Guillermo Fernández Aguilera

Laico (Baena, Córdoba - Baena, Córdoba, 29 julio 1936, 63 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Sus padres se llamaban Francisco Fernández y Dulcenombre Aguilera (sin localizar sus partidas de Bautismo y Confirmación). Contrajo matrimonio con doña Carmen Utrera Cruz (sin localizar), y en el momento de su muerte ya era viudo.

Era un mediano propietario agrícola de olivar, dedicado al trabajo y sus aficiones musicales. Hombre culto y religioso, tocaba el órgano y el piano, había fundado la primera Banda de Música de Baena y ejercía como sacristán y organista de la Parroquia de San Bartolomé Apóstol. Se había convertido en el sustento de toda su familia, tras enviudar su hija Dulcenombre, con cuatro hijos a su cargo y residiendo en su misma casa. Nunca militó en alguna formación sindical o política y sus únicas dedicaciones completas eran la Parroquia y su familia, ejerciendo como auténtico padre de sus cuatro nietos.

Tras la proclamación de la II República, la asistencia a los actos religiosos en las parroquias e iglesias de Baena había decrecido mucho. Don Guillermo procuraba fomentarlos con un pequeño coro parroquial en San Bartolomé. Las actividades cotidianas en su domicilio eran los ensayos del coro y el rezo del Rosario en familia, además de su continua ayuda en las celebraciones litúrgicas y en toda la vida parroquial.

En los Carnavales previos a la Guerra Civil, fueron frecuentes las coplas que iban contra la Iglesia y las manifestaciones religiosas. Esto no hizo mella en su fervor, y podía haber renunciado a su puesto en la Parroquia, dado que sus ingresos como organista y sacristán eran marginales para su economía. Durante estos años insistía aún más en los ensayos del coro, tanto en su domicilio como en la Parroquia.

Al estallar la Guerra Civil, don Guillermo cerró la puerta de su casa (a unos 200 metros de la Parroquia de San Bartolomé), se recluyó en ella con su hija y nietos y se dedicaba a rezar la mayor parte de las horas.

Algunas zonas de Baena se encuadraron en el Bando Nacional (Castillo, Plaza del Ayuntamiento y Telefónica), controladas por la Guardia Civil y voluntarios, y el resto del pueblo se decantó por la República, con frecuentes asaltos y requisamientos en las casas, conforme los milicianos anarquistas iban tomando el control.

Al mediodía del 20 de julio de 1936 cinco milicianos con hachas irrumpieron en su casa, rompiendo cerraduras, buscando dineros, personas y alimentos. Todas las pertenencias y alimentos fueron requisados, y fue roto a hachazos el piano de cola de los ensayos. Dejaron, por considerarlo residual, un piano menos solemne (aún se conserva).

Don Guillermo, su hija y nietos fueron conducidos al Asilo de San Francisco, sede del Comité Revolucionario. Por la tarde, dejaron marchar a todos, pero él quedó como rehén junto con otras 75 personas, porque los nacionales controlaban la parte alta del pueblo. El sacerdote don Pablo Brull Carrasco y don Guillermo se encontraron en el Asilo con don Rafael Contreras Leva, coadjutor de la Parroquia de Santa María la Mayor, y con sor María Josefa González, Hija del Patrocinio de María (todos mártires). Según testimonios de los supervivientes, los presos mantuvieron siempre un talante cristiano, acorde a su fe y convicciones, y también por la tranquilidad de conciencia de su labor.

El 23 de julio fue asesinado don Bartolomé Carrillo Fernández, Párroco de Santa María la Mayor y Arcipreste, por los ataques de los anarco-sindicalistas a esta Parroquia, situada en la zona alta y próxima al Castillo, controlada por la Guardia Civil y los voluntarios nacionales. Además incendiar la Parroquia, desalojaron a las Hijas del Patrocinio de María y a las Dominicas del Convento de la Madre de Dios, incendiando sus edificios e iglesias. En esa semana fueron quemados la mayor parte de los templos, archivos y gran parte del patrimonio artístico.

La hija de don Guillermo le bajó comida al Asilo de San Francisco del 21 al 27 de julio; así, de modo indirecto, los detenidos tenían noticias de lo que pasaba en el pueblo.

El 28 de julio entraron los nacionales en Baena, y los milicianos intentaron evacuar el pueblo entremezclándose con los civiles, hacia Castro del Río, que estaba en zona republicana. El Comité Revolucionario ideó otro plan: atar a los presos a las ventanas, cara a los atacantes, como parapeto y seguridad. Así murió don Guillermo.

Su cadáver fue reconocido el 30 de julio, en el primer patio del Cementerio, identificado por sus calcetines y botas, ante el total destrozo a hachazos de su cuerpo y rostro. Fue sepultado en dicho Cementerio.

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