“Cuando el gitano abre el corazón, es para siempre”

El Papa Francisco mantuvo el primer domingo del mes de junio un encuentro en Rumanía con la comunidad gitana. Una cita en la que pidió perdón a esta comunidad por “la discriminación, segregación y maltrato” que ha sufrido a lo largo de la historia, también por parte de los cristianos.

“En la Iglesia de Cristo hay un lugar para todos. Si no fuese así no sería la Iglesia de Cristo. La Iglesia es lugar de encuentro y tenemos necesidad de recordarlo no como un bello slogan, sino como parte del carnet de identidad de nuestro ser cristianos”, dijo el Pontífice antes de añadir: “Llevo un peso en el corazón. Es el peso de las discriminaciones, de las segregaciones y de los maltratos que han sufrido vuestras comunidades. La historia nos dice que también los cristianos, también los católicos, no son ajenos a tanto mal. Quisiera pedir perdón por esto. Pido perdón —en nombre de la Iglesia al Señor y a vosotros— por todo lo que a lo largo de la historia, os hemos discriminado, maltratado o mirado de forma equivocada, con la mirada de Caín y no con la de Abel, y no fuimos capaces de reconoceros, valoraros y defenderos en vuestra singularidad. A Caín no le importa su hermano”.

Como afirmó el Santo Padre: ¡Cuántas veces juzgamos de modo temerario, con palabras que hieren, con actitudes que siembran odio y crean distancias! Es necesario conocer a las personas, conocer las realidades que nos rodean, en este caso, a la comunidad gitana. “Los gitanos somos hijos de Dios y necesitamos el calor de la Iglesia y de todos sus miembros”, indica Pepe Vacas, uno de los responsables de la Pastoral Gitana de la diócesis cordobesa.

En la diócesis de Córdoba son casi un centenar los que conforman la Pastoral Gitana. Empezó con poquita gente, porque muchos de ellos se decantaron por el culto evangélico, pero tras el encuentro con el Papa de todos los gitanos del mundo en Roma hubo un antes y un después en esta pastoral, siendo Córdoba el que mayor número de gitanos llevaba. A partir de este encuentro, se incorporó más gente a la pastoral, sobre todo muchos jóvenes que poco a poco han ido participando en esta realidad de la Diócesis, que además es referente para toda España. Muchos de ellos, durante este tiempo han decidido formarse para caminar junto a la Iglesia y recibir el Sacramento de la Confirmación, como ocurrió el pasado domingo, en el templo principal de la Diócesis, donde fueron Confirmados por el Obispo un total de 21 gitanos. “Ver que estos adultos y jóvenes están conociendo el mensaje de Jesús, diciéndole sí al Espíritu Santo para ser evangelizadores, es una maravilla por la que doy gracias a Dios”, indica el sacerdote Antonio Murillo, consiliario de esta pastoral que cada domingo se reúne en la parroquia de Jesús Divino Obrero para celebrar la eucaristía y mantener vivo el mensaje de Jesús. Murillo, elogia las palabras del Papa en el reciente encuentro con gitanos en Rumanía y sumándose a su mensaje, invita a todo el pueblo cristiano a aprender de los valores de los gitanos, porque ellos nos pueden dar muchas cosas positivas: “En pocos grupos he encontrado el interés por la formación cristiana que estoy encontrando en la pastoral gitana”.

Miembros de una misma sociedad

Es una realidad que ha evolucionado y a pesar de ello, todavía desconocida para muchos. En contra de lo que se muestra en algunos ámbitos de la sociedad, son personas cada vez más formadas, más insertadas en la sociedad ocupando cargos importantes como médicos, abogados, ingenieros, maestros o enfermeros, entre otros. “Vivimos y trabajamos como cualquiera. Los gitanos no somos ni mejores ni peores que otras personas, somos distintos, tenemos unos valores y unos sentimientos muy fuertes que cuando la gente los conocen, se quedan enamorados porque el gitano tiene algo muy importante y es que cuando abre el corazón, es para siempre”, relata Pepe Vacas, una persona que espera cada día la ayuda de Dios, de su Madre, la Majarí Calí como la llama el pueblo gitano, y del Espíritu Santo para seguir caminando y creciendo en esta pastoral. “La Virgen nos está ayudando mucho”, asegura. Tanto que familias como la de Cristóbal Flores, no conciben su vida sin estar junto a la pastoral. “Desde hace seis años soy director de Liturgia de la pastoral gitana, he crecido en una familia gitana católica, he estudiado en Salesianos y trabajo como guía en los alrededores de la Catedral, pero lo verdaderamente importante en mi vida es formar parte junto con mi familia de la Iglesia y de la comunidad gitana; me ayuda muchísimo y tengo la necesidad de estar en la pastoral”, explica.

Sin duda, es una pastoral viva, alimentada por la fuerza de la oración y del Espíritu; una pastoral que como explica uno de sus miembros, Enrique Heredia, quiere seguir llevando la Palabra del Señor a todas las casas de los gitanos manteniéndose unidos y firmes en la fe.

 

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