Comienza el Año de la Misericordia

Desde el martes 8 de diciembre ha dado comienzo el Año Santo de la Misericordia. Un Jubileo de toda la Iglesia Universal, que concluirá el 20 de noviembre de 2016.

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El Papa Francisco lo ha convocado, mediante la Bula “Misericordiae vultus”, y ha deseado que se viva intensamente en todas las iglesias particulares. “Celebrar un Jubileo de la Misericordia significa poner en el centro de nuestra vida personal y de nuestras comunidades el contenido esencial del Evangelio: Jesucristo. Él es la Misericordia hecha carne, que hace visible para nosotros el gran Amor de Dios”, explicó el Papa Francisco en la catequesis del miércoles, 9 de diciembre, al día siguiente de abrir la Puerta Santa, del Jubileo de la Misericordia. El Obispo de Roma dijo que “se trata de una ocasión única para experimentar en nuestra vida el perdón de Dios, su presencia y cercanía, especialmente en los momentos de mayor necesidad”. Y aclaró que el Jubileo significa además “aprender que el perdón y la misericordia es lo que más desea Dios, y lo que más necesita el mundo, sobre todo en un momento como el actual en el que se perdona tan poco, en la sociedad, en las instituciones, en el trabajo y también en la familia”.

“Hay que tener en cuenta que la raíz de la falta de misericordia está en el amor propio, que se reviste bajo el manto de la búsqueda del propio interés, de los placeres, los honores y las riquezas. También en la vida de los cristianos está presente bajo el aspecto de la hipocresía y la mundanidad. Por eso, necesitamos reconocer que somos pecadores, para que se fortalezca en nosotros la certeza de la misericordia de Dios”, afirmó Francisco.

En Córdoba, este jubileo se iniciará oficialmente el próximo domingo, 13 de diciembre, con la apertura de la Puerta Santa en la Catedral, a las 11:30 de la mañana.

Misericordiosos como el Padre

El lema escogido -Misericordiosos como el Padre- nos recuerda una doble acción para este año: la necesidad de gozar personalmente la Misericordia que Dios tienen con cada uno de nosotros y, a la vez, como consecuencia lógica el deber de ser misericordiosos con los demás. Pero, ¿cómo podemos concretar la misericordia en nuestra vida cotidiana? A través de las “14 obras de misericordia”, clásicas en la enseñanza de la Iglesia, divididas en 7 obras materiales y 7 obras espirituales.

Las 7 obras espirituales

1. Enseñar al que no sabe

Nadie sabe todo en esta vida. La Sabiduría plena es una cualidad propia sólo de Dios. Todos necesitamos que nos enseñen. Igualmente, todos podemos y debemos enseñar al que no sabe, no desde la soberbia sino desde el servicio. Especialmente, esta obra se debe realizar con los más pequeños y desfavorecidos.

2. Dar un buen consejo al que lo necesita

Hay muchas ocasiones en la vida en la que nos tropezamos con personas que viven una situación de incertidumbre, de no saber qué hacer o cómo salir de un bache. Estar cerca y dar un buen consejo según Dios es una excelente forma de ayudar. Igualmente, en más de una ocasión seremos nosotros los que necesitemos “luz” en nuestra vida.

3. Corregir al que se equivoca

La corrección fraterna es una obra de misericordia, siempre que se realiza desde el respeto y la caridad. Todos somos conscientes de que diariamente nos equivocamos, por lo tanto, con mucha humildad ayudemos a salir de posibles errores a otros, pero sobre todo recordemos eso de no querer sacar la paja del ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro.

4. Perdonar las ofensas

Perdonar es siempre una tarea difícil. Cuando hemos recibido una herida de alguien tenemos la tentación de la venganza. Se trata de una obra de misericordia que el mismo Jesús introduce en la oración del Padrenuestro “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

5. Consolar al que está triste

El consuelo no es sacar del dolor, ni evitar las causas del mismo. En esta vida todos sufrimos y esto es inevitable y puede ser hasta una ocasión de santificación. Consolar es muchas veces estar y escuchar, dedicar tiempo al otro. No es lo mismo sufrir sólo que sufrir con la cercanía y la compañía de alguien.

6. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

Esta es una de las pruebas grandes de la caridad cristiana, que nos lleva a amar a los demás por encima de sus cualidades y de sus defectos. Esta obra se complementa con la de corregir en los errores. En concreto, se trata de ejercitar la paciencia, tener calma, dejar tiempo al crecimiento personal de los que nos rodean.

7. Rogar a Dios por vivos y difuntos

Es la gran obra de confianza en la bondad de Dios. Se trata de poner bajo la acción de la gracia y de la providencia divina a los que Dios ha puesto cerca de nosotros y a los que puso cerca de nosotros. Especialmente, esta misericordia se debe ejercitar con los que han fallecido y que necesitan de nuestra oración para finalizar de purificarse.

Las 7 obras corporales

1 y 2. Dar de comer al hambriento y de beber al sediento

Se trata de cubrir una de las necesidades más básicas como es el sustento necesario para el cuerpo. Una obra de tremenda actualidad ante las dificultades de tantas familias. Pero, igualmente, esta obra adquiere un sentido sobrenatural, pues otro alimento igualmente necesario es el alimento de la eucaristía.

3. Acoger al forastero

Casi con total seguridad, por distintos motivos, no podemos acoger a gente en nuestro hogar, pero si podemos ser acogedores. Hombres y mujeres de fácil acceso para los demás, que empatizan incluso con extraños, que evitan tener prejuicios desde el primer momento. Especialmente, en un mundo de tanto movimiento migratorio, los cristianos nos debemos distinguir por ser hermanos de todo hombre de cualquier clase, condición, raza o nación.

4. Visitar y cuidar a los enfermos

Los enfermos y los mayores viven una situación de especial debilidad y prueba. Estar junto a ellos y hacerles ver y sentir que son muy queridos es una gran obra de misericordia. A buen seguro que tenemos en nuestro entorno muchas maneras de ejercer esta acción.

5. Vestir al desnudo

Vivimos en una sociedad marcada por las continuas modas, por un consumismo desmesurado muy marcado a la hora de vestir. El cristiano está llamado a la sencillez en esta materia y a cuidar especialmente su generosidad. ¿Por qué no ser más austeros en nuestro vestir y aportar ese gasto a contribuir en paliar las necesidades de otros?

6. Visitar y redimir a los presos

En la Iglesia existe una pastoral específica en esta materia. En Córdoba está coordinada por el Secretariado de pastoral penitenciaria presente en la vida diaria de los reclusos. Valorar y apreciar la labor de sacerdotes, consagrados y voluntarios entre ellos. Y en nuestra vida acoger y evitar prejuicios ante personas que han podido pasar por esta etapa en sus vidas.

7. Enterrar a los muertos

Vivimos en una sociedad donde esta obra se ha generalizado. Quizás esta acción, en el ámbito cristiano, pueda ser actualizada cuidando especialmente nuestra manera de vivir con fe la pérdida de amigos y familiares.

Bula del Papa Fracisco Misericordiae Vultus

Preguntas sobre el Año Santo y lugares para alcanzar el jubileo