Artículo del Sr. Obispo sobre la estancia de la Cruz en la Diócesis

La Cruz de los jóvenes engancha

No se habían chutado ningún alucinógeno ni se habían colocado ningún cubata, pero estaban entusiasmados y con el ánimo por las nubes. El paso de la Cruz de los jóvenes por distintos lugares de nuestra diócesis y provincia de Córdoba ha sido realmente algo espectacular. Cuando ha llegado la Cruz, después de esperarla ansiosamente, los jóvenes se han abrazado a ella, la han tomado sobre sus hombros, la han pasado de mano en mano a otros jóvenes, la han besado en actitud de adoración, se han sentido como en los mejores momentos de su vida.

Almedinilla, Priego, Puente Genil, Lucena, Cabra, Baena, donde pasó la noche. Montilla, La Carlota, Fuentepalmera, Palma del Río, San Calixto, donde pasó la segunda noche. Posadas, Almodóvar, Cañete, Bujalance, Villanueva de Córdoba, Pozoblanco, Hinojosa del Duque, donde ha pasado la tercera noche. Peñarroya-Pueblo Nuevo, Espiel y llegada a la ciudad por el Puente Romano. Llegados a la ciudad, acogida en el Adoremus de la Compañía, noche en Santa Ana. Colegios, lugares de especial sufrimiento, como la cárcel, el hospital, el hogar de ancianos marginados. Noche en el Seminario. Gran festival en Salesianos, viacrucis con los jóvenes cofrades, vigilia de Pentecostés en la Catedral. Misa del Espíritu Santo y despedida.

La Cruz de los jóvenes es un elemento muy sencillo, y quizá por eso más atrayente para los jóvenes auténticos. Pero la Cruz es siempre el signo que nos remite a Jesucristo y a su amor hasta el extremo. “Siendo de condición divina, se abajó hasta nuestra condición humana, haciéndose obediente hasta la muerte de cruz. Por eso, Dios lo ha enaltecido, resucitándolo de entre los muertos”. Nadie tiene amor más grande. Y en este acontecimiento central de la historia humana, la muerte y la resurrección de Cristo, hemos alcanzado el perdón de los pecados y se nos han abierto de par en par las puertas del cielo.

La Cruz de los jóvenes es un regalo precioso del beato Juan Pablo II. Cómo se emocionan los jóvenes cuando se menciona este Papa que tanto los quiere. Y es la Cruz que va recorriendo todos los lugares convocando para la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, 16-21 de agosto de 2011, presididos por el Papa Benedicto XVI. Los días previos, del 11 al 14, recibiremos en nuestra diócesis a seis u ocho mil jóvenes de todas las partes del mundo, y los acogeremos en nuestras familias, en nuestras parroquias y colegios como se acoge al mismo Cristo. Ellos serán unos excelentes pregoneros de la belleza de nuestra ciudad y provincia cuando vuelvan a sus países.

¿Estás nervioso, lo tenéis todo preparado?, preguntaba un padre a su hijo de 20 años uno de estos días pasados, al ver a su hijo afanado en los preparativos parroquiales del paso de la Cruz por su pueblo. -No, papá, estoy tranquilo y muy contento, porque estoy limpio de corazón y de alma. Había hecho una buena confesión y el joven se sentía en plenitud de fuerzas para afrontar el acontecimiento con su alma en gracia de Dios.

Es este el milagro que provoca la Cruz de los jóvenes a su paso por los distintos lugares. Los jóvenes al contemplar el amor de Cristo se emocionan y se ponen en camino de una eficaz renovación de sus vidas. Con jóvenes así, es posible esperar un mundo nuevo, porque Cristo no ha venido a quitar nada, sino a darle al hombre todo lo que tiene y llevarlo a plenitud. Bendita Cruz de los jóvenes, que tanto bien nos ha hecho.

Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.