Juan Castro Luque

Sacerdote. (Castro del Río, Córdoba, 3 marzo 1872-Castro del Río, Córdoba, 25 septiembre 1936, 64 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Era hijo de Francisco Lorenzo Castro Ruiz, hacendado, y María del Carmen Luque Márquez; le bautizaron al día siguiente de nacer en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Castro del Río. Le confirmó Mons. Fray Ceferino González durante su visita pastoral en dicha parroquia, el día 7 de octubre de 1877.

No pensó en principio en ser sacerdote. Acabados los estudios de Primaria, cursó el primer año de Segunda Enseñanza en el Instituto de Cabra. Al año siguiente es cuando decide entrar en el Seminario de San Pelagio, pero lo abandonó al concluir el segundo curso de Latín. Tomó la decisión, con 43 años de edad, en 1915, de comenzar de nuevo los estudios eclesiásticos. Pidió, como excepción, cursar sólo un año de Filosofía, preparando la Teología, en la Preceptoría de Castro del Río, dirigido por su párroco. Logró aprobar e ingresó ya como interno para completar sus estudios teológicos.

En sólo dos años recibió las Órdenes Menores y Mayores, algo muy excepcional. Recibió el presbiterado el 14 de junio de 1919, con 47 años.

Fue destinado a Castro del Río, como coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen, siendo su único y definitivo destino pastoral. Allí colaboró con dos párrocos excepcionales, don Juan Navas Rodríguez-Carretero y don Juan Elías Medina (ambos alcanzarán la palma del martirio, cada uno en un pueblo), que nunca tuvieron quejas de su comportamiento.

Junto con el otro coadjutor de la parroquia, llevaba por semanas el servicio del Colegio de Educandas de las Religiosas Hijas del Patrocinio de María y la capellanía del Hospital de Jesús Nazareno sin recibir por ello remuneración alguna.

En el informe de su arcipreste de 1926 sobre el “equipo” de sacerdotes que atienden la parroquia se lee: “Los sacerdotes que llevan el servicio parroquial llenan cumplidamente sus deberes, que se predica la Palabra de Dios, se tiene el Catecismo y aumenta la piedad con el auxilio de las Congregaciones que en ella existen, principalmente de la titular, y los Jueves Eucarísticos que aumentan las comuniones y el fervor de los feligreses”.

La situación que se vivió en Castro del Río y por parte de los sacerdotes ya la conocemos por lo dicho en la biografía de don Juan Elías Medina. También don Juan compartió prisión con los sacerdotes mártires de Castro del Río en el Hospital de Jesús Nazareno, durante dos meses, aunque sus martirios sucedieron en fechas diferentes.

La partida de defunción de don Juan indica que “fue asesinado por las hordas rojas (…) y su cadáver recibió sepultura en el Cementerio de esta villa”.

Tenemos un testimonio de su muerte cruenta según el sacerdote don Rodrigo Madrid Mesa: “Don Juan Castro Luque, de 63 años, coadjutor del Carmen, fue detenido en su casa el 22 de julio y herido por disparo de escopeta. Y por esta circunstancia pasó como detenido al Hospital donde permaneció hasta el 25 de septiembre; sacado a viva fuerza, después de gran forcejeo, durante el camino fue abofeteado y fusilado a la entrada del Cementerio a las 11 de la noche, apareciendo a los dos días en el sitio de referencia semidesnudo y castrado, según referencias” (Informe-Cuestionario del 5 de junio de 1938, Castro del Río).

En términos parecidos se expresa el sacerdote don Francisco Blanco Nájera en el Informe del Provisorato y Vicaría General de Córdoba para la Causa General (22 de noviembre de 1940): “Lo fusilaron a la entrada del Cementerio, después de abofeteado y maltratado de otros modos. Se encontró su cadáver mutilado”.

Don Juan fue asesinado por ser sacerdote, siendo éste el único motivo de su muerte, pues nunca habló ni tuvo nada que ver con asuntos o temas de política.

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