Francisco y Pedro Gómez Gil

Hermanos y laicos. (Francisco: Hinojosa del Duque, Córdoba, 28 de enero de 1883; Pedro: Hinojosa del Duque , Córdoba, 30 de octubre de 1894- Hinojosa del Duque, Córdoba, 4 de septiembre de 1936; Francisco, 53 años; Pedro, 41 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Eran hermanos, nacidos en el seno de una familia de profundas convicciones y frecuentes prácticas religiosas. Sus padres fueron Santiago Gómez Alcudia y Josefa Demetria Gil Sánchez. Don Francisco fue bautizado en la Parroquia de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque dos días después de nacer. No consta su confirmación. Contrajo matrimonio canónico con Atanasia de la Cruz Calero Díaz en aquélla Parroquia el 6 de septiembre de 1919, y su profesión era “pintor”. Sólo tuvieron un hijo, Salvador, pero su esposa murió al dar a luz. Fue un buen padre y trabajador, y sobresalía por estar muy vinculado a la Iglesia. Asistía los domingos a Misa, comulgando con frecuencia, y los primeros viernes de mes iba a la Parroquia. Era miembro de la Adoración Nocturna y hermano de la Cofradía de Santa Bárbara. Vivía con su madre e hijo en una casa de su propiedad (la actual casa parroquial) en la Plaza de San Juan Bautista, conocida como la “Plaza de la Catedral”.

Don Pedro recibió las aguas bautismales en la misma Parroquia el 2 de noviembre de 1894. Tampoco consta si fue confirmado. Casó canónicamente con María Jiménez Flores, el 24 de agosto de 1925, en la Parroquia de San Isidro Labrador de Hinojosa del Duque. Tenían un solo hijo, Carmelo. Vivían en una casa de la Calle Villeta (la actual Calle Corredera). Estaba muy unido a su hermano mayor en su vida profesional y religiosa, y don Pedro destacaba también como fotógrafo.

Su padre tenía la profesión de carpintero, oficio que ambos hermanos desempeñaron, además de la pintura artística y escultura, dedicándose en especial a los motivos religiosos y la hechura de retablos para iglesias, junto con la fabricación de andas para imágenes. La actual talla de la Virgen de Guía de Hinojosa del Duque es obra suya, sobre todo de don Francisco. Eran muy conocidos en su ciudad natal por sus prácticas religiosas, colaborando estrechamente con la Parroquia de San Juan Bautista por su vinculación con ella.

Hinojosa del Duque, al día siguiente del 18 de julio de 1936, se decantó por los sublevados, y la Guardia Civil controló la localidad. Tras los incidentes del 27 de julio, ante la venida de grupos armados de mineros de Peñarroya-Pueblonuevo, se creó una Junta Pro Paz que duró pocos días. Ese mismo día don Francisco acompañó a don Jesús Cuadrado Ramírez, coadjutor de la Parroquia de San Juan Bautista, para retirar el Santísimo Sacramento del sagrario, consumir las formas y evitar su profanación.

El 15 de agosto las milicias del Frente Popular, provenientes de Extremadura, toman Hinojosa del Duque, comenzado las destrucciones y profanaciones de los templos, y la detención y muerte de los sacerdotes y los Padres Carmelitas de Hinojosa del Duque.

Conscientes de lo que podía sucederles y sabiendo que sus vidas corrían peligro, se refugiaron. Don Francisco se escondió, con otro hermano suyo de nombre Ignacio, en un doblado de su casa. Y don Pedro en la suya. Allí permanecieron un tiempo, siendo buscados en vano por los miembros del Ejército Popular. Finalmente, el 3 de septiembre, fueron descubiertos y detenidos.

Tras un breve encarcelamiento, en la madrugada del 4 de septiembre fueron conducidos a las afueras de Hinojosa del Duque y asesinados en una huerta situada en el camino hacia la “Dehesa del Espíritu Santo” o “Cruz del Palo”. Hay allí una cruz que recuerda estos hechos. Por el camino al martirio fueron constantemente maltratados, sobre todo en sus manos, por sus obras religiosas. Incluso intentaron que blasfemasen, a lo que ambos se negaron y tan sólo dieron vivas a Cristo Rey.

Los motivos de su asesinato fueron exclusivamente por su significación como cristianos, colaboración con su Parroquia y ser artesanos religiosos. Nunca se les oyó hablar de asuntos políticos, ni pertenecían a un partido político.

Fueron sepultados en un hoyo en el mismo lugar del asesinato. El 16 de septiembre de 1939 fueron exhumados para su sepultura definitiva, en una capilla del Cementerio de Hinojosa del Duque, y descubrieron que sus brazos estaban totalmente destrozados y separados de sus cuerpos, signo de que fueron torturados. Fueron trasladados a la Iglesia del Convento de los Padres Carmelitas de la localidad, donde se encuentran en la actualidad.

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