Yo soy el buen Pastor, yo soy la puerta

En el cuarto domingo de Pascua, la liturgia vuelve a presentarnos la figura de Jesucristo buen pastor. “Yo soy el buen Pastor”, nos dice Jesús con ese matiz de belleza, de bondad, que le hacen más atractivo aún. Está aludiendo a toda una tradición en la que Dios ha prometido darnos pastores según su Corazón, a la vista de tantos pastores mediocres o incluso malos, que se aprovechan de las ovejas –de su leche y de su lana- en lugar de servirles, dando la vida por ellas. Dios había prometido “Yo mismo las pastorearé” (Ez 34,15) y esa promesa se cumple en Jesús: “Yo soy el buen Pastor” (Jn 10,11)

Es una de las figuras más entrañables con la que Jesús se presenta en el evangelio. Lleva consigo la solicitud amorosa, la búsqueda de la oveja perdida, que al ser encontrada es colocada sobre los hombros del buen pastor con toda la ternura y la misericordia que supone buscarla y encontrarla, y con toda la alegría para el corazón de Dios por el hallazgo. Jesús contrapone la figura del buen pastor, que ama sus ovejas, que las conoce a cada una por su nombre, del contraste con la figura del funcionario asalariado, que cumple más o menos con su labor, pero no las ama, no las conoce una por una. Y la prueba de ello es que, cuando viene el lobo, el buen pastor no huye, sino que afronta la dificultad a riesgo de su vida, mientras que el asalariado cuando llega la dificultad huye y deja abandonadas las ovejas.

Qué gran actualidad adquiere en estos días esta imagen de Jesús buen Pastor. Cada uno hemos recibido una misión por parte de Dios. Ha llegado la pandemia, y ¿qué hemos hecho?. Cada uno responda, mirando a Jesús el buen pastor. Me refiero en primer lugar a los pastores, empezando por mí, pero de manera más amplia me refiero a todos los que tienen alguna responsabilidad en la Iglesia o en la sociedad. Si en algún momento hemos sentido cobardía, miedo que hace retroceder, miremos a Jesús el buen pastor para aprender de él y pidámosle humildemente perdón por no haber estado a la altura.

Pero a la luz de esta referencia, Jesús buen Pastor, me siento movido a dar gracias a Dios por tantas personas que han sentido la urgencia de ayudar a los demás y han vencido el miedo que paraliza. Estas personas han puesto en juego sus vidas, y muchas de ellas la han perdido. Al entrar en el fuego directo del combate han sido abatidas y han muerto dando la vida por los demás. ¿Puede haber algo más parecido a Jesús el buen Pastor? Vaya nuestro homenaje sincero a todos los que han muerto en estas semanas pasadas, y particularmente a los que han encontrado la muerte en el tajo de trabajo y precisamente de ese trabajo. Creo que es uno de los mayores testimonios que hemos podido recibir en estos días. Que el buen Pastor les haga disfrutar de los gozos eternos, ya que se han parecido a él al gestionar su vida, sus recursos, su salud. Y han antepuesto la ayuda a los demás a su propio interés.

Este ejemplo de Jesús queremos que se extienda por el mundo entero. Y por eso hoy celebramos la Jornada Mundial de oración por las Vocaciones, donde se incluyen todas las vocaciones que llevan entregar la vida a Jesús para que otros tengan vida. Son las vocaciones de especial consagración: hombres y mujeres que dan su vida a fondo perdido, y hemos tenido claros ejemplos en estas semanas, para atender a los ancianos o atender a la vida naciente, atendiendo a las madres gestantes, o dedicarse a la educación para que la persona sea verdaderamente libre. Personas que dan su vida entera, no sólo unas horas de voluntariado, en la atención a los pobres, a los que quedan marginados por el egoísmo de los demás, víctimas del maltrato, de la violencia, de la explotación, del abuso, de la injusticia, etc. Hay personas dedicadas de por vida a rescatar a otros de las redes tóxicas en las que están atrapados. A los jóvenes especialmente os pregunto: ¿no merece la pena gastar la vida en un camino parecido? ¿Qué piensas hacer con tu vida? Oramos en este domingo del buen Pastor por todas las vocaciones consagradas, las que ya están para que perseveren hasta el final, dando su vida, y las que son llamadas ahora para que venzan los miedos y las dificultades y se arriesguen en esta preciosa aventura de parecerse a Jesucristo buen Pastor. Oramos también por las vocaciones nativas en países de nueva evangelización.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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