María, enséñanos a querer a tu Hijo

Mi devoción al Corazón de Jesús está muy unida a mi devoción a la Virgen María. Y es que al ser muy mariana hay una frase que desde hace bastantes años llevo en mi corazón: ALABA MI ALMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR. Es la grandeza del corazón espiritual de María reflejada de manera admirable en su canto del Magníficat, ya que Ella fue la que me llevó a conocer al Sagrado Corazón de su Hijo. Y es que María siempre nos lleva a Jesús.

Si hay un lugar donde descansar, donde reír y donde llorar ese es el Corazón de Cristo. Cuando le di mi sí y le abrí la puerta experimenté un AMOR con mayúscula. Desde entonces mi razón de vivir es imitarle, es pedirle el don de verlo en cada persona que me encuentro. Él es el que mejor me conoce y sabe darme en cada momento lo que necesito, aunque a veces no lo entienda; pero no me hace falta entender, sólo confiar y esperar en El. Tener la suerte de experimentar su infinita misericordia que, sabiendo de mi pecado, me quiere, me perdona y es el único que me levanta y me alienta a seguir adelante cuando todos te abandonan.

Es en su Corazón donde he vivido el amor verdadero. Un Corazón que cada vez que caigo no se cansa de darme su mano y me levanta haciéndome crecer más en su confianza y animándome a empezar de nuevo.

Pero también es compadecerme de un Corazón al igual al mío de carne, pero infinitamente más dolorido porque carga con mi pecado. Siento que cuando caigo me levanta y es cuando me mira y me pregunta como a Pedro: ¿Me amas? Y le respondo: "Señor: ¡tú sabes que te quiero!

Rafaela Luque Jiménez