Francisco Herruzo Ibáñez

Laico. (Obejo, Córdoba, 19 agosto 1894-Alcaracejos, Córdoba, 21 agosto 1936, 42 años)

 

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Sus padres fueron Francisco Herruzo Romero y María Ibáñez Aguilar. Tuvieron tres hijos más, formando una familia cristiana unida y ejemplar. Le bautizaron en la Parroquia de San Antonio Abad de Obejo el 21 de agosto de 1894. No consta si recibió el Sacramento de la Confirmación.

Contrajo matrimonio canónico con doña Eusebia García Moreno el 6 de mayo de 1915 en la citada Parroquia. Sólo tuvieron un hijo, Francisco.

Enviudó en 1933, trabajaba como oficinista del Ayuntamiento de Obejo y compartía la regencia de un establecimiento de comestibles con un cuñado suyo de nombre Francisco. Vivía en la misma casa con su suegra, un cuñado y una cuñada, además de su hijo.

Era cristiano practicante, de carácter bondadoso, afable y dado a los demás. No tenía reparo en dar fiado a quien solicitase su ayuda. Incluso mucho lo daba gratis. Una de sus aficiones era la caza. Y entre sus amigos se contaba el párroco de Obejo, el sacerdote don Pedro Muñoz Adán.

Destaca de su personalidad su profundad religiosidad y caridad, producto ésta de su fe. Cumplía con los deberes de un cristiano practicante, acudiendo a Misa todos los domingos y por la tarde rezando el Rosario en la Parroquia. Don Francisco era una persona alegre y jovial, que se relacionaba con todo el mundo, siendo su mujer (mientras vivió) y su hijo sus seres más queridos. No militaba ni participaba en ninguna actividad de carácter político, ni habló nunca en público de estos temas.

El 20 de julio de 1936 se constituyó el Comité Popular de Obejo, formado por comunistas y socialistas. Ese día comenzaron a detener a las personas de derechas. Al principio los detenidos estuvieron presos en una nave trasera del Ayuntamiento, pero fueron trasladados a la Parroquia de San Antonio Abad, transformada provisionalmente en cárcel tras saquear y profanar todas sus imágenes religiosas.

En los primeros días de agosto apresaron a don Francisco. Fue detenido por dos milicianos para que fuese a declarar, y en el momento de llevarlo le dieron una bofetada en la cara. Él bajó la cabeza en silencio y fue llevado con las manos atadas a la prisión del Comité Popular.

Don Francisco dormía en un jergón de paja a los pies del altar de Jesús Nazareno, cerca de don Joaquín Sánchez García, otro detenido. Juntos rezaban el Rosario y el Ángelus, uniéndoseles otros presos. Más de una vez don Francisco fue amonestado, burlado y maltratado por sus carceleros por este motivo. Incluso un día le quitaron el rosario, pisoteándolo, y lo abofetearon, pero él se hizo uno con unos garbanzos que le trajo una hermana suya.

Los presos de la comarca fueron concentrados la noche del 19 de agosto en el Cortijo “Campo Alto”, cerca de El Vacar. Esa noche les hicieron un remedo de interrogatorio, maltratándolos y burlándose de todos. La mañana del 20 hicieron una selección de los presos, diferenciando entre los que iban a una cárcel en Ciudad Real y otros que volverían a sus pueblos. El cabecilla erigido en juez, cuando llegó ante don Francisco y ante don Joaquín, dijo: “Estos dos al camión, por beatos”.

Junto con otros 15 detenidos más, entre ellos el sacerdote natural de Obejo, don Juan de la Cruz Herruzo Ruiz, Párroco de Alcaracejos (también mártir), fueron fusilados el 21 de agosto de 1936, arrojándoles a un pozo de una mina del término de Alcaracejos, incluso algunos aún vivos. Ninguno de sus cuerpos ha podido ser recuperado y sacado.

Don Francisco escribió en la prisión una carta a su hijo, que refiere los motivos de su condena y le exhorta a perdonar: “Querido hijo: no sé si esta carta llegará algún día a tu poder. Con este deseo la escribo. Recibe el último abrazo de tu padre; pues me han dicho mis carceleros que me quedan muy pocos días de vida. Que rece lo que quiera, que de todas formas me van a fusilar por ser de derechas y por “beato”. Te ruego encarecidamente que nunca tomes venganza sobre mis enemigos. ¡Perdónalos! Y Dios te lo premiará. Como ves, en la primera línea, hay unas letras que se han corrido la tinta. No he podido evitar que una lágrima cayera de mis ojos al pensar en ti. Un abrazo muy fuerte. Hasta que por la misericordia de Dios podamos vernos en el cielo”.

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