“A pesar de las dificultades, el Señor nos ha desbordado”

Con motivo de la celebración de la Infancia Misionera que se celebra este domingo, 28 de enero, dos niños cordobeses ofrecen su experiencia de familia misionera uno desde Suecia y otro desde Taiwan

“Yo en mi día a día voy al instituto y allí intento mostrar que soy cristiana. Esto lo hago respetando a los profesores y compañeros, ayudando al que necesita ayuda y diciendo porqué estoy aquí en Suecia como misionera de la Iglesia Católica”, así resume Paula Urbano Sastre su labor como misionera en Suecia desde hace diez años. Ahora tiene 15 años y es la mayor de 11 hermanos, desde los cinco años  junto a su familia vive inmersa en la misión que el Papa Benedicto XVI les encomendó a través del camino Neocatecumenal. Ella junto a otros muchos niños cordobeses en misión son los verdaderos protagonistas de la Jornada de Infancia Misionera que celebramos.

Paula cuenta que “cuando yo era pequeña mis padres decidieron ir a la misión a un pueblo pequeño sueco llamado Olofström, tenía cinco años y solo éramos 5 hermanos”. Era el comienzo de una vida en familia lejos de Córdoba que al principio no resultó fácil por “el colegio, el idioma, la cultura”, algo que resolvieron pronto porque aprendieron el idioma y “con la ayuda del Señor fue todo más fácil”. En aquellos primeros momentos, recuerda Paula, su padre no tenía trabajo y “nos ayudó mucho vivir de lo que el Señor nos daba”.

Para esta joven cordobesa de  misión en Suecia, su papel como misionera estuvo claro desde el principio. Para ella anunciar el Evangelio significa a los cinco años de vida “ser como me han educado desde pequeña, amando al prójimo como a mí misma, tratando a los demás como a mí me gustaría que me trataran. Por ejemplo en la escuela, perdonando a mis compañeros y ayudándoles”. Esta actitud misionera en Suecia tiene un valor particular porque allí la mayoría de las familias no están juntas, los padres están separados y a la gente “ve a una familia con tantos hijos que se ayudan, que comen juntos, que obedecen y que rezan, eso les ayuda a ver el amor del Señor”.

Paula admite que la vida en Suecia no siempre es fácil. La vida en sociedad no reúne a veces condiciones para una convivencia cristiana fuera de su familia,  pero “aunque muchas veces me siento sola, y siento que lo que hacemos aquí parece que no tiene sentido siempre están los hermanos de mi comunidad, la tercera comunidad de santa Isabel de Hungría en Córdoba,  rezando y apoyándome en esta misión”. Paula termina asegurando que está “muy contenta de estar aquí en la misión y de todos los regalos que nos da el señor cada día”.  Ella y su hermano, Miguel Ángel Urbano de 14 años, nos piden oraciones por su misión en Suecia porque “ahora estamos yendo a una ciudad que se llama Karlskrona porque van a empezar las catequesis y vamos allí para hacer misión e invitar a la gente a escuchar” una actividad misionera que durante el tiempo de pascua se extiende a la plaza del pueblo donde cantan y  muestran su experiencia cristianas algunos hermanos, se lee el Evangelio y se da una catequesis”, explica Miguel Ángel.

En Chaozhou (Taiwan) otros dos jóvenes cordobeses dan testimonio de fe en la misión que desarrollan junto a sus padres desde hace seis años. Sara y José Antonio, mellizos de 15 años, tienen otros nueve hermanos y reconocen que “cuando oímos que fuimos destinados a Taiwan se nos hizo un mundo pues nunca lo habíamos escuchado, no sabíamos cómo era el idioma, la comida, la cultura... ni siquiera sabíamos dónde estaba en el mapa del mundo”. Desde aquel momento, sin embargo, “vimos el amor de Dios,  pues al llegar nos recibieron muchos hermanos” y a los pocos días entraron en un colegio estatal en el que los rebajaron tres cursos porque no conocían el idioma, una circunstancia que les resultó dura aunque los  niños más pequeños “intentaban comunicarse con nosotros, ayudarnos con las tareas…así vimos como el Señor nos iba ayudando en nuestros problemas del colegio y en la comida tan distinta”. Ahora anuncian que se han ido integrando y dominan el idioma escrito y hablado, “hoy en día somos como uno más de la clase”. Recuerdan que “cuando salimos de España creíamos que lo íbamos a perder todo” y aunque echan de menos a su familia y comunidad, ahora afirman que “el Señor nos ha desbordado”.