Santiago Calero Redondo

Sacerdote. ( Pedroche, Córdoba, 27 julio 1869-Villa del Río, Córdoba, 19 agosto 1936, 67 años)

 

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Nació en el seno de una familia profundamente cristiana y practicante. Sus padres, Manuel Calero Cámara e Isabel Redondo Escribano, tejedores, le bautizaron en la Parroquia del Salvador de Pedroche al día siguiente de nacer.

Ingresó a la edad de 13 años en el Seminario de San Pelagio, con el beneplácito de sus padres y un informe muy favorable de su párroco: “Es joven de una conducta moral irreprensible, vida cristiana por su constante asistencia a todos los actos religiosos, ocupándose en repetidas ocasiones en el servicio de la parroquia y ayudar la Santa Misa”.

Realizó sus estudios de Latín y Humanidades, además de los eclesiásticos, y fue ordenado presbítero el 10 de marzo de 1894.

Es destinado un mes después, como coadjutor, a la Parroquia de San Sebastián en Torrecampo, además de ser su notario eclesiástico. En febrero de 1912 fue nombrado cura ecónomo, obrero y colector de dicha Parroquia. Atendió con celo las diversas capellanías de la misma, sobre todo a las Hijas de María. Fundó la “Santa Casa de Loreto”, siendo también el camarero de dicha casa. Su prioridad pastoral, según él cuenta, fue “el fomento de la piedad”, atendiendo también la aldea de San Benito como cura ecónomo desde el año 1904, tras concederle las oportunas licencias ministeriales el Obispo. En 1917 fue nombrado director de la junta local de la Asociación para el Fomento de Vocaciones Sacerdotales, uno de los objetivos pastorales más importantes del Obispo Guillamet y Coma.

Convocadas las oposiciones a curatos, concurrió a los exámenes y obtuvo en propiedad, en 1918, la Parroquia de la Inmaculada Concepción en Villa del Río. Allí también es confesor ordinario de las Terciarias Franciscanas de la Divina Pastora, que tenían un colegio-hospital.

Asistió a varios congresos nacionales: II Congreso Catequístico Nacional de Granada (1926); III Congreso Eucarístico Nacional de Toledo (1926); Congreso Mariano Hispanoamericano de Sevilla (1929); y, III Congreso Catequístico Nacional de Zaragoza (1930).

En respuesta a las indicaciones del Obispo Guillamet y Coma, don Santiago se aplica con diligencia a la creación del Sindicato Católico Agrario en el año 1919. Y estudia todas las vías posibles para implantar la catequesis parroquial. Para conmover el sentimiento religioso de sus fieles, sólo vio un camino: desarrollar la devoción popular a la Patrona del pueblo, la Virgen de la Estrella, adquiriendo varias imágenes nuevas de ella.

El primer golpe que recibe don Santiago es el incendio provocado en el templo parroquial el 14 de julio de 1931, año en que comenzó la Persecución Religiosa en España que durará hasta el año 1939. Mucho se perdió en ese incendio, en especial gran parte del archivo parroquial. El Juzgado de Primera Instancia de Montoro instruyó el sumario, pero ni el Obispo ni don Santiago quisieron personarse; ambos prefirieron el silencio y el perdón.

El 18 de julio de 1936 se crea el Comité de Defensa de la II República en el pueblo, formado principalmente por comunistas. A los pocos días se suspendió el culto católico, y la parroquia, la Iglesia de Jesús y el Santuario de la Virgen de la Estrella fueron saqueados y destruidas todas las imágenes y enseres.

Don Santiago se mantuvo sereno ante estos hechos persecutorios y anticristianos. Por todo lo que estaba sucediendo trasladó el Santísimo Sacramento antes de que fuese profanado, y finalmente él mismo, su coadjutor y su sacristán (también mártires) fueron inmolados. Relata don Antonio Torralba Borrego: “A mediados de agosto oí decir por  las calles del pueblo que don Santiago con el coadjutor don Juan Cano Gómez, el sacristán y otros vecinos más habían sido fusilados en la carretera que conduce a Lopera. Fueron sacados de sus casas respectivamente y llevados al lugar de su muerte” (M. Nieto Cumplido y L. E. Sánchez García, La Persecución Religiosa en Córdoba, 1931-1939, 912).

Terminada la Guerra Civil, fueron extraídos de una fosa común los cuerpos de todos los que fueron sacrificados aquella noche; junto a otros que lo fueron anteriormente, y los sepultaron en un mausoleo en el Cementerio de Villa del Río. Se ignora cómo fueron sepultados y si fueron convenientemente identificados. Allí figuran sus nombres y que murieron entre el 18 de julio y el 19 de a

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