Francisco García León

Laico. (Montoro, Córdoba, 20 diciembre 1920-Montoro, Córdoba, 22 julio 1936, 15 años)

 

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Nació en el seno de una familia de profundas raíces cristianas, compuesta por Ricardo Mariano García Roldán y Concepción León Cañas, que le bautizaron a los pocos días de su nacimiento en la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen. En ésta fue confirmado por Mons. Adolfo Pérez Muñoz, y recibió la Primera Comunión con 8 años en la Fiesta de Ntra. Sra. del Carmen. Era una familia de clase media-acomodada, dedicada al campo, muy religiosa y de buenas costumbres. Su madre ayudaba en la sacristía de la Parroquia e iba a Misa a diario; los domingos iban todos juntos, y don Francisco les acompañaba desde que tenía 6 años, revestido con una sotana encarnada, roquete y esclavina de monaguillo. Era el primero de los dos hijos que tuvieron, junto a su hermana Concepción. Algunos miembros de su familia eran considerados de derechas en el pueblo.

Estudió en la Escuela Nacional de Montoro sus estudios primarios, y en 1934 pasa al Colegio de los Padres Carmelitas, completando en 1936 su Bachillerato. Estaba previsto que continuase sus estudios en el Colegio Universitario San Bartolomé de Granada, pero no pudo iniciarlos.

Desde pequeño don Francisco dio muestras de una vida de piedad especial. Sus padres le enseñaron las primeras oraciones, asistía con frecuencia a Misa, comulgaba y confesaba. Destacaba por su disponibilidad a colaborar con la Iglesia y por ejercer una caridad sencilla con los ancianos y más necesitados. Mantuvo estrechos contactos con la Orden Carmelitana que llegó en 1934 a su pueblo para dedicarse a la enseñanza de los niños necesitados y a la atención pastoral en la Parroquia de San Bartolomé y posteriormente en la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen.

Don Francisco fue elegido Presidente de la Juventud Católica de Montoro, recién fundada, que dirigía el beato mártir P. José María Mateos, OC, Superior y Director del Colegio (beatificado con sus tres compañeros de orden y martirio en Tarragona el 13 de octubre de 2013), y que celebraba sus reuniones en la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen, presididas por el Arcipreste, don Antonio Jiménez Márquez.

En los momentos difíciles del mes de julio de 1936 vividos en Montoro, don Francisco era uno de los pocos jóvenes del pueblo que asistía a Misa a diario y comulgaba. Mostró siempre alegría, educación y corrección, incluso hasta en estos momentos difíciles y supremos.

El 19 de julio de 1936 la Guardia Civil de Montoro, con algunos soldados y falangistas de Córdoba, se alzaron en armas y tomaron el control. Pero ese mismo día, hacia las doce de la noche, un grupo de milicianos de Linares entraron en Montoro y se hicieron dueños del pueblo. Desde ese instante comenzaron a detener gente y a recluirlos en prisión.

El día 20 de julio de 1936 unos milicianos llegaron a la casa de don Francisco a detener a su padre. Ese mismo día, una hora más tarde, volvieron para detener a su tío y vieron a don Francisco, vestido con una camiseta, mostrando en un bolsillo del pantalón un escapulario de la Virgen del Carmen. Un miliciano le dijo que se quitara “aquello”, a lo cual él contestó negativamente. Le dijeron que, si no se lo quitaba, lo llevarían a la cárcel, junto con sus familiares. Don Francisco contestó resueltamente que así sería, que iría a la cárcel, pero que él no se quitaba el escapulario.

Lo llevaron detenido al Cuartelillo, en la plaza, y allí permaneció detenido junto a otras sesenta personas, incluidos los cuatro beatos mártires Carmelitas y el sacerdote don Pedro Luque Cano (también mártir). El 22 de julio las tropas nacionales se organizaron para conquistar Montoro, y fue entonces cuando unos grupos de mineros y gente de Montoro asaltaron la cárcel y mataron a los detenidos (cf. M. Nieto Cumplido y L. E. Sánchez García, o. c., 558-559). Don Francisco murió cuando los milicianos marxistas de Montoro y Adamuz, a las tres y media de la tarde del 22 de julio, prorrumpieron con violencia en las dependencias, armados de hachas, escopetas y cartuchos de dinamita, asesinado a todos los detenidos.

Sus cadáveres fueron llevados al Cementerio de Montoro e inhumados en fosa común. Posteriormente fueron sacados y reconocidos, siendo colocados en el Panteón de los Caídos de dicho Cementerio.

Don Francisco, con sus 15 años y 7 meses cumplidos, es el miembro más joven del grupo de los 128 mártires de la Persecución Religiosa en la Diócesis de Córdoba. Aunque le sigue muy de cerca en edad el joven asesinado en El Carpio casi a punto de cumplir los 16 años.

 

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