José Vargas Nevado

Laico. (Villaviciosa de Córdoba, Córdoba, 1902- Villaviciosa de Córdoba, Córdoba, 31 agosto 1936, 34 años)

 

  Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Era hijo de Tomás Vargas y de Concepción Nevado, que le bautizaron en la Parroquia de San José de Villaviciosa de Córdoba (no se halla su partida bautismal por la destrucción del archivo parroquial). Fue alumno del Colegio de María Auxiliadora de Córdoba, pues aparece citado en una placa conmemorativa en la Iglesia de María Auxiliadora de Córdoba con los nombres de todos los antiguos alumnos salesianos mártires, colocada en el año 1938.

Estaba casado con Antonia Machuca Nevado. Tuvieron cinco hijos, y un sexto póstumo tras morir don José (una de sus hijas fue Religiosa Escolapia). Recibieron una buena y esmerada educación cristiana por parte del matrimonio, iniciándoles ya desde pequeños en la oración cristiana y en las prácticas de piedad propias de la época. Existe fama en su localidad de nacimiento y vida de que su familia era una de las más religiosas de todo el pueblo: Misa y rezo diario del Rosario, miembros de diversas Hermandades… La relación entre ellos era muy buena, llena de felicidad y con muy buenos recuerdos, pues doña Antonia, ya viuda, guardó luto por su esposo toda su vida. Don José era también miembro de la Adoración Nocturna masculina, y su celo apostólico por los demás le llevaba a ofrecerse como padrino de las personas que no se habían casado por la Iglesia o que estaban sin bautizar, y hasta llegaba a costearles los gastos de estas ceremonias y celebraciones, sin pedirles nada a cambio.

De profesión era comerciante, dedicándose a la venta de artículos de alimentación, ferretería, tejidos y muebles. Era un hombre emprendedor, y con uno de sus amigos creó una fábrica de baldosas en el pueblo. También llegó a regentar una bodega de vinos. En general, era un hombre trabajador y honrado, muy dedicado a los negocios, pero también pendiente de su familia. No se sabe si tenía algún tipo de idea política, pues nunca manifestó nada en público sobre ellas ni habló sobre este tema.

Don José, cuando dieron comienzo las luchas y las detenciones en su pueblo el 21 de julio, decidió cambiar de casa, pues temía por su vida, era consciente del peligro que corría si se quedaba allí. Es verdad que tuvo ocasión para escapar del pueblo, pero no quiso dejar sola a su familia. Estuvo oculto en la casa de un familiar hasta el día de su muerte, ocurrida diez días después; oculto por el día, salía por la noche y se reunía con su esposa. A pesar de los continuos registros que sufrió esa casa, los milicianos nunca lo descubrieron; sus familiares y, sobre todo, un familiar suyo desde Córdoba, por radio, habían hecho circular el rumor de que había huido a la capital.

Cuenta su familia que, durante el tiempo que estuvo oculto, parecía estar como en un profundo estado de éxtasis. Cuando fue a entregarse, le dijo a su esposa, sin que ésta pudiera sujetarle: “No puedo más. Dios me pide el sacrificio de mi vida”.

Fue entonces cuando voluntariamente salió de su casa, el día 31 de agosto por la tarde, para presentarse ante los verdugos del Comité Popular. Atravesó varias calles del pueblo, pasando por entre los grupos de milicianos que no le reconocieron; ante el asombro de los miembros del Comité, se identificó.

Fue detenido y llevado preso a la cárcel que estaba cerca de la Ermita de Ntra. Sra. de Villaviciosa. La detención sólo duró unas horas, pues fue condenado a muerte inmediatamente, pena que se ejecutó esa misma noche. La narración de su muerte la hizo el párroco don Juan Bautista Ruiz García, en un informe fechado el 12 de mayo de 1938 y remitido al Obispado de Córdoba, y lo califica de “martirio”: llevado al lugar de su muerte, el Cementerio de la localidad, “se oye decir que tenía fuertemente asido un crucifijo. De pie y de cara a sus asesinos, le hicieron dos disparos sin matarle, hasta que, vuelto de espaldas y de rodillas, les dijo: “Disparad ahora, que ya me vais a matar””.

El Informe del Provisorato y Vicaría General del Obispado de Córdoba del 22 de noviembre de 1940, realizado para la Causa General, destaca su muerte ejemplar: “En Villaviciosa elogian unánimemente la conducta de don José Vargas”.

Actualmente sus restos mortales se encuentran en el nicho familiar del Cementerio de Villaviciosa.

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