Aumenta en un 30% la ayuda de La Fundación Prolibertas a personas necesitadas

En este tiempo de crisis sanitaria y económica la Fundación Prolibertas está doblando sus esfuerzos para hacer que su ayuda llegue a todo aquel que llegue a sus puertas

Las nuevas restricciones en Córdoba derivadas de la crisis sanitaria por la COVID19 han hecho que las personas que vivían una situación delicada y buscaban ayuda en diferentes entidades se complique. Además ha provocado que familias que no necesitaban de estas ayudas las solicitasen.

Según Eduardo García, director de la Fundación Prolibertas, el número de usuarios que han acudido a pedir alimentos, ropa y aseo ha aumentado en un 30% respecto a las cifras del año pasado. El número de personas que son atendidas ha aumentado al menos en un 30% respecto a años anteriores, “estamos atendiendo a muchísima más gente” afirma el director del comedor social de San Juan Bautista de la Concepción, conocido en Córdoba como el Comedor de los Trinitarios.

En estos momentos, se están preparando y repartiendo unos 150 almuerzos por día, y se dan unas 40 asistencias diarias en ropero y aseo. El perfil de estos usuarios no es homogéneo, todos tienen un pasado, una historia y una situación distinta. La dureza de la pandemia hace mella en los usuarios que vienen buscando la ayuda. Empleados y voluntarios hacen posible cada día el reparto.

Voluntarios

Mari Carmen, cocinera y empleada del centro es testigo del incremento de las necesidades, no solo materiales: “cada vez tenemos más personas, la gente está psicológicamente cada vez peor, porque esto te afecta muchísimo, y económicamente ni te cuento, una cosa trae la otra.” Ella, encargada de la sanidad del comedor, quería ayudar y empezó de voluntaria, para después quedarse trabajando en la Fundación.

“Yo entré de voluntaria y ahora soy una empleada. Llevo la cocina y sanidad. Me apunté de voluntaria cuando me quedé viuda. Tenía ganas de ayudar y vine aquí al comedor, porque siempre me había llamado la atención la pobreza que hay en España y la gente que está marginada en la calle, las personas sin hogar.”

A pesar de la pandemia, siempre hay personas dispuestas a ayudar para paliar la difícil situación que viven estas personas. El propio director de la fundación Prolibertas empezó a trabajar con los hermanos Trinitarios buscando ayudar a personas que habían salido de prisión, migrantes y personas sin hogar. “Lo que me llevó a trabajar con los trinitarios y con prolibertas fue el deseo de trabajar en una entidad comprometida con las personas más vulnerables”.

Laura, una de las trabajadoras sociales, se encarga de atender a estas personas, que no han tenido las mismas oportunidades y ayudarles a resolver algunos de los problemas que puedan tener, además de estar pendiente de lo que necesiten sus compañeros de equipo. Ahora reconoce la labor del equipo y el bienestar que su trabajo le reporta: “aquí es todo como una gran familia, entonces es como un equipo en el que tenemos que remar todo el mundo”.

Todas estas personas trabajan para que, a pesar de la pandemia y la crisis económica, todos los usuarios que acudan a la puerta del Comedor de San Juan Bautista de la Concepción se sientan acogidos y como en casa.

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