Rafael Contreras Leva

Sacerdote. (Nueva Carteya, Córdoba, 29 abril 1901- Baena, Córdoba, 29 julio 1936, 35 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Hijo de Rafael Contreras Ramírez y María del Pilar Leva García. Su padre era sacristán en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Nueva Carteya. Fue bautizado el día 3 de mayo de 1901 en ésta. Y confirmado por Mons. Guillamet y Coma en la Parroquia de Santa María la Mayor de Baena el 23 de mayo de 1914.

Cuando a los 13 años decide comenzar los estudios eclesiásticos, la familia se encuentra avecinada ya en Baena. En la Preceptoría de Latín y Humanidades de su parroquia de confirmación cursa los tres primeros años y obtiene las máximas calificaciones.

Es su párroco quien le anima a solicitar su ingreso en el Seminario de San Pelagio, e informa: “Me merece buen concepto por sus buenas costumbres y lo considero digno de la gracia que solicita por su educación, laboriosidad, talento y antecedentes de familia”.

Ingresó en el Seminario, mas sus rendimientos estudiantiles bajaron en no poco grado, con un rendimiento mediano frente a sus compañeros de curso que tenían un expediente con notas más destacadas. Fue ordenado presbítero el 29 de mayo de 1926.

Un mes después recibía el nombramiento de coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. Asunción de La Rambla. Su párroco lo aprecia por el exacto cumplimiento de sus deberes. Su fama de buen sacerdote llega hasta su pueblo natal, donde el párroco de San Bartolomé, don Manuel Valbuena, escribe al Obispo solicitándolo como colaborador.

En 1929 es destinado, sin embargo, a la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de Aguilar de la Frontera, como coadjutor, tras realizar el concurso de curatos. Llega en un momento difícil para la vida piadosa de la feligresía porque, declarado el templo parroquial en ruinas, todas las actividades se trasladaron a la Iglesia de la Residencia de las Hermanitas de los Pobres. Su nuevo párroco, don Rafael María Espinosa, escribe de él al año de su llegada: “Es señor de buena vida y costumbres y exacto cumplidor de sus deberes, por lo que estoy satisfechísimo de su comportamiento”.

En los primero días de julio de 1935 llega a su último destino, la Parroquia de Santa María la Mayor de Baena, adscrito con las funciones de coadjutor. Al ser destinado aquí, podía contar con la vivienda de sus padres y la ayuda de su familia. De este año conocemos su asistencia puntual a los retiros mensuales que se celebran en el Arciprestazgo y a la tanda de Ejercicios Espirituales, que comenzó el 22 de mayo de 1936, en Córdoba, a sólo dos meses de su martirio.

El 20 de julio fue apresado y conducido al Asilo de San Francisco, donde compartió prisión con el sacerdote don Pablo Brull Carrasco y la religiosa sor María Josefa González, Hija del Patrocinio de María (también mártires). Como el resto de los apresados en este lugar, 81 en total, don Rafael fue asesinado en la madrugada del 29 de julio de 1936, junto con los antes citados, atados a las ventanas de cara a los atacantes como parapeto y seguridad de los carceleros.

Sobre su muerte tenemos el relato de don Ángel González Muñoz, escrito el 5 de mayo de 1938 a la Secretaría del Obispado de Córdoba, que nos narra que don Rafael “fue muerto a golpes de hacha, siendo encontrado su cadáver con una pierna rota (…) Sin embargo, por otros prisioneros, salvados de milagro, es cosa sabida que, en los días de la prisión, se manifestaron con grande ejemplaridad (todos los detenidos)”.

Consta que don Rafael no intervenía en asuntos de política ni se le conocían públicamente ideas en este terreno, por lo que su martirio fue únicamente por su condición sacerdotal.

COMPARTIR EN REDES SOCIALES