“Cantan tu gloria, Cristo sacerdote”

Antonio Gil hace esta semana una reflexión de la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote en Al Trasluz

"Cantan tu gloria, Cristo sacerdote, los cielos y la tierra: a ti que por amor te hiciste hombre y al Padre como víctima te ofrendas", cantábamos en el Himno de Laudes, el pasado jueves, fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Gran jornada para la reflexión. Me gustaría evocar unas palabras del cardenal Sarah, dirigidas a los sacerdotes: "Es esencial que el sacerdote tome plena conciencia de que, por encima de todo, es un hombre de Dios y un hombre de oración. No debe dejarse atrapar por el mundo, como si el tiempo consagrado a Cristo en una oración íntima y silenciosa fuese tiempo perdido". Y el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, en una ordenación de cinco sacerdotes, les dijo estas palabras: "El Señor Jesús es quien os ha mirado con cariño, os ha mirado y os ha llamado para confiaros su propia misión, comprometiéndose a estar con vosotros siempre. Cada sacerdote, cada uno de vosotros, sois un gran regalo para la Iglesia y para el mundo". Y el papa Francisco, también en una ordenación sacerdotal, decía: "Desempeñad con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con la intención de agradar únicamente a Dios y no a vosotros mismos".

La silueta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, nos invita siempre a sentirnos "maestros de la Palabra, ministros de los sacramentos y guías de la comunidad", en esta hora tan difícil y de tantas encrucijadas como vive la sociedad. Por eso, más que nunca, nuestra misión sacerdotal es tan urgente, tan apasionante y tan necesaria.

 

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