“Además de en la ciencia, hay que creer en lo que uno hace”

Entrevista al doctor Juan Carlos Robles, cambiaría el mundo con cariño, con fe y humanidad

Como coordinador de trasplantes del Hospital Reina Sofía hace suyas las palabras de San Juan Pablo II sobre la donación de órganos. Este acto supremo de generosidad, solidaridad y amor hacia los demás que representa para el Doctor Robles la mejor definición posible de humanidad. Hacer el bien aunque hayamos fallecido, es su máxima; su decisión para ayudar al paciente no conoce horarios y su consejo es siempre dejar a un lado el egoísmo. Cambiaría el mundo, con cariño, con fe y humanidad, una prescripción para pacientes y familiares que nunca falla.

Quiso ser veterinario de pequeño pero un hermano estudiante de medicina le hizo cambiar de opinión. En la Universidad de Granada nació el deseo de ayudar a los demás y luchar por ellos. Es el resumen de su vocación, de donde nace todo. Cuando llegó a Córdoba, ya como residente del Hospital Reina Sofía, comprobó que su decisión era centrarse en el ser humano. Nacido en Linares, está casado y es padre de tres hijos.

P. Es usted de los profesionales que antepone el trato humano, pero ¿qué le falta a  la medicina actual para que el paciente tenga la comprensión total como ser humano ante el médico?

R. Creo que antepongo el trato humano para los pacientes, por eso me gusta mucho el contacto con el paciente de médicos como Ramón y Cajal o Gregorio Marañón. Iban pasando salas rodeados de alumnos, estos contactos era muy importantes. Ahora se hace medicina avanzada con muchas pruebas que te llevan a diagnósticos, hay mejores tratamientos, se prolonga la supervivencia muchas veces pero no debemos olvidar ese punto de humanidad, de palpar, de escuchar, eso es muy importante porque al fin y al cabo es lo que el paciente recordará. Soy Intensivista y las situaciones son complicadas y, a veces, es imposible salvar la vida pero ayudar a consolar y tender la mano a la familia es lo que van  a recordar. El doctor Álvarez García me enseñó ese contacto con el paciente, al que hay que informar de manera clara y transparente, con sinceridad, curarás o no, pero el paciente o su familia te recordará con más cariño.

P.  ¿Qué vivencia le ha marcado más en ese sentido?

R. Muchas. Como coordinador de trasplantes vives momentos difíciles, cuando un paciente fallece, hay que asumir la pérdida y transformarla en alegría de otras personas a través del trasplante. Cuando le hablas a la familia de esa posibilidad y la familia acepta, son momentos muy gratificantes porque entiendes que con la muerte no termina todo, si no que todo sigue y nuestros órganos salvan la vida de otras personas. En la muerte no se acaba todo, pasan cosas que sorprenden, que guían tu camino y te ayudan a defender la vida y a defender la persona que estas atendiendo. El médico no se debe limitar a un horario, termina cuando ha hecho lo que necesita cada paciente. Es un punto de humanismo que no debemos perder los profesionales, son personas que nos necesitan.

P. Su compromiso cristiano es público. En un mundo tan tecnificado como el suyo, ¿es muy difícil hacerse presente como católico?

R. No me resulta difícil hacerme presente como cristiano, un crucifijo preside mi despacho. Somos un país libre y cuando un paciente fallece a su familia le ofrezco la posibilidad de avisar a un sacerdote para que pueda recibir los sacramentos. Afortunadamente, nada me impide dar muestra de mi fe en el hospital, teniendo en cuenta que este es un lugar público y todos somos pasajeros. Creo en Dios y creo en la Virgen, y eso me ayuda. Cada mañana me santiguo y pongo a disposición de los pacientes cuanto pueda hacer por ellos.

P. Entre sus pacientes, ¿detecta fácilmente quien se abandona a su fe y  quién no?

R. A veces es complicado, pero si se detecta cuando ves que ya no hay posibilidad de salir adelante y le ofreces llamar a un sacerdote. He tenido pocos noes de las familias. Hay mucha gente con fe, que cree; cada uno es fiel a sus ideales y debemos ser tolerante con todos aunque me da pena. A veces, le digo a la gente que tiene que creer, qué la vida carece de sentido si todo termina en la muerte, eso es materialismo puro. Tiene que haber algo más y yo, así lo siento. Recuerdo que mi madre, viuda durante años, siempre nos decía que nunca se sentía sola a pesar de vivir en una casa grande y ocurren cosas en la vida que te van indicando un camino. Esos detalles te lo explican.

P. No todo lo explica la ciencia, aunque muchos de sus colegas se resisten a esta premisa. ¿Cuál es su posición?

R. Con independencia de la ciencia, uno tiene que tener fe en lo que está haciendo. Todo está relacionado. La fe mueve montañas, uno cree porque tiene fe, pero definamos la fe: a mí me ayuda en mi trabajo diario.  Ante situaciones muy complicadas con los pacientes, cree y confía y hay algo en ti que te anima a luchar hasta la última gota de tu sangre: esa es la fe, no solo pensar en pruebas complementarias. Hay algo más que nos permite luchar por esas personas, debemos intentar hacer el bien.