Rafael Cubero Martín

Seminarista (Carcabuey, Córdoba, 23 septiembre 1913 - Cañete de las Torres, Córdoba, 20 agosto 1936, 22 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Era el hijo menor de Rafael Cubero Herrera y Soledad Martín Camacho, que le bautizaron el 27 de septiembre de 1913 en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Carcabuey. El 23 de septiembre de 1915, Mons. Ramón Guillamet le confirmó allí. Era una familia religiosa y ejemplar, que educó cristianamente a sus tres hijos, y muy unida a la Iglesia: su tío materno es el sacerdote don Teodoro Martín Camacho (también mártir).

Al año de la muerte de su padre (1917) toda la familia vive en casa de don Teodoro, en Córdoba, feligresía de San Pedro. Aquí solicita su ingreso en el Seminario de San Pelagio, a los 12 años de edad, curso 1925-1926. El coadjutor de su Parroquia de San Pedro de Córdoba informa el 4 de septiembre de 1925: “Observa buena conducta moral y religiosa, asistiendo todos los días a la Santa Misa y recibiendo con frecuencia los Sacramentos de la Penitencia y Comunión”.

De sus primeros años destacan sus calificaciones. Fue un ponente habitual en las disertaciones científicas y los actos literarios del plan de estudios. Hablaba y escribía Latín con fluidez, y traducía correctamente griego y hebreo. Tenía inquietud por aprender una lengua viva, y se matriculó en inglés en las vacaciones del 1935, y pensaba mejorar su pronunciación al año siguiente. En su formación como seminarista le influyó mucho su rector, el beato mártir José María Peris Polo.

Desde segundo de Latín mostró dotes de poeta. Con 14 años compuso sus primeras poesías, unas redondillas a la Virgen. Varias poesías suyas fueron publicadas en “La Voz” (Córdoba), “El Correo de Andalucía” (Sevilla), “El Adalid Seráfico” y “El Correo Josefino”. A medida que avanzaba en su formación filosófica y teológica, su poesía iba siendo cada vez más religiosa y enfocada en su vida espiritual, centrada en la Eucaristía y su amor a la Madre de Dios. Una de sus últimas obras, hoy perdida, fue una breve hagiografía de San Eulogio de Córdoba, tras estudiar la vida de los Mártires Mozárabes cordobeses.

Las vacaciones de verano solía pasarlas con su familia, visitando a su tío sacerdote don Teodoro. Don Rafael le ayudaba en las parroquias a las que aquél sirvió: coadjutor en San Pedro de Córdoba y cura propio de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción Bujalance (1926). En ésta solía ir a la catequesis de niños y las reuniones de jóvenes de Acción Católica.

En 1934 recibió la Prima Clerical Tonsura, que le preparaba para recibir las órdenes sagradas. Ese año accedió a las primeras Órdenes Menores (Ostiariado y Lectorado), y el 15 de junio de 1935 recibió el Exorcistado y el Acolitado.

La situación que vivía la Iglesia desde la II República se mostró en los sucesos ocurridos en el Seminario en mayo de 1931. Un compañero suyo relata otro suceso parecido en mayo de 1936, y destaca entereza de don Rafael: “Un día del mes de mayo, nos despertaron unas destempladas voces que cantaban terribles amenazas (…) era la turba marxista del Frente Popular (…) Despavoridos, saltamos de la cama y nos refugiamos en las galerías. ¿Asaltarían el seminario? ¿Lo incendiarían? Rafael se mantenía sereno y le oí decir: “No tengamos temor, aunque nos asalten, nos maltraten, incluso nos quiten la vida, ¿qué mayor dicha y gloria que blanquear nuestros mantos con la sangre del Cordero?””.

El 21 de julio de 1936 en Bujalance detuvieron a don Rafael junto con su tío, ante su madre, pues sus captores dijeron que vestía ya la sotana. En la cárcel supieron al día siguiente de la quema de iglesias, archivos e imágenes sagradas. Allí se reunieron hasta 60 personas, y seis eran sacerdotes. Durante la prisión, como escribió después su madre, don Rafael dirigía el rezo del Rosario, que diariamente recitaba en voz alta y, de once a doce de la noche, con los brazos en cruz, solía hacer la Hora Santa en compañía de su tío y los otros sacerdotes.

Su tío don Teodoro fue fusilado el 15 de agosto en Morente. Don Rafael dejó escrita esta oración en una página del Breviario que se había llevado a la cárcel: “Déjame Señor que termine mi carrera. Que tenga la dicha de tenerte en mis manos, ya que he sido perseguido por ser tenido por sacerdote”. Murió fusilado el 20 de agosto de 1936 en el Cementerio de Cañete de las Torres, con un crucifijo en sus manos. Fue enterrado en el de Bujalance, el 5 de mayo de 1937.

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