Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir

Nuestra vida es una cuestión abierta, un proyecto incompleto, que es preciso seguir realizando

Iniciamos un nuevo tema en esta sección, que ha surgido como consecuencia del tratado anteriormente: educar para una ecología integral.

En su Encíclica Laudato Si´, el Papa Francisco hacía referencia a “unas dinámicas de los medios del mundo digital que, cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundo, de amar con generosidad” (N 47). Así surge la invitación de buscar “la verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas” y que, “no se consigue con una mera acumulación de datos que terminan saturando y obnubilando” (N 47)

A lo largo de la misma, el Papa Francisco, vuelve con frecuencia a esta idea. “hay un modo de entender la vida que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla” (N 101)

Queremos acometer este tema para ir desgranando algunas pistas con el fin de  poner de nuestra parte lo necesario para poder alcanzar la sabiduría y de emprender un camino educativo que la favorezca.

Acudimos a algunos fragmentos de la conferencia del cardenal Joseph Ratzinger durante el jubileo de los catequistas y profesores de Religión celebrado el 10 de diciembre de 2000 en Roma. Nos parece la mejor introducción al tema.

“La vida humana no se realiza por sí misma. Nuestra vida es una cuestión abierta, un proyecto incompleto, que es preciso seguir realizando. La pregunta fundamental de todo hombre es: ¿cómo se lleva a cabo este proyecto de realización del hombre? ¿Cómo se aprende el arte de vivir? ¿Cuál es el camino que lleva a la felicidad?”

Podríamos decir que encontrar este camino y aprender el arte de vivir es alcanzar la verdadera sabiduría. “La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria”, nos dice Ratzinger. “Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona”.

Los cristianos no aspiramos solo a alcanzar una sabiduría humana, que es fruto del conocimiento y de la experiencia. Aspiramos al don de la sabiduría. Queremos ver “el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios” (Papa Francisco, audiencia general del miércoles 9 de abril de 2014)

“El Espíritu Santo, entonces, hace «sabio» al cristiano. Esto, sin embargo, no en el sentido de que tiene una respuesta para cada cosa, que lo sabe todo, sino en el sentido de que «sabe» de Dios, sabe cómo actúa Dios, conoce cuándo una cosa es de Dios y cuándo no es de Dios; tiene esta sabiduría que Dios da a nuestro corazón. El corazón del hombre sabio en este sentido tiene el gusto y el sabor de Dios” (Ídem). “Y esto es algo que no podemos improvisar, que no podemos conseguir por nosotros mismos: es un don que Dios da a quienes son dóciles al Espíritu Santo” (Ídem).

Ana Mª Roldán Roldán

Delegada Diocesana de Enseñanza

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