“Comparte lo que importa” Manos Unidas

Al llegar el segundo domingo de febrero hacemos la colecta litúrgica de Manos Unidas, poniendo “a los pies de los Apóstoles” -hoy, los obispos- (Hech. 4,35) nuestras aportaciones voluntarias, que irán destinadas a miles y miles de personas en otros tantos proyectos de Manos Unidas por todo el mundo. La Campaña contra el Hambre en el mundo nos invita este año a “Compartir lo que importa”. Repetimos una vez más aquel gesto de los primeros cristianos, que, al conocer a Jesucristo por el anuncio del Evangelio, vendían sus bienes y los ponían a los pies de los Apóstoles para que éstos los repartieran entre los pobres de la comunidad. San Pablo, al subir a Jerusalén para contrastar con Pedro y los demás apóstoles el contenido de su Evangelio, nos dice que concluyeron el encuentro con un abrazo fraterno y una recomendación: “No te olvides de los pobres” (cf. Gal 2,10), y por eso san Pablo realizo una gran colecta con destino a los pobres de Jerusalén.

Nos cuenta el Papa Francisco que, al momento de su elección para Sucesor de Pedro, el cardenal Hummes que estaba a su lado le susurró: “No te olvides de los pobres”, y eso le llevó a elegir el nombre de Francisco como recuerdo del santo que se ha caracterizado por la pobreza personal y la entrega y cercanía a los pobres.

Manos Unidas nos presenta el panorama mundial de tantas pobrezas que impiden el desarrollo de los pueblos y el crecimiento personal de tantas personas. Manos Unidas toca el corazón de los católicos españoles y de toda persona de buena voluntad que quiera colaborar por este cauce. El estilo de Manos Unidas, como ONG de la Iglesia Católica para paliar el hambre en el mundo, no es solamente recaudar fondos, sino mentalizar a los fieles de nuestras comunidades cristianas “para que no se olviden de los pobres”.

En nuestro primer mundo tenemos de todo, aunque a nuestro alrededor también hay carencias muy notables, como son cubrir las necesidades básicas de alimento y vivienda. Pero no nos hacemos idea de las carencias que tienen tantos habitantes del planeta que mueren de hambre cada día. Alimentos, educación, sanidad, casa, tierra. Carecen de todo y no podemos aplazar la respuesta a estas necesidades hasta que las instituciones internacionales salgan a su encuentro. Urge ayudarlos hoy, quizá mañana sea tarde.

“Comparte lo que importa” pone el acento sobre todo en la persona. Alimentos hay de sobra en el mundo, hace falta sensibilidad para compartir lo que importa: la dignidad de la persona, tener lo elemental para sobrevivir, tener acceso a una educación y sanidad que mejore la calidad de vida, tener el pan de cada día. Y sobre todo, tener a Dios y conocer a Jesucristo, que nos ofrece la salvación de Dios, nos hace hermanos unos de otros y nos da a su Madre como madre nuestra.

Agradezco a todas las personas que trabajan como voluntarias en Manos Unidas, en la delegación diocesana y en las parroquias. Por todas las parroquias que visito me encuentro siempre con la delegada de Manos Unidas y su equipo, que inventan múltiples iniciativas para concienciar y recaudar fondos destinados a estos proyectos. No dejéis de motivar la razón más profunda de nuestra caridad cristiana: si hemos conocido a Jesucristo, si compartimos la mesa eucarística en la que se nos entrega el mismo Jesús, no podemos olvidarnos de los pobres, porque en ellos prolonga Jesús su presencia, reclamando nuestro amor, nuestra solidaridad, nuestro compartir con ellos lo que tengamos, privándonos de algo.

¿De qué nos serviría llenar los estómagos si no conocieran al Señor? No los ayudamos para traerlos a lo nuestro. Nuestra caridad ha de ser gratuita, pero en esa caridad debe aparecer siempre visible que ha sido Jesús el que nos ha motivado, y es a él a quien servimos. En la caridad con los hermanos, con los pobres, es donde se verifica nuestro amor a Dios. Camparte lo que importa, da de tu pan al hambriento, viste al desnudo, ofrece buena educación al que lo necesita y ten presente en tu oración a tantos y tantos que no conocen a Jesucristo, porque están privados de su Evangelio.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba