Ignacio Carretero Sobrino

Sacerdote.(Hinojosa del Duque , Córdoba, 1 febrero 1879-Granja de Torrehermosa, Badajoz, 21 septiembre 1936, 57 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Sus padres Agustín Carretero Cano, panadero, y Cándida Sobrino Romero, aunque feligreses de San Isidro, le bautizaron al día siguiente de nacer en la Parroquia de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque. Fue confirmado el 23 de mayo de 1881 en su parroquia bautismal por Fray Ceferino González.

Comenzó a estudiar en el Colegio de los Carmelitas Calzados de su pueblo, haciendo un año de Latinidad y Geografía. Cumplidos 13 años, solicitó ingresar en el Seminario de San Pelagio y comenzó sus estudios en el curso 1892-1893. Su párroco informó: “Ha observado buena conducta moral y religiosa, viéndosele acercar a recibir los Santos Sacramentos de Penitencia y Comunión”.

Su aprovechamiento en sus estudios eclesiásticos fue alto. Fue ordenado presbítero el 28 de marzo de 1903. En espera de destino, queda adscrito a la Parroquia San Isidro de Hinojosa del Duque, y en 1904 es nombrado coadjutor de la Parroquia de Villanueva del Rey.

En 1905 se le nombra cura ecónomo de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Piedad de Villaharta.

A la muerte de su madre en 1906, quedó solo y pide traslado a la Parroquia de San Juan Bautista de su pueblo natal, donde vive su hermana. Se aloja en casa de ésta, su cuñado y sus dos hijas. Su vida trascurre con normalidad. Se inscribe en la Liga Sacerdotal Eucarística y participa en el XXII Congreso Eucarístico de Madrid (1911), hasta que su hermana queda paralítica y muere. Esto crea una situación difícil en la familia.

Hasta 1919 no solicita ser examinado para obtener la oportuna licencia para predicar, lo cual indica que no la ejerció hasta ese momento.

En 1923 se hace socio de la Unión Misional del Clero, asiste al II Congreso Catequético de Granada (1926) y participa en el Congreso Mariano Hispano-Americano de Sevilla (1929).

La situación que vive con su cuñado es casi insostenible, y por eso solicita traslado a otra parroquia. El 15 de octubre de 1935 es designado cura ecónomo de la Parroquia de San José de la Nava en La Cañada del Gamo, una aldea de Fuente Obejuna, y cuenta en este lugar con la fraternal y calurosa acogida que le dispensa su arcipreste don José Castro Díaz (también mártir). En el único informe canónico que se pudo emitir de él, se narra que aprecia la buena conducta moral de don Ignacio, cumple con los deberes de residencia, mantiene limpia la parroquia e imparte la catequesis con una asistencia media de 10 ó 15 niños.

Nada se sabe de lo sucedido en Cañada del Gamo el 21 de julio de 1936, cuando comenzaron las detenciones en Fuente Obejuna y aldeas. Fue quizás entonces cuando don Ignacio fue detenido y llevado a Fuente Obejuna, quedando preso con el grupo de sacerdotes de la zona.

El P. Aracil, OFM, narra los hechos sucedidos durante la prisión de estos sacerdotes y las pesadas bromas y humillaciones sufridas: “Hacíanles levantar muy de mañana, para pasar lista todos los días. Algunas veces, a horas intempestivas de la noche, se acercaban a ellos con una candela encendida, como para ver si era uno de los destinados a ser fusilados, y les hacían levantar, y en el sobresalto les apuntaban con la pistola. Bromas parecidas a ésta, insultos y desprecios de toda clase se repetían con frecuencia, contribuyendo a amargar todavía más su penosa situación en la incertidumbre en la que vivían, amenazados siempre de ser llevados al matadero. Compañeros suyos de prisión, a quienes cupo la suerte de verse libres al llegar las fuerzas nacionales, nos declararon estos y otros pormenores de su triste vida en la cárcel” (Dolor y Triunfo, pág. 216). Dos meses de cárcel que les ayudaron a preparase para el supremo acto de la entrega martirial.

Ya se han narrados los hechos sobre el grupo de sacerdotes mártires de Fuente Obejuna y cómo fueron conducidos en camiones al martirio. Como el resto de los asesinados en la madrugada del 21 de septiembre, don Ignacio recibió la absolución de su Arcipreste. Con todos rezó el Rosario en la prisión todos los días, y con los otros sacerdotes el Oficio Divino.

Murió fusilado, junto a sus compañeros sacerdotes mártires, el 21 de septiembre de 1936, ante las tapias del Cementerio de Granja de Torrehermosa. Todos fueron sepultados en una fosa común del Cementerio, y más tarde exhumados y vueltos a inhumar en el de Fuente Obejuna. Su tumba no se ha podido identificar.

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