Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir

El arte de la felicidad esta semana en el nuevo artículo de "Educamos entre todos"

Ana María Roldán

Delegada Diocesana de Enseñanza

“Algunas preguntas, nos han estado aguardando desde siempre. Podemos evitarlas, intentar pasar de largo o hacernos los distraídos durante mucho tiempo, pero en nuestro interior sabemos que ese jugar al escondite tiene un precio”. Sin duda alguna una de esas preguntas es: ¿soy realmente feliz?

Según Milan Kundera “solo existe una pregunta realmente importante: ¿por qué no somos felices? Lo sabemos, pero huimos a millas de distancia de una conversación así”. Detrás de esta pregunta está la realización de nuestro deseo más profundo, el de realizarnos como personas únicas e irrepetibles. Lo queremos y, a la vez, nos resistimos. Quizás porque sabemos que llegar a esa meta requiere un aprendizaje arduo que nos lleve a un cambio de actitud. Supone entrar en nosotros mismos y llegar a aceptarnos y aceptar a los otros, con lagunas y vulnerabilidades, y a la vez, abrirnos a la posibilidad de una transformación que nos lleve a encaminarnos hacia nuestro más profundo deseo. No olvidemos que, “muchas veces la vulnerabilidad aceptada se convierte en ventana por donde entra la transparencia inesperada de la gracia”.

Nos encontramos como secuestrados en el férreo y apretado día a día, pero esto no puede apartar nuestro corazón de la necesidad que tiene de “palabras puras, de gestos esenciales, de experiencias gratuitas”. Debemos despertar “e individualmente y en comunidades iniciar la preciosa tarea de fundar una humilde, imperfecta e inacabada ciencia de la felicidad”.

No podemos fundar nuestra felicidad sobre el bienestar. “la sociedad de consumo, con sus ficciones y vértigos, promete satisfacerlo todo y a todos, y falazmente identifica felicidad con estar saciados”. De esto se encarga la publicidad que, aprovechándose de nuestros profundos deseos, los utiliza y nos hace caer en el vértigo de la ansiedad.

Ni tampoco podemos fundar la felicidad en la prosperidad, en los avances técnicos y científicos. Creemos que nos van a llevar a encontrar el elixir de la inmortalidad y, sin embargo, vemos cómo en las nuevas generaciones persiste un vacío que nos aturde. Lo que llamamos progreso genera cada vez más divisiones, más diferencias, más pobrezas. Nos lo está recordando continuamente el papa Francisco.

En su Encíclica  Fratelli Tutti nos propone un reto: el de la fraternidad universal. Nos vuelve a recordar que “el ser humano encuentra su plenitud en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. ¿No irá por aquí el arte de la felicidad?

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

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