Cofradías, diezmos y capirotes

Artículo del Obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández González.

Las Cofradías y Hermandades están en plena faena durante estas semanas que preceden a la Semana Santa. Fiestas de Hermandad, Quinarios, Viacrucis, puesta a punto de bandas y costaleros, repartos de túnicas. Todo tiene un objetivo: lucir con mayor esplendor si cabe los pasos de la Cofradía en su cortejo procesional, representando alguna escena de la pasión del Señor. Toda la ciudad se convierte en una catequesis ambulante, y niños y adultos vuelven a contemplar impresionados el amor de Cristo que se entrega a la muerte voluntaria y libremente por nosotros, para perdonar nuestros pecados. Si no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Pero no, ha resucitado y vive para siempre y espera llevarnos con él a la gloria, aunque tengamos que pasar por la pasión y recorrer los caminos del dolor, como María su madre bendita.

En este contexto, se hizo público la norma del obispado de aportar el diezmo de las Cofradías al fondo común de la diócesis ¿No aportan los hijos para el sostenimiento de la casa común? ¿O son huéspedes en la Casa de Dios? El diezmo no es un lujo añadido, sino la cuota de pertenencia, el signo de la comunión eclesial en metálico, porque no somos espíritus puros, sino espíritus encarnados. Las Cofradías han surgido en el seno de la Iglesia, son Iglesia, no son meras asociaciones de vecinos o foros culturales, y se sienten responsables de sostener a la Iglesia en sus necesidades, como reza el quinto mandamiento de la Iglesia, de obligado cumplimiento. Por su parte, las Cofradías reciben ayuda continua de la Iglesia para su sostenimiento, para mantener su identidad, para ser cada vez más Cofradías de Iglesia Católica.

¿Desvestir a un santo para vestir a otro? No. Un Seminario necesita una capilla, una iglesia propia, más incluso que una cancha de deporte. Es lo que sucede en la iglesia de san Pedro de Alcántara. Hace quince años esa casa fue entregada al Seminario Redemptoris Mater. Ya es hora de que los seminaristas tengan iglesia propia, y no tengan que celebrar los santos misterios, que configuran la vida de un futuro sacerdote, en un desván o en el coro. Su lugar es la iglesia y con este destino el templo San Pedro de Alcántara alcanza el uso más noble que puede alcanzar: lugar de formación de futuros sacerdotes. Los usos que esta iglesia tenía hasta el presente pasan a segundo lugar, y las Cofradías que tenían aquí su sede social encontrarán un lugar mejor y más adecuado para sus fines. Todo tiene su explicación, y todos tienen derecho a que se respeten sus intereses. En la Iglesia hay espacio para todos.

Preparemos la Semana Santa. Es el momento culminante de las Cofradías de Penitencia, es el momento culminante del creyente que celebra con fervor estos santos misterios. Nuestra ciudad se beneficia de este acontecimiento religioso. La Iglesia, también en su expresión cofrade, aparece no como un parásito, sino como bienhechora de la sociedad.