“Aquí estoy, envíame”. DOMUND

Celebramos en este domingo el día del DOMUND, domingo mundial de las misiones. Una nueva ocasión de entrar en esta dimensión esencial de la Iglesia, la dimensión misionera. Misión se refiere en primer lugar al envío de Jesucristo por parte del Padre para anunciar a los hombres el amor de Dios. Un amor que no es amado y que incluso es rechazado por los hombres. Por eso, un anuncio doloroso que llega a su máxima expresión en la Cruz redentora de Cristo.

Los Apóstoles también han sido enviados por Jesucristo al mundo entero: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Ellos han sido los primeros misioneros, enviados por Jesús al mundo entero. Y han cumplido ese mandato misionero, yendo hasta los confines del mundo para anunciar esta buena noticia. La Iglesia desde su nacimiento es misionera, es decir, ha nacido para evangelizar. Ha nacido para llevar al mundo entero la buena noticia del Evangelio: Dios te ama, Cristo ha muerto por ti, las puertas del cielo están abiertas para ti, todos somos hermanos hijos del mismo Padre, tu vocación es la santidad, llegar a parecerte del todo a Jesucristo por la acción de su Espíritu Santo.

En distintos momentos del año, se nos recuerda esta dimensión misionera de la Iglesia. El domingo del DOMUND es un momento fuerte para recordar y profundizar en esta dimensión esencial de la Iglesia, la dimensión misionera.Este año con el lema “Aquí estoy, envíame”.

Son palabras del profeta Isaías (Is 6,8), en respuesta a la llamada de Dios para enviarle a una misión. Son las palabras del mismo Jesús, que al entrar en este mundo, dijo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (Hbr 10,7). Es la respuesta de tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, que al sentir la llamada de Dios, se han mostrado disponibles para ir a donde sea, para cumplir la misión de anunciar el Evangelio.

El lema expresa en primer lugar que la misión tiene su origen en una llamada divina. Es Dios el que llama. Y lo hace directamente o poniéndonos delante de los ojos las necesidades perentorias de los demás. Esa llamada, si es de Dios, trae consigo una fuerza superior, que impulsa a cumplir la misión encomendada. Por parte del llamado la disponibilidad es incondicional: “Aquí estoy”.

Llegada esta fecha, es momento para agradecer a Dios los más de 500 mil misioneros católicos (hombre y mujeres, más mujeres que hombres), que por todo el mundo anuncian el Evangelio en nombre de la Iglesia. Y lo hacen con plena disponibilidad, atendiendo todos los ámbitos de la persona: educativos, sanitarios, cercanía a los pobres, remedios para el hambre, acompañamiento a las personas en todas sus necesidades y, sobre todo, anuncio explícito de Jesucristo y de su salvación para todos.

La acción misionera de la Iglesia es una acción que favorece el progreso de los pueblos a todos los niveles. Y en medio de esos pueblos sencillos y humildes encontramos verdaderos testimonios de fe, que nos edifican. Todos los misioneros constatan que es mucho más lo que reciben que lo que ofrecen, ya que la acción misionera de la Iglesia va precedida y acompañada por la acción de Espíritu Santo que actúa en los corazones.

Nuestra diócesis de Córdoba tiene más de 200 misioneros esparcidos por todo el mundo. Allí donde nadie más llega, llegan ellos. Los misioneros son la vanguardia de una Iglesia que existe para evangelizar.

Se cumplen en estos días 10 años de la Misión de Picota, en Moyobamba-Perú. Dos sacerdotes diocesanos, que han ido relevándose sucesivamente, dos comunidades religiosas estables y un buen grupo de seglares, además de los seminaristas en una corta experiencia de verano. Picota es parte de nuestra diócesis de Córdoba. Son innumerables las actividades visibles y más todavía las invisibles, cuando visitamos aquel lugar tan lejano geográficamente (a más de 12.000 kms de Córdoba) y tan cercano en el corazón de la Iglesia de Córdoba. Damos gracias a Dios, que nos invita a ser misioneros.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.