Isidra Fernández Palomero e Isidoro Fernández Rubio

Matrimonio y laicos. (Villaralto, Córdoba; ella, 15 mayo 1893; él, 4 abril 1887-Villaralto, Córdoba, 16 agosto 1936; ella, 43 años; él, 49 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Se conservan muy pocos datos biográficos de este matrimonio porque los libros sacramentales de la Parroquia de San Pedro Apóstol de Villaralto fueron totalmente destruidos en los días de la Guerra Civil.

Don Francisco Isidoro era hijo de Manuel Fernández y Ana Rubio, y doña Francisca Isidra de Marcelino Fernández y Concepción Palomero. Ambos nacieron en Villaralto, y serían allí mismo bautizados por sus padres. Se supone que ambos fueron al colegio local y recibieron una buena educación cristiana por parte de sus respectivas familias.

Contrajeron matrimonio canónico el 25 de diciembre de 1918 en la Parroquia de Villaralto, y ella se dedicaba a sus labores y él trabajaba como labrador. Ambos eran feligreses de dicha Parroquia, junto con los tres hijos que les nacieron, dos varones y una hembra. Formaban un matrimonio cristiano unido y feliz.

A partir del 18 de julio de 1936, Villaralto quedó en la zona leal a la II República. Los grupos de izquierdas se dedicaron pronto a destruir todo lo que tuviese relación alguna con la Iglesia Católica: la iglesia, las campanas, las imágenes religiosas. Incluso destrozaron completamente la imagen de la Patrona, la Virgen del Buen Suceso. El párroco fue detenido y puesto a trabajar como carnicero, pero no fue asesinado. Sí que hubo asesinatos por motivos políticos. Ante estas circunstancias, el matrimonio y otros habitantes de Villaralto decidieron huir a Pozoblanco porque este pueblo estaba defendido por la Guardia Civil, y dejaron a sus hijos en Dos Torres.

Cuando la Guardia Civil abandonó Pozoblanco, don Isidro y doña Isidora decidieron volver a Dos Torres a recoger a sus hijos, y fue entonces cuando los detuvieron. Fue en un día sin precisar, pero posterior al 25 de julio, Solemnidad de Santiago Apóstol. El único motivo para hacerlo fue porque doña Isidra era la Presidenta de la Acción Católica de la localidad de Villaralto y porque ambos seguían siendo cristianos y manifestándose como tales ante el pueblo con sus obras.

Llevados ambos al pozo de la mina llamada de “Cantos Blancos”, sus captores los ataron con los brazos en forma de cruz en las rejas de una de sus entradas. Fueron sometidos a diversos tormentos (azotes en los brazos, las manos y los muslos) y a todo tipo de vejaciones (con unas varas afiladas y cañas), incluso llegando a la violación de ella por cuatro individuos, ante la misma presencia de su marido don Isidoro. Durante el tormento, doña Isidra animaba a su marido gritando: “Isidoro, di conmigo: ¡Viva Cristo Rey!” y “Que nos matan, di: “¡Viva Cristo Rey!”.

Hay quien afirma que, no pudiendo acabar con ellos a tiros desde lejos, tuvieron que apoyar directamente contra sus cuerpos las escopetas. Posteriormente ella fue hasta degollada.

Ambos fueron arrojados sin vida al pozo de la citada mina. El cadáver de ella permaneció sobre una viga que atravesaba dicho pozo durante casi tres años. Al ser sacados sus cuerpos tras acabar la Guerra Civil, se comprobó que el traje de la Virgen del Carmen que ella llevaba puesto estaba intacto, sólo un poco descolorido, y con un palo aún sujetándole las piernas para que las mantuviese abiertas, y al quitarlo brotó la sangre viva y fresca aún.

Los cuerpos de ambos fueron depositados en unos nichos del Cementerio de Villaralto. En un posterior traslado al panteón en que se encuentran actualmente, pues los primeros nichos amenazaban derrumbe, hay personas que vieron otra vez brotar la sangre fresca y empapar la sábana mortuoria de doña Isidra.

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