Pedro Luque Cano

Sacerdote (Montoro, Córdoba, 5 octubre 1873 - Montoro, Córdoba, 22 julio 1936, 62 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Era hijo de Manuel Luque López, “de ejercicio ministrante” (partida bautismal), y María Cano García. Le bautizaron en la Parroquia de San Bartolomé Apóstol de Montoro a los tres días de nacer. Ahí también fue confirmado por Mons. Fray Ceferino González el 18 de febrero de 1879.

Durante seis años (1880-1886) hizo sus estudios primarios en una escuela de su pueblo natal, con grandes elogios de su profesor, por su conducta sin tacha, asiduo trabajo y buenas notas.

Con 14 años firmó su solicitud de ingreso en la segunda sección del Seminario de San Pelagio, pero fue su padre quien hizo su discernimiento vocacional: “Tiene decidida vocación al estado eclesiástico, según constantemente me lo viene acreditando con su asiduidad no interrumpida en la asistencia a todos los ejercicios religiosos que frecuentemente se celebran en esta parroquia”.

Cursa sus estudios eclesiásticos con calificaciones brillantes desde el año 1888, interrumpidos por ser llamado a filas, y los retoma en 1898. Recibió el presbiterado el 28 de mayo de 1904 en la Parroquia de la Santísima Trinidad de Sevilla, de manos de Mons. Antonio Ruiz Cabal.

Mientras preparaba órdenes, había quedado vacante la capellanía del Hospital de Jesús Nazareno de su pueblo natal, por lo que, concluidos los exámenes, solicita la plaza. Recibe el nombramiento el 5 de julio de 1904.

Aquí reside hasta que en 1906 es destinado como coadjutor de la Parroquia de San Andrés Apóstol de Adamuz. Se le detecta una miocarditis, y se traslada con frecuencia a Madrid para ser atendido por los médicos. En 1912 es nombrado coadjutor de la Parroquia de Santa Marina de Fernán-Núñez, de donde pasará en 1915 a la de Santaella, también como coadjutor. Además de atender los deberes parroquiales, se encarga de la capellanía del pago rural de La Guijarrosa.

El 1 de septiembre de 1920 toma posesión como coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de su pueblo natal. Cuando se retira de la vida parroquial se encargará del Hospital de Jesús Nazareno. Nunca abandonará la Misa, la predicación y el confesionario.

De su vida sacerdotal tenemos un precioso relato de don Rafael Madueño Canales, sacerdote: “Su disponibilidad era constante para cualquier ministerio. Se interesó por el fomento de las vocaciones sacerdotales (…) su carácter era más bien serio, pero campechano y siempre atento y acogedor con todos (…).

“Cuando se inició la Guerra Civil, don Pedro ya había cesado de coadjutor por jubilación. Lejos ya de su carga pastoral, hacia una vida retirada; salía poco de su casa y allí fue detenido el 20 de julio y conducido a la prisión de la ciudad por el hecho de ser sacerdote”.

Fue detenido el 20 de julio y conducido “a la Prisión preventiva de este partido” (Registro Civil de Montoro, partida de defunción, tomo 86, pág. 120, 22 de julio de 1936). Todos los relatos de su prisión y muerte coinciden en el género de brutalidad que se aplicó a los presos en la cárcel del pueblo. En ella se reunió con los beatos mártires carmelitas José María Mateos Carballido, Eliseo María Durán Cintas, Jaime Carretero Rojas y Ramón María Pérez Sousa. Eran casi 80 los detenidos.

El mismo día 22 antes de morir, los presos celebraron una comida de fraternidad. Terminada ésta, todos los presos rezaron juntos el Rosario y se dispersaron por las dependencias de la cárcel. A las tres y media de la tarde, un grupo de milicianos asaltaron la cárcel. En el Informe del Provisorato de Córdoba para la Causa General se lee: “Fue asesinado un sacerdote (don Pedro) con ensañamiento, pues con sus restantes compañeros de prisión hasta el número aproximado de sesenta y cinco recibió la muerte arrojándole cartuchos de dinamita por las ventanas de la cárcel”. Los presos que quedaron malheridos fueron rematados a hachazos.

Don Pedro, como muchos de sus compañeros de muerte y martirio, fue primero enterrado en una fosa común en el Cementerio de Montoro, y posteriormente en un nicho individual bajo el monumento a los caídos.

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