Juan Porras Redondo

Sacerdote (Pozoblanco, Córdoba, 12 junio 1894 - Granja de Torrehermosa, Badajoz, 21 septiembre 1936, 42 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Sus padres Juan Pedro Porras García, artesano, e Isabel Redondo Muñoz lo bautizaron en la Parroquia de Santa Catalina de su pueblo natal al día siguiente de nacer. Mons. Pozuelo, aún Obispo de Segovia, le confirmó en dicha Parroquia el 7 de junio de 1897.

Con 12 años solicitó ingresar en el Seminario de San Pelagio en la Segunda Sección, “sintiéndose llamado por Dios al sacerdocio”. Su párroco lo avaló por ser “joven de buena conducta moral y religiosa que frecuenta los Santos Sacramentos de Penitencia y Comunión, y en el que se observan marcadas inclinaciones al estado eclesiástico”.

Fue aplicado en sus estudios eclesiásticos y obtuvo una media de notable en ellos. Recibió la ordenación sacerdotal el 26 de mayo de 1918, Témporas de Pentecostés.

Su primer destino fue como coadjutor de las Parroquias de Azuel y Cardeña, donde auxilió al párroco por poco tiempo, ya que fue destinado con el mismo cargo a la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de El Carpio en julio de 1919. Durante los dos años que estuvo aquí mantuvo, según su párroco, una conducta muy elogiosa, sobre todo por su exacto cumplimiento de sus deberes parroquiales.

En 1920 es nombrado coadjutor de la Parroquia de El Salvador de Pedroche.

En 1923 es destinado como cura ecónomo a la Parroquia de Santa Bárbara de Ojuelos Altos, con sus anejos de El Alcornocal, Los Panches y El Lobatón, aldeas de Fuente Obejuna, de la cual es cura propio en 1929. En 1924 se le encarga de atender la Iglesia de San José de Cañada del Gamo y Ojuelos Bajos, por enfermedad del párroco.

En estos años dota a sus aldeas de elementos de las que carecían: cementerio local y casa rectoral en Ojuelos Bajos, y casa parroquial en Ojuelos Altos. Compra cinco nuevas imágenes para el culto para la parroquia y los anejos. Y también se encarga de la aldea de La Cardenchosa cuando su cura es llamado a filas.

En este tiempo escribe que tiene “que atender tres parroquias distantes entre sí más de una legua y con caminos ásperos y dificultosos”, a lomos de caballería y, a veces, a pie. Su salud está quebrantada y “no es capaz de sobrellevar el sacrificio que supone atender ocho aldeas”. Además era director de la Venerable Orden Tercera de San Francisco en Ojuelos Altos, introducido por él en 1924, a propuesta de los Franciscanos. Por todo ello su Arcipreste, don José Castro (también mártir), dice de él que “observa buena conducta sacerdotal y cumple los deberes de predicación, catequesis, residencia y visita de enfermos (…) lleva bien el archivo parroquial y ajusta su vida a los sagrados cánones”.

El triunfo de la II República en 1931 no tuvo grandes repercusiones en Ojuelos Altos y Los Panches, pues la feligresía era buena. Pero todo cambia en julio de 1936: se va a destruir gran parte del patrimonio religioso y artístico de estas aldeas y se atentará contra la libertad del párroco.

Don Juan fue detenido y conducido a la cárcel de Fuente Obejuna a los pocos días del Alzamiento, encontrándose con otros cinco sacerdotes de la zona (también mártires). Pasarán juntos casi dos meses de prisión.

En la madrugada del 21 de septiembre, una caravana de seis camiones se detuvo ante la prisión. Los seis sacerdotes, entre ellos don Juan, fueron introducidos en uno de ellos y llevados a las tapias del Cementerio de Granja de Torrehermosa (Badajoz). Al igual que sus compañeros, don Juan sufrió vejámenes y torturas durante todo el trayecto, y secundó animoso los frecuentes y numerosos vivas a Cristo Rey del Arcipreste de Fuente Obejuna, don José Castro. Allí cayó abatido a tiros junto a sus otros compañeros sacerdotes de martirio.

Los cadáveres de los sacerdotes fueron arrojados juntos a una fosa común, y posteriormente trasladados al Cementerio de Fuente Obejuna.

El Informe de 1937 al Provisorato de Córdoba señala tajantemente: “Don Juan Porras Redondo fue vilmente asesinado en unión de los demás (sacerdotes de Fuente Obejuna) solamente por odio religioso, pues estaba como los anteriores alejado de toda actividad política. Su martirio fue horrendo, muriendo como los anteriores (sacerdotes) con una serenidad verdaderamente ejemplar y gritando Viva Cristo Rey y Viva España”.

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