José Ayala Garrido

Sacerdote (Baena, Córdoba, 9 octubre 1883 - Castro del Río, Córdoba, 28 julio 1936, 52 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Hijo de Antonio Ayala Ariza y María Dolores Garrido Horcas, al día siguiente de nacer fue bautizado en la Parroquia de Santa María la Mayor de Baena. Sus padres eran originarios de Carcabuey, artesanos y panaderos, y tuvieron cinco hijos más. Una familia cristiana y numerosa. Con un año fue confirmado, el 28 de noviembre de 1884, por Mons. Sebastián Herrero Espinosa de los Monteros, en su visita pastoral a Baena. De joven era alto y guapo, y por eso fue posteriormente conocido como “El cura bonito”.

Con 14 años solicita ingresar en el Seminario de San Pelagio. En el informe previo de su párroco, necesario para su admisión, consta que mantenía una excelente conducta, con señales claras de vocación sacerdotal. Recibió siempre las máximas calificaciones en sus estudios y preparación para el sacerdocio, siendo además muy estimado por Mons. Guillamet y Mons. Pérez Muñoz.

Fue ordenado presbítero el 5 de junio de 1909, con 26 años, por Mons. José Pozuelo, en el Salón de Obispos del Palacio Episcopal, y a los dos meses fue destinado como coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Luque. Aquí estará cuatro años, prestando un excelente servicio pastoral, cumpliendo con sus deberes sacerdotales y mostrando una conducta ejemplar, según informes del párroco.

En 1913 fue destinado a la Parroquia de San Bartolomé en Baena, su pueblo natal, viviendo con sus padres. Colaboró estrechamente con las cofradías y asociaciones locales, dirigiendo también la Preceptoría de Latín y Humanidades, fomentando las vocaciones sacerdotales. También estuvo preparando el concurso de curatos convocado para el año 1917.

El Obispo Guillamet le tenía gran estima. Prueba de ello es su nuevo destino, el 1 de marzo de 1918, como cura regente de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, en Priego de Córdoba y, tres meses después, teniente de Arcipreste del Partido. En 1920, a la muerte del cura propio, fue nombrado cura ecónomo de dicha parroquia. Atiende el fuerte asociacionismo religioso y católico de la localidad, a las dos comunidades de Religiosas de las Mercedarias de la Caridad y las Hijas del Patrocinio de María y se aplicó fielmente a la catequesis. Cuidó también con esmero del abundante y valioso patrimonio religioso parroquial, restaurando el órgano e instalando la primera red de alumbrado eléctrico. Manifestó su actitud ante los partidos políticos, distanciándose claramente del liberalismo que inundaba la localidad y separándose de todo partidismo. Años después, el 10 de febrero de 1931, ante la petición de que apoyase una candidatura política, recuerda lo que él dijo en Priego de Córdoba sobre estos asuntos: “Soy cura, y no político”.

El 15 de julio de 1922 es nombrado cura ecónomo de la Parroquia de San Juan y Todos los Santos (Trinidad), de Córdoba. Aquí funda la Cofradía de San Judas Tadeo, con la finalidad de atraer a todos a la Iglesia. El cambio de destino de Priego de Córdoba le sorprendió en su proyecto de licenciatura en Teología, pero no desistió de él. En mayo de 1923 solicita permiso para ir a Sevilla para la obtención del grado, y vuelve con su título de licenciado.

Durante este tiempo participó en la Peregrinación Osio a Roma en octubre de 1925. También asistió al II Congreso Catequético Nacional de Granada, al II Congreso Eucarístico Nacional de Toledo, al Congreso Mariano Hispanoamericano de Sevilla y al I Congreso Mariano Nacional de Barcelona.

El 20 de febrero de 1929 es nombrado cura propio de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción en Castro del Río: su último y definitivo destino. La catequesis fue una de sus actividades pastorales primordiales. A diario reunía en la Parroquia hasta 300 niños. Su vida se desarrolla entre su casa, el templo, la visita a enfermos y los colegios.

Las elecciones de febrero de 1936 dieron el triunfo local al Frente Popular, constituido mayoritariamente por los anarquistas. Don José pudo celebrar la Santa Misa por última vez en la mañana del 19 de julio; a las nueve de la mañana, unos anarquistas lo detuvieron. Dos horas más tarde fue liberado por la Guardia Civil, enviada desde Córdoba en apoyo de los sublevados del pueblo.

El Comité ordenó el 22 de julio su detención y apresamiento, llevándolo a la prisión municipal, situada en los bajos del Ayuntamiento, donde sólo estuvo siete días junto al sacerdote también mártir don Juan Elías. El 28 de julio, a las cuatro de la tarde, tras recorrer dos kilómetros a pie, moría fusilado, sin juicio previo, junto a otros doce vecinos, y fue sepultado en una fosa común del Cementerio de Castro del Río.

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