Pedro Simancas Valderramas

Sacerdote (Cabeza del Buey, Badajoz, 28 abril 1872 - Cabeza del Buey, Badajoz, 28 noviembre 1936, 64 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

“Fue bautizado en su casa” el mismo día en que nació, siendo hijo de Ignacia Valderramas Cuevas, como recoge su partida bautismal asentada en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Armentera de Cabeza del Buey. Fue confirmado en esta misma Parroquia por Mons. Ceferino González el 7 de mayo de 1876. Su madre contrajo matrimonio en 1897 con Eduardo Simancas Mera, que le dio su primer apellido.

Aprendidas las primeras letras, estudió en el Instituto Provincial de Badajoz cuatro años de Segunda Enseñanza. Sin embargo, el grado de bachiller lo obtuvo en el Instituto Provincial de Córdoba, a la edad de 19 años. Tras solicitar su ingreso en el Seminario de San Pelagio, fue admitido a comienzos del curso 1892-1893 e inició sus estudios teológicos, finalizados cuatro años después.

Recibió el presbiterado en el año 1896, en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, de manos de Mons. Sebastián Herrero. A los pocos días fue nombrado capellán de la Comunidad de las Siervas de María que servían el Hospital de Santa Elena de su pueblo natal.

En 1901 firmó, al igual que otros muchos sacerdotes del Arciprestazgo de Castuera, un escrito testimonio de su adhesión al Obispo de Córdoba para defender los intereses de la Religión y la Iglesia. Protestaban, entre otras cosas, contra “las blasfemias e impiedades pronunciadas lo mismo en el Parlamento que en los mítines y reuniones públicas de los clerófobos y librepensadores, y publicados a diario en la prensa de más circulación”.

En enero de 1905 fallece su padre, que era el sacristán segundo de la Parroquia, y el párroco don Dionisio Coll pidió al Obispo que tal oficio recayese en su hijo sacerdote don Pedro, dados sus escasos recursos económicos, y sin dejar su capellanía. El mismo don Pedro firmó antes esta petición. La propuesta fue aceptada por el Obispado.

En estos cargos se mantuvo hasta el 22 de octubre de 1910, cuando fue nombrado coadjutor de su Parroquia de Ntra. Sra. de Armentera. Seguirá realizando las funciones propias de su nombramiento, y empieza a vivir en una casa próxima a su capellanía y la Parroquia en compañía de su madre, una hermana de ésta y una prima hermana, todas de edad avanzada.

En 1920 fue nombrado confesor extraordinario de las Franciscanas Concepcionistas y confesor ordinario de las Carmelitas de la Caridad (que regentaban un colegio) de la localidad. El 14 de mayo de dicho año solicitó ser nombrado notario eclesiástico del pueblo, concediéndoselo siete días después.

Los informes sobre su conducta sacerdotal de todos sus párrocos entre 1910 y 1935 lo presentan como un clérigo que asiste a las conferencias morales, cumple con la práctica anual de los Ejercicios Espirituales, se hace presente en las funciones solemnes que se celebran en la Parroquia y guarda la residencia. Tan sólo abandonó su pueblo para asistir al Congreso Eucarístico Nacional de 1911 y al Congreso Mariano Hispano-Americano de 1929, y a tomar las aguas termales de Fortuna (Murcia) por prescripción facultativa en 1929, 1930 y 1931.

Es opinión extendida que don Pedro fue siempre un sacerdote ejemplar y un fiel cumplidor de su ministerio sacerdotal.

Don Pedro fue detenido el 23 de noviembre en medio de la confusión de los hechos que provocaron la “segunda matanza” en su localidad natal, a la vez que los sacerdotes don Juan Muñoz Mediavilla (también mártir) y don Vicente Cuevas Gallardo, que fue puesto en libertad. Don Pedro murió fusilado en las tapias del Cementerio en la madrugada del 29 de noviembre (don Juan lo fue al día siguiente).

Todos los asesinados de Cabeza del Buey en estos días fueron inhumados allí en una fosa común. Ya en 1942 fueron exhumados y enterrados más dignamente en un panteón del Cementerio.

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