“Abramos el corazón a la grandeza de la familia”

Cuatro testimonios ofrecen una visión personal, humana y familiar del sentido de la vida con la fe cristiana como protagonista

Con la Vigilia de Oración por la Vida celebrada en la Catedral de Córdoba comenzó la XXIII Semana de la Familia que hoy comienza a desarrollar su programa de conferencias con la primera ponencia a cargo del Obispo de Bilbao, monseñor Mario Iceta. La vigilia de Oración estuvo presidida por el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández que tras agradecer al prelado vasco su presencia, manifestó su emoción ante los cuatro cordobeses que dieron un testimonio de defensa y amor a la vida.

El Obispo de Córdoba expresó, tras escuchar al conjunto de  testimonios, que “la vida es preciosa en todas sus etapas; es una realidad” y constató por el conocimiento de situaciones que le proporciona este encuentro de adoración eucarística y sus sucesivas visitas pastorales que “la gran y buena noticia que la fe cristiana debe transmitir es que la vida es bella, la vida es bonita y sagrada”

Testigos de vida

Durante la Vigilia de Oración prestaron su testimonio cuatro personas de diferentes ámbitos profesionales y sociales para dar cuenta de cómo la vida ha de ser protegida desde su origen a su extinción natural. Así, un médico ginecólogo Rafael Barrientos, narró su experiencia profesional al frente de un matrimonio que esperó con amor  y ternura el nacimiento de Valle, fallecida al nacer. El doctor compartió con los participantes en la vigilia que nunca tuvo una experiencia igual y como el amor de los padres “marcó mi vida profesional”.

También una voluntaria de Fuente de Vida, el programa de acogida para madres en dificultad de las madres Adoratrices, relató las condiciones en que llegan muchas de las madres allí residentes y como van transformando su vida al lado de sus hijos. Muchas de ellas llegan después de haber sufrido abusos. Al  tiempo que el testimonio de Maricarmen Nieva, que despidió a su padre recientemente tras diez años de dura enfermedad, sirvió para “comprobar la unión y el amor que había generado entre nosotros”.

De la Parroquia de la Esperanza llegó Ana Alcázar para defender su vida por encima de las dificultades que padece desde los dieciocho años, cuando le diagnosticaron una grave enfermedad que afecta a su sistema nervioso. Desde su silla de ruedas y con la ayuda de su amiga Lali Ramírez, que describió su historia de fe frente al dolor, la mujer realizó una defensa de la dignidad de la vida humana, más allá de sus condiciones. El Obispo en su alocución tras escucharla, pidió que “el Señor te siga ayudando” y le transmitió su agradecimiento por su ejemplo, lo que le llevó a decir, refiriéndose a su sillas de ruedas que “es fácil predicar desde aquí, pero tu cátedra es una cátedra de vida”.