Cristo ha resucitado, aleluya

Monseñor Demetrio Fernández recuerda que "el acontecimiento de la resurrección de Jesús debe ser el acontecimiento más estudiado de todos los tiempos" y que "mientras no nos encontramos de verdad con Jesucristo, a nivel personal como una experiencia propia, no llegamos a ser existencialmente cristianos"

Carta del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, para Pascua:

Vuelve un año más la celebración de la resurrección del Señor. Un acontecimiento que ha cambiado la historia de la humanidad y ha cambiado el corazón de muchas personas.

Un acontecimiento real, histórico y transcendente.

Los discípulos estaban sumidos en un momento bajo de sus vidas. Habían puesto su esperanza en Jesús, y esa esperanza quedó defraudada con el escándalo de la Cruz. Ver a su Maestro colgado de un madero, como un malhechor, como un maldito de Dios, supuso un escándalo insuperable. Nos pasa a nosotros muchas veces. Cuando las cosas van bien, es fácil descubrir la presencia y la acción de Dios en nuestra vida, en nuestra historia. Pero cuando las cosas van mal, cuando aparece una contrariedad, cuando nos topamos de frente al mal en nosotros o en los demás, viene la oscuridad y no sabemos cómo responder.

Y en esas, corre la noticia de que el muerto sepultado no está allí. Qué ha pasado? Un ángel da la explicación: No está entre los muertos el que vive, ha resucitado. Jesús se aparece a las mujeres y las hace testigos de su resurrección. Y éstas lo comunican a Pedro y a Juan, que van corriendo al sepulcro. El sepulcro no contenía ya el cadáver que allí se había depositado y por la colocación de la sábana y las vendas se veían trazos de algo grande ocurrido esa mañana. Y enseguida vinieron las apariciones, una tras otra: a los apóstoles, a los discípulos de Emaús, en el Cenáculo. Y más adelante, junto al lago, en plena faena de pesca, etc.

A los apóstoles les cambió la vida totalmente. De una situación sin esperanza pasan a una explosión de gozo y entusiasmo, que se va multiplicando a medida que unos y otros lo han visto y concuerdan en el anuncio. Ellos se convirtieron en pregoneros de esa buena noticia para el mundo entero hasta el día de hoy. La Iglesia tiene esta tarea.

El acontecimiento de la resurrección de Jesús debe ser el acontecimiento más estudiado de todos los tiempos. Desde todos los puntos de vista. Es tan fuerte el hecho que ha interrogado a personas de todo tipo, en todas las épocas y en todos los campos de la vida. Y Jesús ha ido mostrando a cada uno aquella certeza que transmiten los primeros: Es verdad, ha resucitado. Uno de ellos fue san Pablo, perseguidor de la Iglesia, que se topó de bruces y sin esperarlo con Jesús resucitado en el camino de Damasco, cayendo del caballo: “Yo soy Jesús a quien tú persigues”, le dijo el Señor.

Esa experiencia cristiana se repite en nuestra vida. Mientras no nos encontramos de verdad con Jesucristo, a nivel personal como una experiencia propia, no llegamos a ser existencialmente cristianos. Hemos sido bautizados de niños, pero Jesucristo no ha entrado en nuestro corazón hasta que no lo descubrimos presente en nuestras vidas, hasta que no experimentamos su misericordia como un efecto benéfico de su redención.

No cabe el engaño ni la ilusión, no cabe la trampa y o la sugestión colectiva. El creyente ve que todo casa al aceptar la resurrección del que ha muerto en la Cruz. Y el no creyente dejará sin explicar lo que los apóstoles nos anuncian. Pero en un caso y en otro la fe será fruto de una gracia del Espíritu Santo en el corazón de quien está abierto a esos dones.

Y cuando uno ha tenido ese encuentro personal con Jesús resucitado, no puede callar. Se convierte en testigo –con su vida y con sus palabras- de esa transformación que va cambiando el mundo en cada generación.

Para los cristianos es la fiesta principal del año, que llena todas las jornadas de nuestra vida y que da sentido pleno a nuestra vida presente y futura. Que llegue a todos la alegría de la Pascua. Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado. Aleluya.

 

Recibid mi afecto y mi bendición. Santa Pascua:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba