YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

LUZ DEL MUNDO: EXPOSICIÓN DE CIRIOS PASCUALES

“Y Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida“ (Jn 8, 12). La luz es todo un símbolo de la vida, la alegría, la paz, la seguridad,… La luz es esencial para la vida y Jesús resucitado ha llenado de su luz resplandeciente el universo. Cada año, en la Vigilia Pascual este texto del evangelio se actualiza: se enciende el Cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado y luz del mundo, y cada uno de los cristianos recibe esa luz encendiendo su propia vela y participa en una procesión caminando con los demás creyentes detrás del Cirio Pascual: “el que me sigue no camina en tinieblas...”.

Y este Gran Candelabro circular y giratorio, imitando a la Tierra, es una imagen de la Iglesia, llamada a evangelizar siendo luz de Cristo para todo el mundo. Así lo representa el libro de la Apocalipsis cuando Jesucristo se aparece glorioso a San Juan en el cielo en medio de “siete candelabros de oro” y explica que son “las siete iglesias” (Ap 1,20). Es decir, el candelabro es una de las maneras más antiguas de representar a la Iglesia, luz de Cristo.

Este candelabro se puede visitar en la Capilla Gótica de nuestra Parroquia.

 

1. Y dijo Dios: Hágase la luz; y la luz se hizo

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz “día”, y a la oscuridad la llamó “noche”. Y atardeció y amaneció: día primero» (Gn 1, 1-5). Este texto nos recuerda que Dios nos ha dado la luz para disipar las tinieblas que son símbolo del mal y de la muerte.

La luz llena la Historia de la Salvación que Dios ha realizado con su pueblo. La “Menorá”, candelabro judío de los siete brazos, hace presente esa actuación salvadora con un gran de simbolismo

Sus siete brazos son un símbolo de la Creación que tuvo lugar durante seis días, a los que debe agregársele el séptimo día en que el Dios descansó.

  • Cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto lo guió por el desierto por medio de una “columna de nube de día, y de una columna de fuego que nunca se apartó de delante del pueblo” (Ex 13, 22).
  • Está presente en la celebración de la Pascua Judía, fiesta de la Salvación:
  • En el Templo de Jerusalén simboliza la zarza ardiente percibida por Moisés en el Monte Horeb, señalaba la presencia divina (“shekinah”).
  • Es símbolo de la Palabra de Dios": “lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Salmo 118),
  • Los brazos del candelabro representan al "Espíritu de la verdad", según la profecía de Isaías 11:2: el Espíritu de Dios (brazo que se encuentra en el centro), Espíritu de sabiduría y de inteligencia (brazos a cada lado del central), Espíritu de consejo y de poder (los que se ubican respectivamente en el centro de cada lado), Espíritu de conocimiento y de temor a Dios (los que se hallan a cada extremo del candelabro)
  • Aluden a las ramas del conocimiento humano (brazos laterales) que debe estar iluminado por Dios (lámpara central).

 

Janucá: Fiesta de las Luces o Luminarias. Los judios celebran esta fiesta para conmemorar que, durante el proceso de rededicación del Templo, en tiempo de los Macabeos, la lámpara que lo iluminaba se mantuvo encendida durante ocho días, cuando en realidad solo tenía aceite para uno.

  • En honor a esto, durante Janucá las velas de un candelabro especial de nueve brazos se encienden progresivamente, una nueva cada noche hasta completar ocho (el noveno brazo es para la vela piloto). Y todas estas celebraciones tienen en común su cercanía con el solsticio del invierno boreal, el momento en que las noches finalmente empiezan a hacerse más cortas.

El Cirio Pascual y las velas en el bautismo, en el altar y en el Sagrario son una prolongación en el culto cristiano del simbolismo litúrgico de la “luz” en el Antiguo Testamento.

 

2. Yo soy la luz del mundo

Antes de nacer Jesús, Zacarías el esposo de Isabel y padre de Juan el bautista, dijo refiriéndose a Jesús: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de La Paz” (Lc 1, 78-79).

Compara a Jesús con el Sol que viene a iluminar el mundo y a las personas que viven en el sufrimiento.

Cuando nació, el anciano Simeón tomó a Jesús en brazos en el templo de Jerusalén, y dijo: este Niño es “luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2,32). Cuando comenzó su ministerio público, Jesús mismo se presentó como la luz del mundo: “Y Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no an lo dará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida“ (Jn 8, 12).

La resurrección de Cristo es simbolizada por la luz, por el fuego nuevo, que ahuyenta las tinieblas de la muerte y resucita victorioso. Jesús ya no yace en el sepulcro. Él es la luz del mundo, el vencedor de la muerte que nos ha obtenido la salvación. En la Vigilia Pascual el cirio pascual ilumina la noche para representar la victoria de Cristo sobre la muerte y se nos entrega para llenarnos de gozo y esperanza.

 

3 . El que me sigue no camina en tinieblas

“Y este es el mensaje que hemos oído de él y que os anunciamos: Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.” (1 Jn 1, 5-7).

Jesús explicó así a sus discípulos el simbolismo de vivir en la luz y las tinieblas: “la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.» ( Jn 3, 19-21).

San Pablo recuerda a los cristianos de Colosas que Dios Padre “nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados” (Col 1,13).

 

4. “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,13).

“Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. ... Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo»( Mateo 5,13-16). San Justino mártir enseña que los que se bautizan reciben la luz divina: “A este baño (bautismo) lo llamamos “iluminación” para dar a entender que los que son iniciados en esta doctrina quedan iluminados” (“De la primera apología en defensa de los cristianos” de San Justino, mártir, cap. 61, PG 6, 422). Y, una vez iluminados, se les encomienda la misión de iluminar, siendo luz de Cristo en el mundo.

Los escritores cristianos de los primeros siglos comparaban la Iglesia con la luna, porque la luz que tiene no es propia, sino que la recibe del sol. Ella no es Dios, es como la luna, la Iglesia da una luz que no es suya, solo la transmite. San Ambrosio usó la imagen de la luna para aplicarla a la Iglesia: “La Iglesia es verdaderamente como la luna: (...) no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”» (Hexameron, IV, 8, 32). Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos.

La misión de la Iglesia es hacer resplandecer la luz de Cristo. Lo cierto es que muchas personas esperan de todos nosotros un compromiso misionero, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre. Necesitan ver esa luz que es Cristo –desde su “pequeña” fuente en Belén–, que atrae a todas las personas del mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz (cf. Papa Francisco, Homilía 6-I-2016).

 

5. El Cirio Pascual, luz de Cristo resucitado

En la Vigilia Pascual, la noche del Sábado Santo, “la madre de todas las santas Vigilias” (san Agustín), se bendice un nuevo cirio pascual. El nombre de “Cirio Pascual”

proviene de la palabra “cera”, por el material del que está hecho, y la palabra Pascua, que significa la victoria de Jesucristo sobre la muerte a través de la resurrección.

El ritual de la bendición y encendido del cirio comienza con los fieles, cada uno con una vela, reunidos en torno a una hoguera o Fuego Santo. La iglesia está a oscuras como representación de la oscuridad que reinaba en el sepulcro dónde estaba el cuerpo de Cristo después de haber sido crucificado.

 

La misión de la Iglesia es hacer resplandecer la luz de Cristo. Lo cierto es que muchas personas esperan de todos nosotros un compromiso misionero, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre. Necesitan ver esa luz que es Cristo –desde su “pequeña” fuente en Belén–, que atrae a todas las personas del mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz (cf. Papa Francisco, Homilía 6-I-2016).

5. El Cirio Pascual, luz de Cristo resucitado

En la Vigilia Pascual, la noche del Sábado Santo, “la madre de todas las santas Vigilias” (san Agustín), se bendice un nuevo cirio pascual. El ritual de la bendición y encendido del cirio comienza con los fieles, cada uno con una vela, reunidos en torno a una hoguera o Fuego Santo. La iglesia está a oscuras como representación de la oscuridad que reinaba en el sepulcro dónde estaba el cuerpo de Cristo después de haber sido crucificado.

Simbolismo

El simbolismo de la luz pascual nos remite a la palabra hebrea “pasach”, la fiesta de la Pascua Judía que celebraba la salida del Pueblo de Israel de Egipto para dirigirse a la Tierra Prometida.

Después de bendecir el fuego, se marcan unas señales en el cirio:

  • una cruz: La cruz es tradicionalmente el símbolo de Jesús. En un cirio de Pascua representa a Cristo y la luz eterna que nos da a todos nosotros, sirviéndonos de guía en las penumbras.
  • La letra griega “alfa” (ubicada en la parte superior del Cirio) y la letra “omega” (ubicada en la parte inferior del Cirio), son, respectivamente, primera letra y la última del alfabeto griego. En un cirio pascual representan que Cristo es el comienzo y el fin de todas las cosas. También nos recuerdan que la palabra de Dios es eterna (Apocalipsis 1:08: «Yo soy el Alfa y el Omega, dice el Señor, quien es, quien fue y quien ha de venir, el Todopoderoso»). Además que ahora y siempre Cristo está vivo en su Iglesia y le da fuerza para afrontar una año más.
  • El año es colocado en el Cirio Pascual como símbolo de la presencia de Dios aquí y ahora. Puede ser situado en cada uno de los huecos de los brazos de la Cruz o en la parte inferior del Cirio.
  • Es costumbre también reproducir alguna imagen del Señor Jesucristo pintada a mano siguiendo la técnica oriental de la pintura de los iconos que pone de manifiesto detalles de su vida y ministerio.
  • Los cinco granos de incienso, aquí colocados sobre cinco clavos, que recuerdan las cinco llagas gloriosas que Cristo mostró a sus discípulos después de resucitar invitándolos a ver en ellas la prueba de la glorificación de su cuerpo humano y de la Pasión que sufrió por nosotros.

El cirio pascual y la Vigilia Pacual

Quienes participan en la Vigilia Pascual reciben la luz del Cirio Pascual para ser iluminados y transformados por la luz de Cristo resucitado para vivir una vida santa caminando hacia el cielo:

“Oh Dios,

que por medio de tu Hijo

has dado a los fieles la claridad de tu luz,

Santifica este fuego nuevo

y concédenos que la celebración de las fiestas de Pascua

encienda en nosotros deseos tan santos

que podamos llegar con corazón limpio las fiestas de la eterna luz.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

(Oración de bendición del fuego en la Vigilia Pascual)

 

PREGÓN PASCUAL:

Ésta es la noche de la que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mí gozo.»

«En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos. Amén».

(Pregón en la Vigilia Pascual)

 

Uso litúrgico del cirio

· El cirio pascual es encendido en todas las celebraciones litúrgicas desde el Domingo de Resurrección todos los días hasta el día de Pentecostés.

· También se enciende en la celebración de los bautismos y en él se encienden las velas que se entregan al catecúmeno o a sus padres y padrinos diciéndoles: «Recibid la luz de Cristo. A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestros hijos, iluminados por Cristo, caminen siempre como hijos de la luz. Y perseverando en la fe, puedan salir con todos los Santos al encuentro del Señor».

· El cirio Pascual también presidirá la celebración exequial cuando la comunidad cristiana se reúne para despedir a uno de sus miembros fallecidos, iluminando a la asamblea en el momento del sufrimiento por la muerte de uno de sus miembros con la luz de Cristo resucitado.

Elaboración de los cirios

Estos cirios están pintados a mano son obras de arte al servicio de la Fe, llenos de un rico simbolismo que aúna toda la Historia de la Salvación que Dios ha hecho y hace con la humanidad.

6. La Iglesia, como un Candelabro.

Este candelabro circular y giratorio, recuerda el trono celestial y el carro de fuego celestial (la Merkabá) que contempla el profeta Ezequiel, pues “Dios es luz” y se ha revelado llegue a todos:

El libro del Apocalipsis representa a la Iglesia como un “candelabro” cuando Jesucristo se aparece glorioso a San Juan en el cielo en medio de “siete candelabros de oro” y explica que los candelabros son “las siete iglesias” (Ap 1,20). La Iglesia es el carro de fuego enviado a toda la Tierra para evangelizar. El candelabro es imagen de la Iglesia, comunidad de aquellos que han recibido la luz, la conservan y la difunden, unidos en comunión de fe y de amor. Cada cristiano debe aportar su propia luz y permanecer en la unidad. Siendo muchos, formamos el único Cuerpo de Cristo y hacemos presente su luz. Y este carro de fuego debe girar continuamente para que la luz de Cristo llegue a todos.

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