En estado de misión permanente

“El momento actual… exige poner a vuestras Iglesias en un verdadero estado de misión permanente, para llamar a quienes se han alejado y fortalecer la fe”, ha recordado el Papa Francisco a todos los obispos españoles, a quienes ha recibido conjuntamente en la mañana del 3 de marzo, durante la Visita ad limina. Es el lema de este curso pastoral para nuestra diócesis: “Córdoba, una diócesis en estado de misión”.

Obispo

El Papa ha constatado que estamos “sufriendo la dura experiencia de la indiferencia de muchos bautizados y tenemos que hacer frente a una cultura mundana, que arrincona a Dios en la vida privada y lo excluye del ámbito público”. Por eso, es necesario adoptar una postura misionera, es decir, de anuncio gozoso de la salvación que Jesucristo ha venido a traernos, sin dar por supuesto que la gente de nuestro entorno ya lo sabe. “La fe no es una mera herencia cultural, sino un regalo, un don que nace del encuentro personal con Jesús y de la aceptación libre y gozosa de la nueva vida que nos ofrece”. Todo el sustrato cristiano del que goza nuestro pueblo no es un obstáculo, sino un caldo de cultivo que favorece ese encuentro personal con Jesucristo. Hemos de valorarlo, sin dormirnos en los laureles, saliendo al encuentro de cada persona (niño, joven o adulto) para darle a conocer y a vivir el encuentro personal con el Señor.

“Sin miedo de dar el primer paso para ir a su encuentro”. He aquí la actitud misionera. No se trata de propaganda ni de marketing, ni menos aún de proselitismo. Se trata de llegar a todos sin esperar a que vengan y al mismo tiempo de “respetar con humildad los tiempos de Dios y, con paciencia, el proceso de maduración de cada persona”. Para eso, hemos de buscar las ocasiones, los nuevos areópagos, los lugares donde se cuecen las decisiones y donde vive la gente. Estar presente en la historia, con humildad y con paciencia. No esperar a que vengan, sino salir a su encuentro en las múltiples ocasiones de la vida: en la convivencia familiar, en el deporte y el ocio, en el mundo de la cultura donde la Iglesia es experta desde hace siglos, en el mundo del trabajo, en la vida pública. “Nadie puede quedar excluido”.

Es preferente la iniciación cristiana, especialmente de los niños y jóvenes. Aprender a ser cristiano, preparando los sacramentos del bautismo, confirmación y eucaristía. Atención especial merece la familia, “lugar nativo de convivencia en el amor, célula originaria de la sociedad, transmisora de vida e iglesia doméstica donde se fragua y se vive la fe”. “Una familia evangelizada es un valioso agente de evangelización”. La familia según el plan de Dios, constituida por el varón y la mujer, con un amor para toda la vida, santificado por Dios y abierto generosamente a la vida, es el cauce natural para el crecimiento en el amor y para el desarrollo armónico de la persona. Y es también el lugar natural donde brotan las vocaciones a los distintos estados de vida: al matrimonio, a la vida consagrada y al sacerdocio ministerial.

Cuidar los seminarios y la formación sacerdotal, con la pastoral vocacional que le acompaña. Buena “selección de candidatos y preparación de equipos de buenos formadores y profesores competentes”, ha de ser un aspecto absolutamente prioritario el el corazón del obispo. Nuestro Seminario goza de buena salud y es bien estimado en Roma. También en este punto hemos de ser agradecidos a Dios por tantos dones y marcar nuevas metas para alcanzar nuevos logros. Nuestro horizonte no termina en la diócesis de Córdoba, sino que se amplía a la Iglesia universal, con amplitud de miras en todos los aspectos.

La atención a los pobres ha ocupado un lugar preferente en las palabras del Papa, porque “es signo del Reino de Dios que Jesús vino a traer”. “Sé bien que en estos últimos años, precisamente vuestra Caritas –y también otras obras benéficas de la Iglesia- han merecido gran reconocimiento, de creyentes y no creyentes”. El Papa muestra su alegría y nos anima a seguir en esta dirección. Los pobres estarán siempre con nosotros y tiran de nosotros para sacar de nuestro corazón lo mejor que cada uno tiene.

Ha sido realmente una experiencia de profunda comunión con el Sucesor de Pedro, el obispo de Roma. El análisis pormenorizado de otros muchos aspectos ha llenado estos días de comunión y comunicación con los que ayudan al Papa en el gobierno de la Iglesia universal.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba