Juan Lucena Rivas

Sacerdote (Baena, Córdoba, 4 enero 1895 - Puente Genil, Córdoba, 27 julio 1936, 41 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Era hijo de Felipe Lucena Sevillano, de profesión del campo, y Rafaela Rivas Rojano. Le bautizaron a los dos días de nacer en la Parroquia de Santa María la Mayor de Baena. Su familia se vio obligada a mudar frecuentemente de residencia por el trabajo paterno, viviendo en Baena, Rute y Aguilar de la Frontera. Aquí solicita entrar en el Seminario de San Pelagio en 1907, porque “siente deseos de dedicarse al servicio de Dios Nuestro Señor, en el estado sacerdotal”. Su párroco dice que “es joven de buena vida y costumbres, juicioso, y modesto en su traje, y manifiesta inclinaciones al estado eclesiástico”.

Ingresa como externo, viviendo en casa de su tío sacerdote don Julián Rivas Rojano (también mártir). Fue confirmado el 16 de diciembre de 1908 en la Parroquia de San Francisco y San Eulogio de Córdoba por Mons. Pozuelo y Herrero. Aprovecha sus estudios eclesiásticos con excelentes calificaciones, por su esfuerzo y responsabilidad personal. Trasladado su tío a Cabeza del Buey, pasa a ser interno.

A fines de 1916 es enviado a estudiar a Roma, matriculándose en la Pontificia Universidad Gregoriana, en primero de Teología, y residiendo en el Pontificio Colegio Español “San José”. Obtiene buenos resultados académicos y recibe el subdiaconado en la Capilla del Colegio, el 10 de marzo de 1918, de manos del Cardenal Merry del Val, mas una inesperada enfermedad le obliga a regresar a Córdoba esa primavera.

Fue ordenado sacerdote el 14 de junio de 1919. En el curso 1919-1920 se le nombra profesor sustituto en la Cátedra del Seminario de primer año de Latín y, poco después, imparte clases como numerario de Latín, Catecismo, Urbanidad, Geografía e Historia de España y Universal. También es capellán y colaborador de las Escuelas Docentes del Ave María de la Parroquia de San Francisco y San Eulogio de Córdoba.

Pasa luego a la Parroquia de Santa Marina de Aguas Santas de Córdoba, como coadjutor, de diciembre de 1921 a enero de 1923, y luego será nombrado coadjutor de la Parroquia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, hasta octubre de ese año.

El 16 de octubre de 1923 toma posesión como cura regente de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Purificación de Puente Genil, y el 3 de junio de 1928, después del examen del concurso particular, toma posesión de ella. Su vida pastoral es intensa: Misa diaria, confesionario, atención y gestión del archivo parroquial, dirección de asociaciones, y reorganiza profundamente la catequesis parroquial. En 1930 escribe un informe al Obispado en el que destaca que de los 2.000 niños que deben de asistir a la catequesis lo hacen unos 1.200, señalando que ha habido cierto progreso respecto del último informe. Cuidó y amplió el patrimonio artístico de las once iglesias que estaban bajo su jurisdicción.

Ante la sublevación del Ejército de África, el control del pueblo de Puente Genil queda en principio en manos de los grupos de derechas. Esta situación varió el día 22 cuando llegó en tren procedente de Málaga un fuerte contingente de comunistas. El 23 se producía la muerte del primer eclesiástico, don José Ruiz Montero, fusilado en la Cuesta de Málaga, y al día siguiente el franciscano José Roig Llorca, OFM (ambos mártires).

Don Juan, según testimonios del P. Aracil, OFM, y de don Lorenzo Carmona, fue detenido el 24 de julio y llevado a la estación de ferrocarril, donde varios vagones servían de cárcel a los detenidos. Junto a otros 19 presos, el encierro fue espantoso, sin dejarles salir y casi sin agua, además de amenazas e insultos.

El día 27 fue sacado del vagón donde estaba. Al salir fue herido por una bayoneta en la cara, y le ataron las manos a la espalda. En esa actitud y sangrando por el rostro, cayó desfallecido al suelo, y al verle sus captores le dieron varias patadas, obligándole con violencia a levantarse. Con grandes esfuerzos pudo hacerlo y le hicieron subir a un camión, en el cual fue llevado al Cementerio de Puente Genil. Uno de los milicianos le arrancó una medalla que llevaba al cuello, y entonces don Juan gritó dos veces: “Viva Cristo Rey”. Siete marxistas dispararon sus armas y le dejaron cadáver con sus compañeros. Sus restos fueron arrojados a una hoguera.

Fue arrestado y martirizado por su condición de sacerdote católico, y por ningún otro motivo.

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