D. Juan José Asenjo pide “anunciad a Jesucristo con valentía, con audacia y sin complejos”

La fiesta de Ntra. Sra. de la Fuensanta congregó a centenares de personas que se acercaron un año más hasta el Santuario para honrar a la patrona de Córdoba.

fuensantaEn la festividad de la Natividad de la Santísima Virgen y, con ella, la solemnidad de Ntra. Sra. de la Fuensanta, D. Juan José Asenjo presidió la Santa Misa que estuvo concelebrada por el Cabildo Catedralicio y el clero parroquial, y que contó con la participación de la coral de Ntra. Sra. de la Fuensanta.

El Sr. Obispo comenzó su homilíamanifestando su alegría por celebrar una vez más la festividad de la patrona de Córdoba. María -señaló- “es el lucero que precede al Salvador, la aurora que disipa las tinieblas de la noche y que nos entrega a Cristo, luz del mundo, la luz que recibimos el día de nuestro bautismo y que estamos llamados a acrecentar, a no ocultarla debajo del celemín, sino a ponerla sobre el candelero para que alumbre a todos, cercanos y lejanos”.

También, pidió “anunciad a Jesucristo con valentía, con audacia y sin complejos. Anunciad a Jesucristo, luz de las gentes, que brilla en nuestras obras en la medida en que vivimos la vida de Cristo y la comunión con la Iglesia. Que la Santísima Virgen, aurora que precede al Salvador, nos ayude a todos a ser portadores de luz, lámparas vivientes en nuestras obras, en nuestras vidas, en nuestras profesiones y en nuestra familia”. Por ello, señaló que la fiesta la Natividad de María “nos invita a vivir la virtud de la esperanza, la esperanza laboriosa y activa, que no es la ingenuidad bobalicona de quien espera que la providencia de Dios le saque de los atolladeros en que le sume su indolencia. La nuestra debe ser una esperanza penetrada de optimismo sobrenatural y de confianza en las promesas de Dios, que guía indefectiblemente a su Iglesia con la fuerza de su Espíritu, que de los males saca bienes”.

Recordando la frase de San Pablo en la carta a los Filipenses (4,4-5): “Estad siempre alegres”, D. Juan José Asenjo señaló que “el testimonio de nuestra alegría es uno de los servicios más importantes que podemos prestar a la Nueva Evangelización. Sólo desde la alegría del que se sabe en la verdad y cree lo que anuncia podemos predicar el mensaje de Jesús. La Buena Noticia de Jesús no se puede comunicar desde la tristeza, porque la desvalorizamos. Sólo desde la alegría y el entusiasmo que fluye por todas partes en el libro de los Hechos se entiende el éxito de la evangelización en los primeros compases de la era cristiana”.

En este sentido reconoció que “el mundo de hoy necesita más que nunca del testimonio cotidiano de almas sencillas, que plenamente poseídas por el Espíritu e incorporadas a Cristo crucificado, comuniquen a los hombres la alegría de la salvación, la alegría de sentirnos amados por nuestro Padre Dios. En ocasiones y en algunos ambientes éste será el único testimonio que podremos dar, el de nuestra alegría, que siempre inquieta e interpela”.

Tras la celebración de la solemne eucaristía, que concluyó con el rezo de la Salve, los fieles se acercaron a venerar la imagen de la Virgen.