11 nuevos seminaristas mayores para Iglesia de Córdoba

En total, 18 nuevos chicos han decidido este año dar un paso importante en sus vidas y ponerse en manos del Señor ingresando en el Seminario san Pelagio para cursar sus estudios. 11 de ellos lo están haciendo en el Mayor y 7 en el Menor.

Javier, Francisco, Federico, Álvaro, Javier, Francisco Solano, Fernando, Javier, Rafael, Francisco y Bartolomé son los nombres de los nuevos seminaristas mayores. 11 nombres con 11 testimonios que podemos conocer en las próximas líneas.

Javier Montes, 26 años, Doña Mencía. “Llevo en la parroquia desde los 9 años como monaguillo, cuando terminé el instituto comencé a trabajar en la parroquia como sacristán y en el archivo parroquial. A raíz de hacer unos ejercicios espirituales para jóvenes sentí que el Señor me pedía algo más, me llamaba para seguirle y aquí estoy para hacer su voluntad”.

Francisco Flores, 20 años, Córdoba. “Llevaba sospechando desde hace años que quizás el Señor quería algo más de mí aun viviendo en un entorno de los jóvenes de hoy. Decidí ingresar en el seminario para descubrir el amor de Dios y ser ese puente para llevar a los hombres a Dios”.

Federico Tovar, 19 años, Córdoba. “Mi vocación surge a raíz de la peregrinación anual de jóvenes a Guadalupe, donde yo era voluntario. El Señor fue tocando el corazón a cada uno y a mí me llamó especialmente gracias a la Virgen de Guadalupe que fue la gran mediadora. Iba a entrar en medicina, pero el Señor me paró los pies y cambió mi vocación por completo”.

Álvaro Fernández-Martos, 20 años, Córdoba. “Llevo tiempo pensándome la vocación, pero nunca le hice caso hasta que en 1º de bachillerato, hablé con un sacerdote y discerní sobre ello. Siempre he estado en el Opus Dei con mi familia y nunca había tenido contacto con nada diocesano, pero sentía que realmente era lo que quería. Por ello, en 2º de bachillerato me fui a Pamplona a estudiar filosofía y a tener más contacto con lo diocesano. Venía al seminario y sentía que quería estar aquí. Yo sentía que quería ser un cura de parroquia para todo el mundo. Hasta que decidí dar el paso”.

Javier Rodríguez, 22 años, Priego de Córdoba. “He acabado la carrera de Administración y Dirección de Empresas. Y durante todos estos años lo único que he hecho es negármelo a mí mismo. En 2015 empecé a plantearme mi vocación a raíz de una peregrinación a Guadalupe, donde sentí la llamada y no fui capaz de hacerle caso. Ahora, al terminar la carrera me he dado cuenta que tengo que darse esa oportunidad al Señor y ponerme en sus manos. Hablé con mi párroco, Luis Recio, y aquí estoy”.

Francisco Solano Aguilar, 19 años, Montilla. “Llevaba mucho tiempo pensándolo y en la JMJ de Cracovia el Señor estuvo muy grande. A partir de ahí empecé con un sacerdote, una dirección espiritual, tomé contacto con el seminario… Aun así, me fui a Sevilla a estudiar Ingeniería Industrial, pero me di cuenta que por mucho que yo intentara negarme, el Señor me llamaba a ser sacerdote”.

Fernando Reina, 18 años, Córdoba. “Mi vocación empiezo a planteármela en un retiro del seminario en marzo cuando tuve un encuentro fuerte con el Señor, lo que supuso en mi un cambio grande de pensar. El Señor me llamaba para una nueva tarea. Hablé con seminaristas y poco a poco he ido conociendo la casa hasta que he decidido venirme”.

Javier González, 18 años, Córdoba. “A través de la JMJ vi que Dios me estaba llamando a su voluntad. Desde entonces, estoy lleno de ilusión, de alegría y a la vez de nervios. Pero con todo, soy feliz”.

Rafael Leiva, 18 años, Córdoba. “En mi caso sólo cambio de casa, porque vengo del Menor. Entré a conocer el Seminario a través del Día del Monaguillo, lo cual me permitió ir enamorándome de la casa, hasta que un día de las colonias vocacionales, durante la exposición del Santísimo, noté como el Señor me llamaba”.

Francisco Moreno, 21 años, Doña Mencía. “Mi vocación surge desde pequeño. Recuerdo que en casa me vestía con una toalla de mi abuela de cura y junto a mis primos jugaba a celebrar misa. De ahí pasé a ir muy poco a misa. Pero a raíz de la enfermedad de un primo mío, me fui al Sagrario y sentí que tenía que acercarme más a la iglesia. Empecé a hacerlo, me fui un día a Sevilla a rezarle a sor Angela de la Cruz y después de discernir, me planteé mi vocación. Me uní al Adoremus de los jóvenes, y aunque tenía toda mi vida muy bien calculada, ante el Santísimo me daba cuenta que no era feliz. Decidí asistir recientemente a los ejercicios espirituales de la Delegación de Juventud y esto me ayudó a darme cuenta que mi vocación era ser sacerdote”.

Bartolomé Corredor, 41 años, Montoro. “Desde pequeño he tenido la inquietud de ser sacerdote. Y aunque he estado muy vinculado a las Cofradías y a la vida parroquial, decidí irme a la Armada Española con 28 años. Allí he estado 12 años de mi vida, pero durante todo este tiempo me daba cuenta que todo volvía a lo mismo, a un deseo de tener una vida espiritual más fuerte, más madura. Todo me llevaba a mi inclinación al sacerdocio, así que decidí pedir una excedencia voluntaria y venirme junto al Señor”.