Llegan las vacaciones

No todo el mundo tendrá vacaciones. No todo el mundo encontrará días para descansar en los próximos meses calurosos del verano. Pero llegados a estas fechas muchos han planeado y están disfrutando ya de un merecido descanso. De una manera u otra, en los días de verano disminuye la actividad organizada y viene un tiempo más relajado en los compromisos y en las tareas, y por tanto, puede haber tiempo para el descanso, aunque sólo sea cambiando de ocupación.

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Empecemos por los niños. Acabado el curso escolar, se organizan actividades de todo tipo para llenar el tiempo de vacaciones, alternando tiempos para dormir más, la convivencia en familia, algunas tareas escolares, la piscina y el juego, etc. Son muy numerosos los campamentos, convivencias, jornadas, colonias de verano para niños, adolescentes y jóvenes. Y son muy útiles ciertamente. El contacto más directo con la naturaleza, el compañerismo vivido más intensamente, la vida austera que da el campamento fuera de las comodidades de casa, las catequesis que se reciben y las Misas que se celebran, las actividades que se realizan implicando activamente a todos, etc. Todo ello es un ingrediente de crecimiento, que no todos pueden tener, pero que llega a muchos miles de niños, adolescentes y jóvenes durante el verano.

Y sigamos por la familia. Creo que la familia sale ganando -y mucho- durante las vacaciones, aunque a las madres se les duplique el trabajo, que encuentra siempre apoyos compartidos en los padres y en los hijos de todas las edades. Pero las vacaciones son ocasión de mayor convivencia, quizá también de más roces entre los componentes de un hogar. Las vacaciones permiten a los más pequeños, como hemos dicho anteriormente, estar más en casa, disfrutar de los padres, de los hermanos y de los primos, de los abuelos y lo tíos. Y a los padres les da la oportunidad de estar más con sus hijos, lo cual refuerza las motivaciones para afrontar después la fatiga diaria: es por ellos! La familia se refuerza en vacaciones, porque además hay ocasiones de visitarse unos a otros, de estrechar lazos de relación, etc.

Y no olvidemos a los amigos. Las vacaciones son también ocasiones estupendas para disfrutar de una buena amistad, que durante el año no es tan fácil cultivar.

Ahora bien, hay maneras y maneras de plantear las vacaciones. Para algunos, vacaciones es no hacer nada. En este sentido, las vacacione son demoledoras, destruyen a la persona, la dejan desarticulada. Yo no quiero vacacione de esas, que dejan una resaca insuperable. Para otros, sin embargo, las vacaciones consisten en cubrir tantos huecos de la vida, que cotidianamente no se pueden satisfacer. En este sentido, vacaciones es cambio de ocupación, es hacer aquello que no puedes en el tiempo ordinario, es preparar el futuro, es disponerse para una nueva etapa, la del próximo año en la que seguir gastando la vida, según la vocación y el estado en que cada uno ha sido llamado.

Y para todos, las vacacione son un tiempo privilegiado para encontrarse con Dios, como quizá no podemos hacerlo a lo largo del curso. En vacaciones encontramos tiempo para retirarnos a más oración: unos ejercicios espirituales, unos días de monasterio, tiempo más abundante para la lectura espiritual, para la reflexión, para ajustar nuestra vida a la voluntad de Dios. El ritmo cotidiano no es tan apremiante y puede dedicarse más tiempo y con más sosiego a la lectura sosegada de la palabra de Dios, de la vida de los santos, de temas que completan nuestra formación. El tiempo de vacaciones es para ponernos las pilas y volver a la vida ordinaria renovados en el espíritu. Hay ocasiones para Jornadas, para cursillos de espiritualidad y formación, para convivencias de contenido religioso. No olvidemos a Dios en las vacaciones, sino por el contrario, abrámosle nuestros corazones para una mayor acogida. Eso es lo que realmente descansa: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré…aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”(Mt 11,28-29), nos dice Jesús.

A todos os deseo un feliz descanso que reponga vuestras fuerzas para seguir caminando con esperanza en las etapas siguientes de la vida.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba