Miguel Borrego Amo

Sacerdote (Cañete de las Torres, Córdoba, 29 abril 1899 - Adamuz, Córdoba, 10 agosto 1936, 37 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Sus padres, Francisco Borrego Quero y Francisca Amo Moreno, le educaron cristianamente. Al cumplir los 12 años, solicitó ingresar en el Seminario de San Pelagio, “porque se siente con verdadera vocación para el estado sacerdotal” (expediente de admisión, solicitud, 6 de septiembre de 1911). Fue confirmado en el oratorio particular del Obispo de Córdoba.

Aprovechó notablemente sus estudios sacerdotales, con una nota media de “benemeritus”, y fue ordenado presbítero el 26 de mayo de 1923.

Un mes después, el 1 de julio de 1923, fue destinado como coadjutor a la Parroquia de San Isidro en Hinojosa del Duque.

En febrero del año siguiente fue llamado a filas, ejerciendo como capellán auxiliar castrense en Ceuta hasta el 24 de septiembre de 1926, en que volvió a Córdoba.

Inmediatamente el Párroco de Hinojosa del Duque lo reclama para cubrir su anterior coadjutoría, de la que tomó posesión el 16 de noviembre de ese año.

En 1929, el Obispo lo traslada como cura ecónomo a la Parroquia de Santa Catalina, de Fuente La Lancha. Los informes de su arcipreste sobre su labor sacerdotal son intachables, destacando el buen concepto y estima que le profesaban sus feligreses; en el de 1930 dice de él “que tiene limpia la iglesia, que celebra catequesis de niños, que lleva bien y al día el archivo parroquial”.

El 22 de octubre de 1930 es nombrado coadjutor de la Parroquia de San Andrés Apóstol de Adamuz; como informa el párroco don Gregorio Gómez en 1935: “Ejerce con edificación los sagrados ministerios y viene observando una conducta ejemplar”. En mayo de 1936, dos meses antes de su martirio, hizo Ejercicios Espirituales en la Casa “San Antonio” de Córdoba.

El pueblo de Adamuz se encuadró en el Alzamiento, permaneciendo así hasta el 10 de agosto de 1936, cuando la población fue tomada por fuerzas de la Guardia Civil, los Carabineros y el Ejército Republicano. En la capitulación los dos bandos acordaron que sólo dos camiones de presos irían a Jaén con personas calificadas “de derechas”.

Pero, como refiere el historiador F. Moreno Gómez en su libro “La República” (págs. 590-591), a pesar de todo, los excesos revolucionarios no pudieron contenerse. El mismo día 10, los milicianos hicieron una “limpia” en Adamuz, dando muerte a 26 personas consideradas de derechas, unos en el Cementerio y algunos en el Puente de Santa Cruz. Entre ellos estaba el sacerdote don Miguel Borrego.

Ese mismo día 10 de agosto de 1936 el párroco de Adamuz, don Gregorio Gómez Molina, será hecho prisionero y trasladado a la Catedral de Jaén, con otros presos del pueblo. Don Gregorio morirá también mártir en el llamado “Tren de la Muerte” que será detenido en Vallecas, junto con otros presos provenientes de esa reclusión.

El informe sobre daños a las cosas y las personas religiosas que en 1939 redactó el canónigo don Félix Romero Menjíbar, para la Causa General, recoge estos hechos de manera muy sucinta: “En Adamuz (…) el coadjutor don Miguel Borrego Amo fue fusilado en el cementerio del pueblo el 10 de agosto del mismo año (1936)”.

En parecidos términos se redacta su acta de defunción en el Registro Civil de Adamuz: “Falleció en el Cementerio de esta población el día diez de agosto de 1936, a las quince horas y minutos, a consecuencia de haber sido asesinado por los rojos, y su cadáver habrá de recibir sepultura en el Cementerio de esta población”.

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