José Castro Díaz

Sacerdote. ( Villanueva de Córdoba, Córdoba, 8 febrero 1888- Granja de Torrehermosa, Badajoz, 21 septiembre 1936, 48 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Sus padres fueron Francisco Castro Castro, herrero (murió joven, antes de que cantara Misa), y Catalina Díaz Copado, ama de casa (vivió con él hasta su muerte), un matrimonio muy religioso. Fue bautizado, al día siguiente de nacer, en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Villanueva de Córdoba. Mons. Herrero le confirmó aquí el 1 de noviembre de 1890.

Con 13 años fue admitido en el Seminario de San Pelagio. Sus calificaciones desde sus primeros exámenes muestran a un seminarista de excepcional inteligencia. Al terminar Cuarto de Teología es ordenado presbítero el 11 de junio de 1912 en la Capilla del Seminario por el Obispo de Beja (Portugal), desterrado de su sede por la violenta persecución contra el clero portugués por la implantación de la República en 1910.

Por su excelente currículum, es invitado a obtener el grado de Bachiller en Teología, que le fue otorgado el 20 de septiembre de 1912. Está en su pueblo natal a la espera de destino, pero no queda ocioso: confesionario y predicación, y cursa por libre el Quinto de Teología (curso 1912-1913). En diciembre de 1912 es nombrado auxiliar segundo del párroco de la Parroquia de San Sebastián de Pozoblanco.

En verano de 1913 es destinado a Dos Torres como coadjutor. Junto a su intensa labor pastoral, estudia primer curso de Derecho Canónico y la licenciatura en Teología, cuyo título obtuvo el 6 de junio de 1914. Ese verano colabora con el Obispo para crear Preceptorías en los pueblos para el estudio gratuito de Latín y Humanidades durante cuatro años, con matrícula y exámenes en el Seminario. Sigue estudiando y prepara los exámenes del segundo curso de Derecho Canónico (curso 1914-1915).

Pasa a Montoro como cura regente el 1 de enero de 1916, cargo que ostentará durante dos años. En el verano de 1917 el Obispo Guillamet convoca concurso de curatos; don José solicita participar en él y firma las propuestas. Llama la atención que no distinga sus categorías: su criterio se centra en parroquias cercanas a su pueblo natal u otras que ya conoce. Es destinado a la Parroquia de Ntra. Sra. del Castillo de Fuente Obejuna, parroquia compleja por la pastoral de sus numerosas aldeas. Toma posesión el 16 de mayo de 1918. Y es nombrado Arcipreste el 13 de junio siguiente.

Una de sus primeras iniciativas pastorales de relevancia fue la difusión de la prensa católica con el Boletín Dominical de la Diócesis y la Santa Misión que organiza en marzo de 1920 con permiso del Obispo.

Fue un celoso director espiritual. Era notoria su caridad con los pobres, atendiéndolos desde el anonimato; cuando visitaba a un enfermo necesitado, dejaba siempre una ayuda debajo de su almohada.

El 18 de julio de 1936 se constituyó el Comité de Defensa de la II República en Fuente Obejuna. Don José debió de ser detenido al anochecer del día 20, al marchar la Guardia Civil a Peñarroya-Pueblonuevo. Fue conducido a la Cárcel del Partido, donde se reunió con otros cinco sacerdotes (también mártires). Su prisión duró dos meses y estuvo llena de momentos difíciles y angustiosos para todos, en especial los sacerdotes, pero vividos con profunda fe y oración.

Rafael Maltrana, antiguo alcalde de Llerena (Badajoz) y alférez republicano, organizó de modo clandestino el traslado de los presos a los lugares de ejecución. Pasadas las 12 de la noche del 21 de septiembre, los detenidos fueron conducidos en seis camiones a Granja de Torrehermosa (el séptimo camión se desvió a Azuaga). En el trayecto fueron sometidos a diversos vejámenes y torturas. Don José les dio la absolución a todos. En las tapias del Cementerio de Granja de Torrehermosa los fueron asesinando junto con otros 37 seglares, en tandas de seis en seis. Dejaron para el final a don José, con la esperanza de sacarle el paradero de la famosa y rica custodia de la Parroquia. Él, que no había cedido a las amenazas incesantes en los últimos dos meses, tampoco cedió en la hora postrera. El Arcipreste había sido la obsesión del piquete esa noche y su valentía, aun sin comprenderla, impresionó a Maltrana y sus seguidores.

Sus cuerpos fueron inhumados allí mismo, en una fosa común, y más tarde trasladados al Cementerio de Fuente Obejuna, bajo el monumento a los caídos. Su placa tiene una lista de todos ellos, y don José la encabeza.

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