“Los jóvenes nos sorprenden. Guadalupe 2014”

Eso es la Iglesia: una comunidad viva, llena de esperanza y capaz de dar esperanza a los adultos y los jóvenes de hoy, al darles a Jesucristo, nuestro salvador y nuestro redentor, el fruto bendito del seno virginal de María.

Una vez más, los jóvenes nos han sorprendido en la 19ª Peregrinación diocesana de jóvenes a Guadalupe el pasado fin de semana. Más de 700, muchos veteranos y otros muchos nuevos se han enganchado a esta movida juvenil, que tiene a Santa María de Guadalupe como meta y que supone toda una experiencia de comunidad peregrina, donde prevalece la alegría, la ilusión, el gozo de compartir, las nuevas amistades. Eso es la Iglesia: una comunidad viva, llena de esperanza y capaz de dar esperanza a los adultos y los jóvenes de hoy, al darles a Jesucristo, nuestro salvador y nuestro redentor, el fruto bendito del seno virginal de María.

La peregrinación se plantea en parámetros de dureza, no de comodidad ni de consumo. Hay que caminar más de 30 kms., brotan las ampollas, hace calor, se pasa sed, hay momentos en que la cuesta arriba se hace pesada, escasez de duchas, dormir en el suelo, acostarse tarde, levantarse pronto. Pero al mismo tiempo, el caminar juntos proporciona la alegría del encuentro, de los amigos, del compartir. Hay lazos de amistad que sólo en la dificultad nacen o se fortalecen. La peregrinación es una parábola de la vida. La vida es así, alegrías y dificultades compartidas, echando una mano al que se muestra más débil para fortalecerle entre todos, y llegar juntos a la meta.

En el camino, los sacerdotes, los catequistas, los educadores son una ayuda muy eficaz. Además de ir juntos, necesitamos en la vida referentes, personas que van por delante y otean el horizonte para que no nos perdamos. Parroquias, colegios, grupos de diversa índole. Todos somos la Iglesia del Señor. La peregrinación a Guadalupe es como la puesta en escena de una Iglesia viva, una Iglesia joven, una Iglesia capaz de superar las dificultades, porque se siente alentada por el Espíritu Santo, que brota del Corazón traspasado de Cristo y porque tiene una Madre, María. Una Iglesia llena de esperanza.

Los testimonios ofrecidos estimulan a seguir adelante. Unos novios que se han declarado y decidido casarse cuando llegaban ante la imagen bendita de Santa María de Guadalupe, quieren compartir sus vidas según el plan de Dios. Otros se han conocido en Guadalupe y cada año refuerzan su amor ante la Señora. Unos chicos que han visto más claramente su vocación al sacerdocio, dejándolo todo para seguir a Jesús sirviendo a sus contemporáneos, han constatado que su papel es muy importante en el servicio a sus hermanos, para ofrecerles la Eucaristía, el perdón, la Palabra de Dios. Entre ellos destacaban los seminaristas, jóvenes alegres como los demás y enamorados de Jesucristo y de su Evangelio. Unas chicas que sienten la llamada a la vida consagrada y que en su deseo de ser madres experimentan un horizonte mucho más amplio que el de la carne y la sangre. Guadalupe es realmente un vivero de vocaciones a todos los estados de vida cristiana, y alimenta año tras año la vocación a la que cada uno es llamado por el Señor.

Una vez más he constatado la necesidad en nuestra diócesis de Córdoba de anudar esta red de jóvenes, que viven en sus parroquias, en sus grupos diferentes. Considero una urgencia pastoral ofrecer la Acción Católica General a tantos jóvenes que no están vinculados a nada y necesitan esa articulación diocesana, que los inserta en sus parroquias y los vincula a la diócesis. No partimos de un grupo ya constituido, al que se suman otros jóvenes. Partimos de cada parroquia, de cada grupo y el obispo los convoca para una etapa nueva, constituyente, para formar la nueva Acción Católica General de jóvenes en la diócesis de Córdoba. Queridos sacerdotes, os invito a secundar esta propuesta del obispo, a fin de que varios miles de jóvenes se articulen en una red capilar por toda la diócesis para un proyecto común, en el que los mismos jóvenes sean protagonistas en el seno de la Iglesia, asuman responsabilidades, sobre todo en relación con otros más jóvenes y con los niños, sigan algunas pautas comunes de formación y tengamos anualmente algún encuentro. En definitiva, tengan conciencia de pertenencia. Urge constituir los Niños de Acción Católica General, pero para eso necesitamos numerosos grupos de monitores, que van creciendo en la medida en que se enganchan a esta cadena transmisora de la experiencia cristiana en nuestra diócesis. Guadalupe me ha descubierto una vez más que vivimos en una diócesis bendecida por Dios en la que todos hemos de confluir en un proyecto común para vivir y expresar la comunión eclesial. El mundo actual está esperando esta comunión para lanzarnos eficazmente a la evangelización.

 

A Santa María se lo he pedido con toda mi alma, y espero que Dios bendiga a todos estos jóvenes y esta propuesta de Acción Católica General de jóvenes y niños.

 

Con mi afecto y mi bendición:

 

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba