Es la hora de los laicos

El concilio Vaticano II ha puesto en el candelero la naturaleza y la misión de los laicos en la Iglesia. Los fieles cristianos laicos tienen una identidad propia y una misión en la Iglesia y en el mundo. Son bautizados y confirmados, miembros de pleno derecho en la comunidad eclesial, partícipes del sacerdocio común de Cristo para ser en el mundo profetas, sacerdotes y reyes, para consagrar el mundo desde dentro e instaurar el Reino de Cristo en la historia, con la mirada puesta siempre en el cielo.

laicos

El gran despertar del laicado sucedió en la primera mitad del siglo XX, cuando el paso a la sociedad industrial ha hecho cambiar los esquemas medievales de la sociedad. La Iglesia entendió que sus hijos fieles cristianos laicos tenían que ponerse a la tarea de construir un mundo nuevo, uniendo sus manos con todos los que se esfuerzan en esta tarea desde distintas perspectivas. La doctrina social de la Iglesia ha constituido un potente faro de luz para afrontar los cambios sociales del siglo XX, y brota entonces en torno a la parroquia y a la diócesis la Acción Católica, como fuerza capaz de aglutinar generaciones enteras de jóvenes y adultos, para llevarlos a la santidad en la tarea de transformar este mundo. Las distintas catástrofes del momento (guerras, dictaduras de uno y otro signo, etc.) despertaron en los laicos la urgencia de ponerse a la labor para hacer un mundo nuevo.

El concilio Vaticano II ha sido el concilio del laicado, recogiendo las mejores aguas de las décadas precedentes. La llamada a la santidad de todos en todos los estados de vida, no sólo de algunos que se consagran o se apartan del mundo, el impulso misionero como tarea de todos en la Iglesia, la corresponsabilidad de todos en el seno de la Iglesia, cada uno desde la misión recibida para confluir en la comunión orgánica de un mismo Cuerpo. Estas y otras líneas de fuerza han dado lugar a una floración del laicado como nunca lo había conocido la Iglesia en su historia.

Nuestra diócesis de Córdoba dispone de un laicado abundante, centrado en lo esencial, inserto en el mundo, con ímpetu misionero y evangelizador. La inmensa mayoría de estos fieles laicos viven y se nutren en torno a las parroquias y en ellas encuentran el campo de su misión apostólica. He aquí el núcleo de la nueva Acción Católica General, que tenemos que coordinar en toda la diócesis, a distintas velocidades, en sus tres niveles de adultos, jóvenes y niños. Son muchos los laicos que se organizan y sirven desde las Hermandades y Cofradías. Otros, se han adherido a los distintos carismas que el Espíritu Santo ha suscitado en esta etapa postconciliar, como si de un nuevo Pentecostés se tratara. Cursillos de Cristiandad, Comunidades Neocatecumenales, Comunión y Liberación, Focolarinos, etc. son otros tantos grupos en la Iglesia que la rejuvenecen y la hacen misionera en este momento importante de la historia.

La vigilia de Pentecostés, en la espera y súplica del Espíritu Santo, quiere ser un momento de vivencia de esta comunión eclesial a nivel de toda la diócesis, presididos por el obispo en la Santa Iglesia Catedral. En la Visita pastoral, voy entrando en contacto con todos estos fieles laicos, que son muchedumbre inmensa. ¡Qué bonita es la Iglesia, la Esposa del Señor, nuestra madre! Vivir en la Iglesia, gozar de los bienes de la Casa de Dios, reconocer las cualidades de tantas personas y grupos que laboran, trabajar por la comunión de unos con otros. Esta es la tarea que el Espíritu Santo va suscitando en nosotros, y en la que el obispo tiene la preciosa tarea de sostener la unidad de todos. Cada uno debe dar gracias a Dios por lo que ha recibido, y donde lo ha recibido. La fiesta de Pentecostés debe proporcionarnos a todos la alegría de esa comunión que viene de lo alto, y en la que todos somos artífices.

El Consejo Diocesano de Pastoral, formado sobre todo por laicos, y el Consejo Diocesano de Laicos son organismos de comunión, de comunicación y de participación a nivel diocesano para que todos nos sintamos representados y corresponsables en la tarea común de la nueva evangelización.

Os espero a muchos laicos en la Vigilia de Pentecostés, y a todos os invito a que os unáis en espíritu orando al Espíritu Santo por nuestra Iglesia diocesana de Córdoba, una diócesis en estado de misión.

Con mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba