Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir

El Papa cataloga la cultura globalizante actual como "rapidación"

Ana Mª Roldán

Delegada diocesana de enseñanza

El arte de la lentitud. Quizás lo más urgente es empezar por aquí: “tal vez necesitamos recuperar ese arte tan humano de la lentitud”. ¿A qué nos queremos referir?

Si miramos a nuestro alrededor, si nos miramos a nosotros mismos, nos daremos cuenta de que todos nos hemos dejado contagiar del ritmo trepidante y en aceleración continua que invade la cultura globalizante actual. Es lo que el Papa Francisco cataloga en la Encíclica Laudato Si‘ como “rapidación” (N. 18) y que lo fagocita todo. “A causa de esto, el ritmo de las actividades se ha tornado despiadadamente inhumano”.

Podemos hacernos un pequeño test: ¿La jornada laboral ha invadido mi vida privada? ¿La exigencia de estar conectado y disponible continuamente en las redes sociales, me ha robado la intimidad? ¿Nos sentimos agobiados,  avasallados por la agenda y por jornadas sucesivas que nos hacen sentir que amanecemos con retraso?...

¿Es posible salir de este bucle? ¡Claro que sí! Solo tenemos que prestar atención y tener una determinada determinación para:

SABER PARAR. “Deberíamos reflexionar sobre lo que vamos perdiendo, sobre lo que se queda atrás,… cuando permitimos que la prisa nos condicione”. Esa prisa malsana que:

·         Mata el amor, porque nos impide la entrega desinteresada y gratuita, nos hace incapaces de acoger y  de abandonarnos confiadamente. Desordena nuestras relaciones, malogra nuestra vocación al amor.

·         Nos condena al olvido, porque nos hace unos desmemoriados al pasar tan superficialmente por todo lo que leemos y vivimos. “Pasamos por las cosas sin habitarlas, hablamos con los demás sin escucharlos, acumulamos información que no llegamos a profundizar”.

·         Nos impide disfrutar de la vida, porque nos saca continuamente del momento presente, no nos deja centrarnos en “el aquí y ahora” donde se fragua realmente nuestra vida y en el que recibimos la gracia actual de Dios que nos ilumina y fortalece. “La velocidad en la que vivimos nos impide vivir”. Es necesario “rescatar nuestra relación con el tiempo”.

SABER ESPERAR. “Precisamos de una lentitud que nos proteja de las precipitaciones mecánicas, de los gestos ciegamente compulsivos, de las palabras repetidas y banales”. Cada proceso en la vida tiene su tiempo, cada persona tiene su tiempo, Dios tiene su tiempo. Es necesario respetar esos tiempos.

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

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