Julián Rivas Rojano

Sacerdote (Baena, Córdoba, 16 febrero 1878 - Cabeza del Buey, Badajoz, 13 agosto 1936, 58 años)

 

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Fue bautizado por sus padres José María Rivas Cordero y María del Carmen Rojano Bujalance al día siguiente de nacer, en la Parroquia de San Bartolomé de Baena, y en ésta le confirmó Mons. Sebastián Herrero, en visita pastoral, el 26 de noviembre de 1884.

Con 15 años solicitó ingresar en el Seminario de San Pelagio, con el informe de su párroco: “Ha asistido con compostura y recogimiento a las fiestas y solemnidades del culto divino”. Tuvo un excelente aprovechamiento en los estudios eclesiásticos, y al concluir primero de Teología (curso 1896-1897) fue enviado a Roma por Mons. Herrero. Ingresó en el Colegio Español de San José, junto a don Pedro Cobos García. Su rector anotará sobre él: “Es un joven dócil”. Se matriculó en la Pontificia Universidad Gregoriana, destacando con brillantez en sus estudios filosóficos. El 26 de diciembre de 1899 tuvo que abandonar la Ciudad Eterna porque fue alistado en el ejército.

Con destino militar en Granada, terminó segundo de Teología en su Seminario General y Pontificio en junio de 1900, cursando también algunas asignaturas de tercero. Volvió a Roma el 20 de junio de 1901, tras su licencia del ejército. Se matricula en primero y segundo de cánones en la misma Universidad. El curso 1902-1903, último de su estancia en Roma, comenzó tercero de cánones y se examinó de doctor. El 19 de julio de 1903 fue ordenado presbítero por el Cardenal Rafael Merry del Val.

Junto con su compañero de Roma, regresa a Córdoba el 1 de agosto de 1903. Su primer destino fue la Parroquia de San Bartolomé en Montoro, como coadjutor, el 22 de marzo de 1904.

Su estancia será corta: el 29 de septiembre de 1906 es nombrado coadjutor de la Parroquia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, con servicio en la Iglesia auxiliar de San Basilio. Además desempeña el cargo de oficial de la Secretaría de Cámara y Gobierno del Obispado.

En septiembre de 1908 opositó a la canonjía doctoral de la Catedral de Málaga, aprobando los ejercicios, pero no obtuvo el beneficio, aunque recibió el nombramiento de Examinador Sinodal de aquella Diócesis. En 1910 vuelve a presentarse a la oposición de otra canonjía catedralicia malagueña, con el mismo resultado negativo.

Finalmente, el 24 de mayo de 1910, gana el curato propio de la Parroquia de Ntra. Sra. de Armentera de Cabeza del Buey (entonces Diócesis de Córdoba y Provincia de Badajoz). Predicación y catequesis son objeto de toda su atención y cuidado. Y desde 1930 era confesor ordinario de las Carmelitas de la Caridad y extraordinario de las Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada. Ejercía también como Arcipreste de Castuera (1930-1934) y director local de la Asociación diocesana para fomentar las vocaciones.

Ante los graves problemas del pueblo, don Julián lamentaba en las homilías, ante los ricos que le escuchaban, la grave situación social de tantas personas y reclamaba justicia, amor y soluciones. Las expectativas frustradas de los jornaleros locales de repartirse una gran finca exaltaron hasta términos insospechados los ánimos de los trabajadores contra los propietarios, que culminaron el 19 julio de 1936. Unos meses antes la barbarie en Cabeza del Buey comenzó con el derribo de todas las cruces y los signos de carácter religioso situados en lugares públicos.

Don Julián no fue apresado inmediatamente, aunque compartió momentos de angustia con las Religiosas de la Comunidad de las Amantes de Jesús. Ellas tuvieron la dicha de tener una sagrada forma grande del viril de la Parroquia que les llevó don Julián cuando ésta fue convertida en cárcel.

Don Julián fue detenido el 13 de agosto de 1936 junto a dos sacerdotes más. Y aquella misma noche, formando un grupo de unas 40 personas, fueron conducidos al Cementerio de Cabeza del Buey donde murieron fusilados y allí mismo quedaron sepultados.

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