Manos unidas: un mundo nuevo, proyecto común

La Campaña de Manos Unidas dura todo el año. Durante todo el año se realizan actividades para concienciar a las distintas parroquias, grupos cristianos y a la sociedad entera acerca del hambre en el mundo, es decir, de las múltiples carencias que sufren tantas personas en el mundo, mientras otras tienen de sobra para vivir desahogadamente. El mundo está mal repartido y de ello no tiene la culpa Dios, sino el egoísmo de los hombres, que se quedan con lo suyo y lo ajeno.

Pero el viernes segundo de febrero es el día del “ayuno voluntario”, cuyo resultado es entregado en la colecta litúrgica del domingo siguiente con destino a Manos Unidas. Señalemos algunos aspectos propios de esta campaña y esta colecta: Primero, que la ayuda que prestamos a las personas que viven en países en vías de desarrollo no lo hacemos de lo que nos sobra, sino privándonos (ayunando) de algo que necesitamos. Esto es típicamente cristiano. Damos rascándonos el bolsillo y quitándolo de tantas cosas legítimas, pero que podemos prescindir de ellas para compartir con los que no tienen nada. “Jesús, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2Co 8,9).

Segundo, se trata de una colecta litúrgica, que resume las aportaciones de todos los que se reúnen a celebrar la Eucaristía, donde aprendemos a compartir y a ser generosos con los demás, como lo ha sido Jesucristo con cada uno de nosotros. “Si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros hemos de amarnos unos a otros” (1Jn 4,11). Así cumplimos lo que hacían los primeros cristianos, que privándose de sus bienes, los vendían y ponían el dinero “a los pies de los Apóstoles” (Hech 4,35) para que éstos lo repartieran a los pobres. Manos Unidas es una organización de seglares y dirigida por seglares, bajo la alta dirección de los pastores de la Iglesia, porque se considera una ONG católica, vinculada gozosamente a sus pastores. Una fuerza interna de Manos Unidas es que está respaldada por los obispos de toda España.

Tercero, las mujeres de Acción Católica que comenzaron y todos los que hoy participan en esta gestión lo hacen movidos por el amor cristiano, al que pueden unirse todos las personas de buena voluntad que lo deseen. Es decir, Manos Unidas nunca apoyará proyectos que vayan en contra de la persona humana o promuevan la injusticia. Promueve la dignidad de la persona, la promoción de la mujer que en tantos lugares está despreciada, el acceso a la cultura por parte de los niños, la capacitación profesional de jóvenes y adultos para sacar de la tierra el agua y la comida mediante una agricultura sostenible, el acceso a una asistencia sanitaria básica, etc. Nunca promocionará campañas de esterilización de la mujer, campañas de aborto provocado, situaciones injustas que incluyan la explotación de los pobres, “pelotazos” por los que se enriquecen los gestores a costa de los destinatarios, etc. Se trata de una organización confesionalmente católica, y por eso merece el apoyo de todos los católicos y de todos los que en esa línea quieran colaborar. Los proyectos de Manos Unidas cuidan con esmero su ejecución según la doctrina social de la Iglesia.

Este año, la campaña se refiere a “Un mundo nuevo: proyecto común”, fijado en el marco de los Objetivos del Milenio. Cada uno entiende estos Objetivos del Milenio a su manera. Manos Unidas lo enfoca siempre desde la perspectiva cristiana a la que antes me he referido. Sí, es posible un mundo nuevo, porque es posible un hombre nuevo. Y es posible un hombre nuevo, porque Jesucristo es el Hombre nuevo que hace nuevas todas las cosas. La muerte y resurrección de Cristo hace nuevas todas las cosas. No hay ninguna fuerza tan capaz de transformar la realidad humana como la resurrección de Cristo, que hace nuevas todas las cosas. Ningún personaje de la historia ha vencido la muerte como la ha vencido Cristo el Señor resucitando. Por eso, es posible un mundo nuevo, es posible vencer el pecado y la muerte, es posible cambiar el rumbo del egoísmo y transformarlo en amor, es posible un mundo nuevo, porque es posible la esperanza para tantas personas que llevan toda su vida sin acceso a las necesidades más básicas de la existencia humana. Es posible un mundo nuevo en el que las personas, las sociedades, los Estados y el orden internacional propicien un mundo nuevo en el que todos puedan comer, tener acceso a la cultura y estar cubiertos en la asistencia sanitaria.

La oración es una fuerza potente para cambiar el mundo, porque comienza cambiando los corazones de las personas, que toman decisiones en la marcha de la historia. La campaña de Manos Unidas este año nos recuerda que tenemos que aspirar todos –cada uno desde su perspectiva- a un objetivo común: hacer un mundo nuevo. Para un cristiano no es una utopía, es algo real, comenzando por uno mismo.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba