Palabras del Obispo de Córdoba en la Beatificación del Padre Cristóbal de Santa Catalina

Ya ha sido declarado beato el Fundador de las Hospitalarias de Jesús Nazareno. En la ceremonia presidida en la Catedral de Córdoba por el Cardenal Angelo Amato.

Reproducimos las palabras de Acción de gracias de Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

al concluir la Santa Misa de Beatificación del P. Cristóbal de Santa Catalina. Santa Iglesia Catedral de Córdoba, 7 de abril de 2013.

 

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“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres” (Salmo 126)

 

Sí, estamos muy contentos de sentir hoy tan cercana la presencia y la intercesión del beato Cristóbal de Santa Catalina, a quien la Iglesia nos propone como modelo de vida cristiana y valioso intercesor ante Dios.

 

El Señor ha estado grande con nosotros al concedernos vivir este momento histórico en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, que por primera vez en su historia ha conocido un acontecimiento de este tipo: un hijo de la cercana Mérida, afincado en el desierto del Bañuelo de la sierra de Córdoba y posteriormente desbordado en caridad por esta ciudad milenaria bajo el amparo de nuestro Padre Jesús Nazareno, es proclamado beato, bienaventurado.

 

Quisiera en primer lugar felicitarle a él, querido beato Cristóbal, que vienes a sumarte a la lista interminable de santos y beatos de esta querida diócesis de Córdoba. Qué alegría nos da pertenecer a esta familia, la familia de los hijos de Dios, la Santa Iglesia, cuyos mejores hijos sois los santos. Qué alegría, querido beato Cristóbal, pertenecer a tu familia y sentirte hoy como uno de los nuestros.

 

Quiero agradecer al Santo Padre el Papa Francisco que la primera beatificación de su recién estrenado pontificado haya sido ésta de Córdoba, la del Padre Cristóbal, en cuyo nombre y como delegado suyo el Cardenal Angelo Amato ha venido hasta Córdoba. Muchas gracias, Sr. Cardenal. Dios le ha concedido cumplir este deseo, que al obispo de Córdoba le llena de satisfacción. Transmita al Santo Padre nuestro cariño, nuestra plena comunión y nuestra gratitud.

 

Gracias, Sr. Cardenal Amigo Vallejo y queridos hermanos en el episcopado por vuestra presencia, particularmente la de nuestro arzobispo metropolitano, Mons. Juan José Asenjo, que con el proceso del milagro dio un impulso definitivo a esta causa, cuando era obispo de Córdoba. Gracias a los postuladores que lo han trabajado.

 

Felicito a las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas, que ven hoy elevado a los altares a su Padre Fundador. Todo un estímulo para vivir en santidad de vida y en caridad ardiente en las distintas obras que lleváis a cabo en España y en América. Que esta felicitación llegue a todas vuestras casas, a todos los niños de vuestros colegios (muchos de los cuales están aquí hoy), a los antiguos alumnos y a todos los pobres que atendéis, y que no han podido venir hasta aquí. Que hoy sea fiesta grande en todas vuestras casas.

 

Enhorabuena, Cofradía y Hermandad de nuestro Padre Jesús Nazareno. Una Cofradía como la vuestra debe sentirse muy honrada al tener un consiliario de este calibre, el beato Cristóbal. Seguid mirando a Jesús Nazareno, y seguiréis dando frutos de vida y caridad cristiana en vuestras filas. En vosotros, felicito a todo el mundo cofrade de Córdoba, a la Agrupación de Cofradías y Hermandades de la Ciudad y a su Junta de gobierno. Enhorabuena a todos.

 

Saludo con respeto al Alcalde y Corporación del Ayuntamiento de Córdoba y demás autoridades que nos acompañan. Para Córdoba es un día grande. Aquel día que murió el P. Cristóbal, en el más riguroso calor de julio del año 1690, el Ayuntamiento de la ciudad honró y agradeció su memoria, porque el P. Cristóbal se lo tenía bien merecido. Hoy, después de tres siglos, habéis tenido la sensibilidad de estar aquí, y os lo agradecemos. Vuestra presencia os honra a vosotros y nos honra a todos. Quizá esta ciudad deba rendir algún honor especial a este gigante de la caridad, que nos estimula a atender a tantas personas necesitadas hoy en nuestra ciudad. Lo dejo a vuestra consideración.

 

A todos mi enhorabuena, al Cabildo de la Catedral que ha estado a la altura de la celebración, como sabe hacerlo, a todos los sacerdotes que habéis venido de la diócesis y de tantos otros lugares, a los seminaristas que llenáis de alegría y esperanza al pueblo cristiano y a vuestro obispo, a todos los que os habéis desplazado para ser testigos de este acontecimiento tan singular, y a los medios de comunicación que habéis hecho llegar este acontecimiento a muchos miles de personas y de hogares.

 

En este domingo de la divina misericordia nos quede a todos el buen sabor de haber experimentado esa misericordia divina en cada uno de nosotros, y que el ejemplo y la intercesión del beato Cristóbal nos impulse, movidos por la caridad de Cristo, a salir al encuentro de todos los que sufren por cualquier causa para hacerles partícipes de esta misericordia divina.

 

 

“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres” (Salmo 126)