doctrina sobre el matrimonio y sobre la  familia, en particular Pablo VI con la Encíclica Humanae vitae, que  ofrece específicas enseñanzas sobre los principios y sobre la praxis. Sucesivamente el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Familiaris  Consortio ha querido insistir en este aspecto, al proponer el designio  divino sobre la verdad originaria del amor de los esposos y de la familia, en  estos términos: «El único “lugar” que hace posible esta donación total  es el matrimonio, es decir, el pacto de amor conyugal o elección consciente y  libre, con la que el hombre y la mujer aceptan la comunidad íntima de vida y  amor, querida por Dios mismo (cf. Gaudium et Spes, 48), que sólo bajo  esta luz manifiesta su verdadero significado. La institución matrimonial no es  una ingerencia indebida de la sociedad o de la autoridad ni la imposición  intrínseca de una forma, sino exigencia interior del pacto de amor conyugal que  se confirma públicamente como único y exclusivo, para que sea vivida así la  plena fidelidad al designio de Dios Creador. Esta fidelidad, lejos de rebajar la  libertad de la persona, la defiende contra el subjetivismo y relativismo, y la  hace partícipe de la Sabiduría creadora» (FC 11).

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge estos datos fundamentales: «La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer  constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus  leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los  cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el  matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento [cf. GS 48,1; CIC can. 1055, §1]» (CCC 1660).

La doctrina expuesta en el Catecismo se refiere tanto a los principios  teológicos como al comportamiento moral, tratados en dos títulos distintos: El sacramento del matrimonio (nn. 1601-1658) y El sexto mandamiento (nn.2331-2391). La atenta lectura de estas partes del Catecismo ayuda a la  comprensión actualizada de la doctrina de la fe, que ha de sostener la acción de  la Iglesia ante los desafíos del presente. Su pastoral se inspira en la verdad  del matrimonio considerado en el designio de Dios, que ha creado el hombre y la  mujer y en la plenitud de los tiempos ha revelado en Jesucristo también la  plenitud del amor esponsalicio elevado a sacramento. El matrimonio cristiano  fundado sobre el consenso y también dotado de efectos propios, como los bienes y  las obligaciones de los esposos, sin embargo no ha sido sustraído al régimen del  pecado (cf. Gn 3, 1-24), que puede procurar heridas profundas y también  ofensas a la misma dignidad del sacramento.

La reciente Encíclica del Papa Francisco, Lumen Fidei, habla de la  familia en su vínculo con la fe que revela «hasta qué punto pueden ser sólidos los vínculos humanos  cuando Dios se hace presente en medio de ellos» (LF 50). «El primer ámbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la  familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como unión estable de un hombre y  una mujer: nace de su amor, signo y presencia del amor de Dios, del  reconocimiento y la aceptación de la bondad de la diferenciación sexual, que  permite a los cónyuges unirse en una sola carne (cf. Gn 2,24) y ser  capaces de engendrar una vida nueva, manifestación de la bondad del Creador, de  su sabiduría y de su designio de amor. Fundados en este amor, hombre y mujer  pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida y que  recuerda tantos rasgos de la fe. Prometer un amor para siempre es posible cuando  se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos  permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada». «La fe no es un refugio para gente pusilánime, sino que  ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocación al amor, y  asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena ponerse en sus manos,  porque está fundado en la fidelidad de Dios, más fuerte que todas nuestras  debilidades» (LF 53).

III – Cuestionario

Las siguientes preguntas permiten a las Iglesias particulares participar  activamente en la preparación del Sínodo Extraordinario, que tiene como objetivo  anunciar el Evangelio en los actuales desafíos pastorales en relación a la  familia.

1 -  Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la  Iglesia en relación a la familia

a) ¿Cuál es el real conocimiento de las enseñanzas de la Biblia, de la Gaudium et Spes, de la Familiaris  Consortio y de otros documentos del  Magisterio post-conciliar sobre el valor de la familia según la Iglesia  Católica? ¿Cómo nuestros fieles son formados en la vida familiar según las  enseñanzas de la Iglesia?

b) Allí donde se conocen las enseñanzas de la Iglesia ¿son éstas integralmente  aceptadas? ¿se verifican dificultades para ponerlas en práctica? ¿Cuáles?

c) ¿Cómo se difunden las enseñanzas de la Iglesia en el contexto de los  programas pastorales a nivel nacional, diocesano y parroquial? ¿Qué catequesis  se ofrece sobre la familia?

d) ¿En qué medida – y en particular en relación a qué aspectos – dichas  enseñanzas son realmente conocidas, aceptadas, rechazadas y/o criticadas en  ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan  la plena recepción de las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia?

2 -  Sobre el matrimonio según la ley natural

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto a  nivel institucional, educativo y académico, como a nivel popular? ¿Qué visiones  antropológicas se dan por sobrentendidas en el debate sobre el fundamento  natural de la familia?

b) ¿Es comúnmente aceptado, en cuanto tal, el concepto de ley natural en  relación a la unión entre el hombre y la mujer, de parte de los bautizados en  general?

c) ¿Cómo es contestada, en la práctica y en la teoría, la ley natural en lo que  respecta a la unión entre el hombre y la mujer en vista de la formación de una  familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y  eclesiales?

d) ¿Cómo se deberían afrontar los desafíos pastorales que surgen cuando  bautizados, no practicantes o que se declaran no creyentes, piden la celebración  del matrimonio?

3 – La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización

a) ¿Qué experiencias han sido maduradas en las últimas  décadas en orden a la preparación al matrimonio? ¿Cómo se ha tratado de  estimular la tarea de evangelización de los esposos y de la familia? ¿En qué  modo se puede promover la conciencia de la familia como “Iglesia doméstica”?

b) ¿Se ha logrado proponer estilos de oración en familia, que  sean capaces de resistir ante la complejidad de la vida y de la cultura actual?

c) ¿En qué modo las familias cristianas han sabido  realizar la propia vocación de trasmitir la fe en la actual situación de crisis  entre las generaciones?

d) ¿De que manera las Iglesias locales y los movimientos de  espiritualidad familiar ha sabido crear caminos ejemplares?

e) ¿Qué aporte específico han logrado dar los  matrimonios y las familias, en orden a la difusión de una visión integral del  matrimonio y de la familia cristiana, que sea creíble hoy?

f) ¿Qué atención pastoral ha demostrado la Iglesia  para sostener el camino de los matrimonios en formación y de aquellos que  atraviesan por una crisis?

4 – Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales  difíciles

a) ¿Es una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular la convivencia ad experimentum? ¿Es posible estimar numéricamente un porcentaje?

b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento religioso ni civil? ¿Hay  datos estadísticos confiables?

c) ¿Son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular los que están  separados y los divorciados casados de nuevo? ¿Cuál es el porcentaje  numéricamente estimable? ¿Cómo se enfrenta esta realidad a través de programas  pastorales adecuados?

d) En estos casos: ¿Cómo viven los bautizados su irregularidad? ¿Son concientes  de ella? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven  con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?

e) ¿Qué piden las personas divorciadas y casadas de nuevo a la Iglesia a  propósito de los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las  personas que se encuentran en estas situaciones ¿cuántas piden dichos  sacramentos?

f) ¿Podría ofrecer realmente un aporte positivo a la solución de las  problemáticas de las personas implicadas la agilización de la praxis canónica en  orden al reconocimiento de la declaración de nulidad del vínculo matrimonial? Si  la respuesta es afirmativa ¿en qué forma?

g) ¿Existe una pastoral orientada a la atención de estos casos? ¿Cómo se  desarrolla esa actividad pastoral? ¿Existen al respecto programas a nivel  nacional y diocesano? ¿Cómo es anunciada a los separados y a los divorciados  casados de nuevo la misericordia de Dios? ¿Cómo se pone en práctica el apoyo de  la Iglesia en el camino de fe de estas personas?

5 - Sobre las uniones de personas del mismo sexo

a) ¿Existe en el país una ley civil de reconocimiento de las uniones de personas  del mismo sexo equiparadas, de algún modo, al matrimonio?

b) ¿Qué actitud asumen las Iglesias particulares y locales ante el Estado civil,  promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, y también ante las  mismas personas implicadas en este tipo de uniones?

c) ¿Qué atención pastoral es posible desarrollar en relación a las personas que  han elegido vivir según este tipo de uniones?

d) ¿Cómo habría que comportarse pastoralmente, en el caso de uniones de personas  del mismo sexo que hayan adoptado niños, en vista de la transmisión de la fe?

6 -  Sobre la educación de los hijos en las situaciones matrimoniales  irregulares

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes, en  relación a los niños nacidos y educados en familias regularmente constituidas?

b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué piden? ¿Sólo los  sacramentos o también la catequesis?

c) ¿Cómo las Iglesias particulares intentan responder a la necesidad de los  padres de estos niños de ofrecer una educación cristiana para sus hijos?

d) ¿Cómo se desarrolla la praxis sacramental en estos casos: la preparación, la  administración del sacramento y el acompañamiento?

7 -  Sobre la apertura de los cónyuges a la vida

a) ¿Tienen los cristianos un real conocimiento de la doctrina de la Humanae vitae sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia se tiene del valor  moral de los diferentes métodos de control de los nacimientos? ¿Qué  profundizaciones podrían ser sugeridas sobre esta materia desde el punto de  vista pastoral?

b) ¿Es aceptada la mencionada doctrina moral? ¿Cuáles son los aspectos más  problemáticos que dificultan la aceptación en la gran mayoría de los  matrimonios?

c) ¿Qué métodos naturales son promovidos de parte de las Iglesias particulares  para ayudar a los cónyuges a aplicar la doctrina de la Humanae vitae?

d) ¿Cuál es la experiencia respecto a este tema en la praxis del sacramento de  la Penitencia y en la participación en la Eucaristía?

e) ¿Qué contrastes se detectan entre la doctrina de la Iglesia y la educación  civil en relación a esta temática?

f) ¿Cómo se puede promover una mentalidad más abierta a la natalidad? ¿Cómo se  puede favorecerse el aumento de los nacimientos?

8 -  Sobre la relación que existe entre la familia y la persona

a) Jesucristo revela el misterio y la vocación del ser humano ¿La familia es  realmente un ambiente privilegiado para que esto tenga lugar?

b) ¿Qué situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir  un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?

c) ¿En qué medida las crisis de fe que las personas pueden atravesar inciden en  la vida familiar?

9 -  Otros desafíos y propuestas

¿Existen otros desafíos y propuestas en relación a los temas tratados en este  cuestionario que merezcan ser considerados como urgentes o útiles?