Jesús de Sande Tena

Sacerdote (Monterrubio, Badajoz, 10 agosto 1899 - Villaharta, Córdoba, 27 septiembre 1936, 37 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Le bautizaron sus padres, Mauricio Sande de Tena, comerciante, y Teresa de Tena del Prado, en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Consolación de Monterrubio a los tres días de nacer. Cuidaron con esmero de su educación cristiana desde su infancia con la oración y la asistencia diaria a Misa. En dicha Parroquia le confirmó Mons. Ramón Guillamet el 3 de noviembre de 1916.

Concluida la enseñanza primaria, con 13 años solicitó comenzar los estudios eclesiásticos en la recién fundada Preceptoría local, pues consideraba que estaba suficientemente instruido en las primeras letras y se sentía con vocación. Lo cual estaba refrendado por su párroco: “Observa buena conducta moral y religiosa y da muestras de verdadera vocación al estado eclesiástico”. Su paso al Seminario de San Pelagio requirió una nueva solicitud e informe del párroco: “Por su índole, talento, educación, costumbres y antecedentes de familia considero digno de la gracia a que aspira el joven de que se trata en la precedente comunicación”.

Aprovechó bien sus estudios eclesiásticos y recibió el presbiterado el 29 de mayo de 1926. Celebró su Primera Misa en la Parroquia de su pueblo natal el 11 de junio. Escogió su lema sacerdotal de San Agustín: “Qui creavit me dedit mihi creare se”.

Antes de un mes fue nombrado coadjutor de la Parroquia de Santa Bárbara, en Pueblonuevo del Terrible, para ayudar al párroco en su extensa feligresía. En estos tres años y medio, el párroco elogiará su excelente labor en el ministerio. Colabora con las Damas de las Conferencias de San Vicente de Paúl.

En 1930 recibe el nombramiento de cura ecónomo de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Piedad en Villaharta, de la que toma posesión el 11 de febrero. Se dedica con ilusión y alegría a sus quehaceres pastorales, siendo la catequesis uno de sus campos preferentes.

Las noticias de la sublevación del Ejército de África el 18 de julio de 1936 también encontraron eco en la pequeña población de Villaharta. A los pocos días, el 24 de julio, se presentaron en casa de don Jesús para detenerle, pero estaba enfermo y le declaran prisión domiciliaria, registran su casa y se llevan las llaves de la Parroquia. Debido a su enfermedad se traslada a su casa natal en Monterrubio para recuperarse, y allí se presentan gentes de Villaharta para llevarlo a prestar declaración. Sabiendo que al volver a aquel pueblo su vida corría peligro, don Jesús dijo: “Hágase la voluntad del Señor. ¡La acepto!”.

Permaneció detenido veinte días, declarando mañana y tarde acusado de poseer armas de fuego y financiar a los nacionales. Siempre respondió lo mismo: “Mi conciencia y esto -señalando su sotana- me lo prohíben”. Y añadía: “¿Armas? ¡Son estas!”, decía, indicando el Breviario.

El 27 de septiembre por la mañana le dijeron sus carceleros: “Esta noche te mataremos”. Escribió una nota a su familia ese día pidiendo Misas por su descanso y la concluyó con esta frase: “Adiós, hasta que nos veamos en el cielo. Jesús”. A las once y media de la noche fue sacado con dos personas más de la prisión y conducido al Balneario de Santa Elisa. Le ordenaron que se descalzara y caminó sangrándole los pies hasta donde se llevó a cabo la ejecución. Le ordenaron que se volviera de espaldas, y diciendo “¡Viva Cristo Rey!” cayó muerto por disparos de arma de fuego, siendo sepultado en el Cementerio de Villaharta.

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