Carta Semanal de Mons. Demetrio Fernández: “¡Ha resucitado!”

La resurrección de Jesús inaugura en su carne una vida nueva, como nunca anteriormente el hombre había podido imaginar.

La noticia corrió como la pólvora en aquella mañana de Pascua. Aquel primer día de la semana las mujeres iban al sepulcro, donde habían dejado el cadáver de Jesús, para terminar de amortajarlo. Y se encontraron con la gran sorpresa de la resurrección del Señor. Corrieron a decírselo a los apóstoles, vinieron Pedro y Juan hasta el sepulcro y creyeron en la resurrección del Maestro, al que antesdeayer habían visto colgado en la cruz, muerto de amor por los hombres.

Aquella misma tarde se dejó ver por los discípulos de Emaús, cuando iban desanimados, como de retirada a sus casas. Estos volvieron corriendo hasta Jerusalén, para contar lo que habían visto y oído. Y cuando llegaron, Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con vosotros” (Jn 20,19). Las apariciones del resucitado se sucedieron en los días siguientes a quienes él quería mostrarse, hasta “más de quinientos”, según nos cuenta san Pablo (1Co 15,6). Cuarenta días de apariciones, hasta el día de la Ascensión a los cielos.

Cristo ha resucitado, es decir, ha inaugurado una vida nueva, que Dios tiene preparada para todos nosotros. No es que Jesús después de la muerte volviera a esta vida terrena. Si así fuera, tendría que volver a morir. No. La resurrección de Jesús inaugura en su carne una vida nueva, como nunca anteriormente el hombre había podido imaginar. La resurrección de Jesús nos ha abierto de par en par las puertas del cielo, porque el cielo consiste en estar con Jesús.

Tampoco hemos de entender la resurrección como una supervivencia después de la muerte, a manera de reencarnación, como si Jesús hubiera tomado otro cuerpo distinto. Ha resucitado con su mismo cuerpo, aquel que había sido depositado cadáver en el sepulcro, y ha sido transfigurado por la resurrección.

Cristo resucitado es Cristo glorioso, lleno del gozo de Dios para siempre. El que nos ha dicho su amor con el lenguaje del sufrimiento, ahora vive glorioso y gozoso en el cielo junto a su Padre. Y nos anuncia que ese es el destino de todo hombre. También nosotros resucitaremos, y nuestro cuerpo será transfigurado.

Cristo resucitado es Cristo victorioso. Ha habido una lucha, ha habido sangre por medio. La lucha ha supuesto la muerte, como si el luchador hubiera sido derrotado. Sin embargo, la resurrección ha colocado en su lugar al que se ha dejado vencer, haciéndolo vencedor.

Cristo resucitado ha vencido la muerte, ha vencido al pecado, ha vencido a Satanás. La victoria de Cristo por la resurrección es una victoria rotunda e irreversible. En Cristo, el hombre ha vencido definitivamente. He aquí el fundamento de la esperanza cristiana.

El pecado y la muerte ya no son la última palabra. La última palabra es la Vida, la vida plena, que sólo en Jesucristo podemos alcanzar.

Que el gozo de Cristo resucitado os llene el corazón de alegría. Feliz Pascua de resurrección a todos.

 

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba