La Vida consagrada, encuentro con el Amor de Dios

El 2 de febrero, fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo en brazos de su madre María y acompañados por José, celebramos en la Iglesia la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Jesús entra en el Templo para ser ofrecido, y José porta en sus manos el rescate del primogénito propio de una familia pobre: un par de aves domésticas. Cumplieron así la ley de Moisés, llevándola a plenitud. La vida humana encuentra su sentido cuando se vive como un don recibido de Dios, y cuando le ofrecemos a Dios como respuesta a esa misma vida recibida. En la reciprocidad de ese don se inserta la vida consagrada.

La vida consagrada es la forma de vida que Jesús tomó para sí a lo largo de su vida terrena, y en la que él llama a su seguimiento a tantas mujeres y hombres a lo largo de la historia. Es una novedad y una originalidad evangélica. Encuentra en otros ambientes culturales y religiosos ciertos parecidos, pero la novedad consiste en vivir como vivió él, Jesús nuestro Señor. El seguimiento de Cristo, iniciado en el bautismo, alcanza su máxima expresión en la vida consagrada, que desde el comienzo Jesús transmite a sus apóstoles y discípulos, entre los cuales se encontraba un grupo de mujeres. Sí, las mujeres que entonces no tenían ninguna participación ni consideración social son llamadas al seguimiento de Cristo, entran a formar parte del grupo de los que viven más cerca de Jesús. Y a lo largo de la historia han sido millones de hombres y mujeres los que han vivido y continúan este estado de vida en la Iglesia.

La vida consagrada tiene como identidad la vivencia de los consejos evangélicos de virginidad o castidad perpetua, de obediencia y de pobreza. Y en muchos casos, sobre todo en la vida religiosa, incluye la vida comunitaria. La vida consagrada es un icono de la vida trinitaria, es un reflejo de la vida de Jesús, es una profecía para este tiempo y para todas las épocas de los valores definitivos del Reino.

Nuestra diócesis de Córdoba cuenta con un buen número de consagrados/as. Están presentes en todos los frentes de la evangelización: en colegios, en residencias de ancianos, en atención directa a los pobres, en hospitales, en parroquias dedicándose a la tarea directa de catequesis y demás. Los consagrados son la vanguardia de la Iglesia, entre nosotros y en territorios de misión, a donde sólo llegan ellos y ellas.

Este año, el lema reza “La vida consagrada, encuentro con el Amor de Dios”. No se entiende la vida consagrada sin una referencia directa a Dios, porque es testimonio del amor de Dios a los hombres y, al mismo tiempo, testimonio del amor del hombre, varón o mujer, a Dios. En un mundo en el que se pretende prescindir de Dios, la vida consagrada es un grito profético que nos señala el amor de Dios presente en la historia.

Es profético el modo de vivir evangélico, viviendo como vivió Jesús. De esta manera, es una llamada a todos los cristianos y es un referente de cómo vivir la vida cristiana, cada uno desde su propia vocación y misión. Y es profética la tarea que desempeñan, ir a los últimos, a los más necesitados, como un imperativo de Jesús, que vivió así y se dirigió a los pobres, a los humildes, a los que esperaban la salvación de Dios. La tarea que realizan los consagrados es inestimable, la empezamos a entender cuando nos falta.

Pidamos en esta Jornada Mundial de la Vida Consagrada por todos los que han sentido la llamada del Señor a seguirle de cerca para que el Señor los sostenga en su vocación y misión. Pidamos por tantos jóvenes, varones y mujeres, que sienten hoy la llamada a ese seguimiento radical de Jesús, para que nunca falte en la Iglesia la lámpara ardiente de los que siguen a Jesús en la vida consagrada: monjes y monjas, religiosos/as, institutos seculares, vírgenes consagradas, familias eclesiales con sus propios consagrados. Demos gracias a Dios por este gran regalo a su Iglesia, apoyemos a los que así han sido llamados.

En la Catedral de Córdoba lo celebramos el día 2, a las 10:30, convocados todos los consagrados que puedan asistir. Todo el pueblo de Dios rece y valore en esta Jornada el gran don de la vida consagrada para bien de toda la Iglesia y de la sociedad.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba