CAMINOS DE ENCUENTRO

El próximo domingo 10 de julio la Iglesia española celebra la Jornada de Responsabilidad en la Carretera a través de la Comisión Episcopal de Migraciones.

El lema escogido para este año “CAMINOS DE ENCUENTRO” quiere ser un reconocimiento a todos los usuarios y profesionales del volante que hacemos de las calles y carreteras el lugar cotidiano de vida y trabajo con el deseo de basar nuestros caminos en el amor, la justicia y la fe para favorecer el encuentro de Dios con todos los hombres que en Jesucristo nos ofrece el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14, 6). Pero a la vez quiere tener muy presentes a los millones de jóvenes de todo el mundo que, convocados por el Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud, se pondrán en camino para peregrinar hasta Madrid desde los cinco continentes, para que “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” puedan encontrar y comunicar la experiencia gozosa del Señor Jesús, resucitado y vivo.
La movilidad humana es un hecho de gran trascendencia para nuestra sociedad que engloba a miles de profesionales y usuarios del volante que especialmente durante los meses de verano, producirán por millones los desplazamientos cuyo destino es el descanso y el encuentro con la familia y los amigos. El fenómeno de la movilidad afecta prácticamente a toda la sociedad. ¿Quién no ha usado alguna vez un medio de transporte? ¿Quién no conoce o sabe de alguien que ha sufrido un accidente? Diariamente los medios de comunicación nos recuerdan con trágicas noticias los peligros que encierra la conducción. En realidad, los accidentes en carretera provocan al año la muerte de cerca de 1,3 millones de personas; en otros 50 millones alguna incapacidad o lesión, y constituyen la principal causa de mortalidad entre los jóvenes en edades comprendidas entre los 10 y los 24 años.
Ante este hecho tan alarmante, en el año 2004, la Asamblea General de la ONU abordó seriamente el problema con el objeto de sensibilizar a la opinión pública acerca de las proporciones del fenómeno y realizar las recomendaciones precisas para la seguridad vial. Sin embargo, mucho antes, el Papa Pablo VI ya había reclamado la atención sobre la «demasiada sangre que se derrama cada día en la lucha absurda contra la velocidad y el tiempo» (cf. Pablo VI, Discorso ai partecipanti al Dialogo Internazionale per la moralizzazione dell’utenza stradale, 2 de octtobre de 1965). El Beato Juan Pablo II, también reclamó en numerosas ocasiones y en la misma línea de sus predecesores la necesidad de instaurar una “cultura de la carretera” mediante el estricto cumplimiento del código de la circulación.
El Apostolado de la Carretera, como acción concreta de la Iglesia, pretende despertar y fomentar la “cultura de la carretera” a fin de orientar la actuación de toda persona en el sentido de la responsabilidad moral como conductores o peatones, respetando la vida de sus hermanos desde el estricto y escrupuloso cumplimiento de las normas de tráfico. La doctrina de la Iglesia ha sido siempre muy contundente al afirmar que conduciendo en determinadas condiciones, infringiendo conscientemente las leyes del tráfico y poniendo en peligro la vida propia o ajena, supone una violación de la ley moral debido al carácter voluntario del acto (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1737).
Los cristianos debemos ver la carretera como un medio de apostolado con el que buscar la perfección y la salvación, también la de nuestros hermanos, peregrinos y viajeros en el mismo camino de la vida. Por este motivo la carretera debe ser lugar de anuncio y vivencia de la fe cristiana en coherencia con nuestro comportamiento como conductores y peatones; dando en todo momento razón de nuestra esperanza mediante el ejercicio de la caridad, la mansedumbre, la prudencia y la responsabilidad, impidiendo causar cualquier daño físico o moral a cualquier persona o cosa. Y finalmente, gozar del viaje favoreciendo la convivencia y el encuentro con Dios y los hermanos. ¡Qué hermoso iniciar y finalizar nuestros viajes rezando! Aprovechar nuestros largos trayectos para elevar nuestras almas a Dios en la contemplación de los bellos paisajes, adorar a Jesús Sacramentado escondido en los sagrarios de la multitud de iglesias que divisamos a lo lejos, rezar el Santo Rosario, escuchar alguna meditación o sintonizar Radio María que tanto bien está haciendo. En definitiva, sembrar nuestros caminos de bien y amor a Dios (cf. Hch 10,38).
Aprovechemos la oportunidad que nos brinda esta Jornada para hacernos presentes en este ámbito tan global como es “el mundo del volante”, donde nuestra oración, cercanía y acompañamiento tanto bien puede hacer a nuestros hermanos y familiares que viven pendientes de la carretera. Nuestra caridad cristiana ayudará a amortiguar la tragedia que puede evitarse pero que lamentablemente se sigue vistiendo de dolor y sufrimiento, junto a la crisis actual que acosa y persigue a cuantos honrada y ejemplarmente hacen depender su pan del volante.
Siguiendo las palabras del Santo Padre Benedicto XVI llamemos a la prudencia y responsabilidad en el tráfico: “Es necesario combatir y evitar “los puntos negros” que en un instante pueden arruinar el futuro propio y de los demás, así como oscurecer irremediablemente la belleza y colorido de la vida que por ser preciosa y única debe ser cuidada con esmero, defendida y protegida siempre como el don más precioso dado por Dios”.

Unidos en esta Jornada, confío a vuestra oración y celo los frutos de esta pastoral bajo la protección y guía de Santa María del Camino, de San Rafael y San Cristóbal. Nuestra más cordial felicitación a los profesionales del volante y a sus familias. Para todos feliz verano y feliz viaje.

Rafael Rabasco Ferreira
Director del Secretariado del Apostolado de la Carretera

 
Comunicado de la Conferencia Episcopal para la Jornada del Tráfico